En España, la falsificación de camisetas oficiales se ha convertido en un negocio ilegal que persiste y crece a pesar de los esfuerzos para combatirlo.
Desde las calles de Madrid hasta los mercados de Barcelona, las réplicas no oficiales inundan el mercado. Lo hacen generando pérdidas millonarias para los clubes y las marcas, además de poner en riesgo la economía formal y los derechos de muchos compradores. Todos los que terminan accediendo a ellas ante los enormes precios de las camisetas oficiales de los equipos.
LAS RÉPLICAS DE CAMISETAS NO OFICIALES DE FÚTBOL INUNDAN EL MERCADO
El auge de esta actividad ilícita responde a la alta demanda que existe entre los aficionados, especialmente cuando un equipo tiene una temporada exitosa o un jugador estrella. Las camisetas falsificadas, que suelen venderse a una fracción del precio original, se convierten en una opción accesible para muchos, pero esconden detrás un entramado que afecta a toda la industria del fútbol.

Según datos de la Federación Española de la Industria Textil (Texfor), la venta de productos falsificados relacionados con el deporte mueve en España cientos de millones de euros al año. Esta cifra refleja no solo las pérdidas directas para clubes y fabricantes, sino también un daño colateral a la economía formal, que ve cómo se reducen ingresos fiscales y empleos legales.
LAS SANCIONES CONTRA LA FALSIFICIACIÓN DE CAMISETAS SE ENDURECEREN, PERO…
Las sanciones contra la falsificación en España se han endurecido en los últimos años. La Ley de Propiedad Intelectual y la normativa contra la piratería contemplan penas de multa y hasta prisión para quienes producen y distribuyen estos productos.
Sin embargo, la globalización y la facilidad para importar mercancía desde países con menor control facilitan la proliferación de estos productos en el mercado nacional.

Aún así, la mayoría de intervenciones se producen con el producto ya finalizado. Así lo destacan desde la Policía con el dropshipping, la venta directa a particulares. Esta es una práctica común desde el 2018. En estos casos, se anuncian los productos falsificados en redes sociales y se adquieren a través de webs. Al venderse directamente y llegar a España vía logísticas sin pasar por almacenes, estos vendedores eluden con mayor facilidad los controles y obtienen un porcentaje de los beneficios al actuar como intermediarios.
LAS CAMISETAS FALSIFICADAS TIENEN CADA VEZ MAYOR CALIDAD
En mercados tradicionales como El Rastro en Madrid o la Boquería en Barcelona, la venta de camisetas falsas es un secreto a voces. Muchos vendedores se aprovechan de la gran afluencia de turistas y aficionados, ofreciendo réplicas que a simple vista pueden parecer casi idénticas a las originales.
Javier, un aficionado del Atlético de Madrid, cuenta en voz al diario QUÉ!, que «a veces es difícil saber si una camiseta es original o no, sobre todo cuando la vendes online o la compras en puestos ambulantes. Lo barato termina saliendo caro, porque las falsificaciones suelen ser de mala calidad y duran poco», dice.

La principal diferencia radica en los materiales y la fabricación. Las camisetas oficiales están hechas con tejidos de alta tecnología que favorecen la transpiración, la ligereza y el confort durante el uso prolongado, especialmente en el rendimiento deportivo. Estos materiales son resistentes, mantienen los colores vibrantes y tienen costuras reforzadas para una mayor durabilidad.
Incluso, como se ha desvelado en el programa Equipo de Investigación en LaSexta, Eurofins Textile Spain, ha comparado la calidad de ambas y, en su veredicto, ha manifestado que ya las camisetas falsas -o imitaciones- tienen cada vez más calidad.
UNA CAMISETA OFICIAL CUESTA 135 EUROS; LA FALSA SE VENDE POR 25
En la supuesta falsificación, se puede ver que empieza a saltar lo que es el estampado. En la camiseta oficial, el logo de la Champions, de la UEFA Foundation, se están empezando a despegar. En cambio, en la supuesta falsificación, no», explicó en el programa de LaSexta.
Mientras la camiseta oficial cuesta 135 euros, la supuesta falsificación se vende por 25 en plena calle. Para Rivas, la diferencia no se justifica por la calidad: «En cuanto a calidad no está justificado esta diferencia de precio. Estaría justificado en cuanto a valor de marca y otros parámetros que no son tangibles en laboratorio».
La cuantía que se solicita por cada camiseta oficial ha sido siempre objeto de crítica entre los hinchas, que son los que encuentran problemas económicos para comprarlas.
Sin embargo, el estudio demuestra que la diferencia de calidad de las réplicas y de los productos certificados por el club no es justificado. A pesar de ello, estos bienes han de ser los únicos que se deben comercializar, aunque el precio requiera de una reducción para estar acorde a lo ofrecido, como ha concluido el estudio.
«LA DIFERENCIA NO ES TAN GRANDE, LAS MODAS DURAN MUY POQUTO»
En el podcast de la Cadena SER ‘Código de Barras’, algunos jóvenes entraron en materia más que políticos, fuerzas del orden, clubes o marcas. Sintetizaron en pocas palabras el éxito de un fenómeno que mueve millones de euros cada año. «Sale barato, las modas duran muy poquito, la diferencia no es tan grande«.
Según diversas estimaciones, fabricar una camiseta supone un coste inferior a 10 euros. Promoción, royalties por unidad vendida y transporte sitúan en 20 euros la inversión del fabricante, que se asegura un margen promedio del 20% sobre el precio final.
El punto de venta puede alcanzar el 30%. Estamos ante porcentajes normales y razonables en cualquier sector. Sin embargo, la cosa cambia radicalmente para el cliente, sobre todo si adquiere una camiseta de alta gama que hoy ronda los 150 euros en firmas como Nike o Adidas.
Asumiendo que unos 35 euros estén destinados a impuestos y otros 20 a fabricación y distribución, quedan 95 euros de beneficio que se reparten marca, club y vendedor -los clubes aspiran a ocupar dos de estos tres asientos, por eso llevan tiempo potenciando sus tiendas oficiales-. Un reprecio superior al 60% es cuanto menos llamativo, inusual en cualquier industria. La camiseta de fútbol se desplaza al ámbito del lujo. Para desazón del aficionado.
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