Y es que cuando se trata de la Navidad nadie escatima en gastos y mucho menos los gobiernos regionales, ejemplo de ello la “competencia” que desarrollan actualmente las principales ciudades y municipios españoles. ¿En qué momento levantar un árbol de Navidad gigante se convirtió en un deporte nacional? Cada diciembre parece que las ciudades compiten por ver quién ilumina más, quién sorprende más y, sobre todo, quién coloca el árbol más alto. Es como si la Navidad hubiera pasado de ser una fiesta entrañable a una especie de liga no oficial donde los metros importan casi tanto como los villancicos.
Lo curioso es que, año tras año, los récords vuelan. Cuando pensamos que ya está todo inventado, aparece un municipio pequeño, un alcalde con ganas de hacerse notar o una ciudad que decide que, esta vez sí, va a dar el golpe sobre la mesa. Y ahí vamos todos, móviles en mano, foto obligada e inevitable debate sobre si tal árbol es realmente tan grande como dicen.
La pregunta es inevitable, ¿se nos ha ido de las manos? Puede que sí, pero también es verdad que esta carrera por los árboles XXL ha creado un fenómeno que mueve turismo, conversación y, por qué no, una dosis de diversión colectiva. España ha pasado de presumir de playas y gastronomía a competir por quién monta el símbolo navideño más colosal.
Cartes, Vigo y Badalona: la liga de los gigantes

Hay ciudades que ya juegan en su propia división. Cartes abrió el camino cuando levantó aquel árbol que dejó a medio país con la boca abierta. Vigo, con su espíritu incansable de querer ser siempre el centro de atención navideño, responde cada año con más luces, más altura y más espectáculo. Y Badalona, que quizá entró en la pelea un poco más tarde, ya se ha convertido en un rival serio con sus estructuras cada vez más monumentales.
Lo interesante es cómo estos municipios han conseguido que sus árboles no sean solo decorativos, sino auténticos reclamos turísticos. Cada encendido se convierte en un evento, cada montaje en una historia que viaja por redes sociales. Y aunque desde fuera pueda parecer un derroche, lo cierto es que la estrategia funciona, atrae a miles de visitantes, llena hoteles y convierte una simple estructura en el corazón de la conversación navideña.
El efecto contagio: cuando todas las ciudades quieren un árbol récord

A raíz de este fenómeno, municipios de toda España han decidido subirse al carro y levantar sus propios árboles gigantes. La competencia ya no es cosa solo de las grandes ciudades; pueblos más pequeños han descubierto que sumarse a esta “liga navideña” les da una visibilidad que antes parecía imposible. Y así, cada invierno aparece un municipio nuevo dispuesto a superarse.
Este efecto contagio tiene algo de contagioso y de divertido. Porque, al final, lo que podría verse como una extravagancia termina siendo el motor de iluminación urbana, de ferias improvisadas y de ese ambiente que, aunque sea un poco exagerado, nos arrastra a todos. Es una rivalidad amable, casi infantil, pero que refleja muy bien cómo la Navidad se reinventa cada año para seguir llamando nuestra atención.
Dónde están los árboles de Navidad más grandes de España este año

Cada Navidad, diferentes municipios españoles entran en una silenciosa pero intensa competición por presumir del árbol más alto del país. Este año, el liderazgo lo ostenta Cartes, en Cantabria, con una impresionante estructura de 65 metros que ya se ha convertido en su principal reclamo turístico. Le sigue muy de cerca Armilla, en Granada, gracias al gigantesco árbol de 57 metros instalado en el centro comercial Nevada Shopping, un escenario que cada año atrae a miles de visitantes en busca de la foto perfecta.
Vigo, uno de los grandes clásicos en esta batalla navideña, vuelve a levantar un árbol en torno a los 44–45 metros, reafirmando su apuesta por la Navidad como motor económico y mediático. No muy lejos en la competición está Badalona, que ha logrado hacerse un hueco en este ranking con una estructura de unos 42 metros que ilumina su centro urbano. La ciudad catalana ha convertido su encendido en un evento multitudinario que crece cada año.
Santa Cruz de Tenerife también entra en la conversación, aunque con una propuesta más modesta que sus planes iniciales, que apuntaban a los 50 metros. Aun así, sigue siendo uno de los municipios que más esfuerzo está poniendo en reforzar su oferta navideña. Con estas apuestas repartidas por toda España, queda claro que el árbol más alto ya no es solo cuestión de estética: es un símbolo de identidad local, de atracción turística y de una rivalidad festiva que cada año suma más participantes.
Canarias planea levantar un árbol que podría convertirse en el más alto del país. Si lo consiguen, la guerra navideña volverá a empezar desde cero, porque sabemos perfectamente que ningún municipio se quedará de brazos cruzados viendo cómo alguien más se lleva el récord. Y así seguirá la rueda, año tras año, entre sorpresa, espectáculo y ese puntito de locura que tanto nos divierte.
Madrid, Barcelona y Valencia: tres capitales que elevan el listón navideño

En Madrid, las calles ya brillan con más de 13 millones de bombillas LED repartidas por los 21 distritos, y un abeto de 22,2 metros repleto de luces que ilumina la Gran Vía con 125.000 puntos de luz. La urbe ha convertido la Navidad en un espectáculo colectivo, videomappings, rutas de árboles y una ambientación que transforma plazas y avenidas en escenarios de fiesta hasta el 6 de enero.
En Barcelona, este año la decoración navideña apuesta por la singularidad, el tradicional alumbrado se acompaña de un “árbol monumental” en el Passeig de Gràcia, con estética cuidada, luces LED y una estrella de dos metros y medio que rinde homenaje al estilo del arquitecto Gaudí. La ciudad mezcla tradición y diseño para ofrecer una experiencia urbana que combina comercio, cultura y celebración, reforzando su identidad como capital cosmopolita también en Navidad.
Y en Valencia, la Navidad 2025 viene con ambición, la ciudad desplegará alumbrado en múltiples puntos y repartirá un total de 45 árboles (el principal + otros en distritos y pedanías), junto a iluminación festiva en sus avenidas y espacios públicos. El encendido oficial, un evento para toda la familia, con luces, espectáculos y un despliegue que busca atraer tanto a locales como a visitantes. Así, Valencia se suma a la carrera navideña, aportando su sabor mediterráneo a la tradición de luces españolas.
Cada diciembre nos preguntamos si esto tiene sentido, pero cuando estamos allí, mirando hacia arriba, rodeados de luces y gente, todo se entiende. Esta “batalla” por los árboles gigantes no va de metros, va de ilusión, de movimiento y de esa chispa que transforma las calles en escenarios. Y quizá por eso nos encanta






