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¿Arde Paris?: La Belle Époque de los suburbios

Capital plural, eterna y sorprendente, mágica… y en ocasiones secreta.

París se abre a tus deseos y preferencias. París, una de las más bonitas ciudades del mundo, seduce en primer lugar por su excepcional patrimonio arquitectónico y cultural. Un patrimonio vivo, que no deja de modernizarse y enriquecerse.

París es también la capital de la gastronomía, de la moda y de las compras; una ciudad donde siempre ocurre algo. Apegada a la calidad de vida y al desarrollo sostenible, ofrece un marco especialmente agradable a sus habitantes y visitantes. Innovadora, atrevida y vibrante, París ha entrado de pleno en el siglo XXI.

Así la describe turismo de Francia, pero las imágenes de caos e incidentes y los testimonios de aficionados que acudieron a la final de la Champions -en la que el Real Madrid se alzó con la Copa frente al Liverpool- han sacado los colores a Francia. El Gobierno atribuyó parte de lo ocurrido a la existencia de un “fraude masivo” de entradas falsas que provocó el colapso y señaló a los hinchas ingleses. Pero testigos de los dos equipos han relatado cómo grandes grupos de jóvenes locales, que merodeaban por los alrededores del estadio, aprovecharon la confusión para colarse, amenazar, robar o asaltar a los aficionados.

Más allá de las responsabilidades organizativas, otras cuestiones extradeportivas se ponen sobre la mesa tras lo sucedido. El Stade de France de París en el que se celebró el evento deportivo está situado en el suburbio de Saint-Denis, al norte de la capital francesa. Una zona que es el reflejo de una fractura social: los problemas en la banlieue, como se denomina a los barrios periféricos de las grandes ciudades.

El estadio de Saint-Denis será también clave en los Juegos Olímpicos de París 2024. Tras los altercados, las autoridades francesas analizan lo ocurrido. Pero, ¿cómo es Saint-Denis, el suburbio que se convirtió en pesadilla para algunos de los aficionados el pasado sábado?.

Está situado a poco más de nueve kilómetros al norte del centro de París y tiene 110.000 habitantes, gran parte de origen inmigrante de distintas generaciones. El 50% de la población tiene menos de 30 años. Según el propio alcalde, allí conviven 150 nacionalidades distintas. Existe una nutrida comunidad musulmana. Es un contexto económico deprimido, en el que el nivel de ingresos y de estudios es inferior a la media nacional.La tasa de paro es del 15,10% y dobla a la media del país (7,4%). También la cifra de robos duplica a la de la media nacional.Curiosamente, Saint-Denis es también el lugar en el que se sitúa la famosa basílica gótica en la que están enterrados algunos reyes de Francia.Pobreza y delincuencia: “Saint-Denis no es París”

Días antes de la final de la Copa de Europa de fútbol, unas declaraciones del exjugador Thierry Henry (que fue campeón del mundo con la selección francesa en 1998) desataron la polémica. Durante una entrevista con un medio americano, habló de la ubicación del estadio. “Saint-Denis no es París”, dijo. “Créame, a usted no le gustaría estar en Saint-Denis”, afirmó el exfutbolista del Arsenal y del Barça a un periodista. Sus afirmaciones causaron controversia en Francia. Él mismo (nacido en Ulis, Essonne) fue un niño de la banlieue.

El alcalde socialista del municipio, Mathieu Hanotin, respondió ofendido: “Tienes razón, Saint-Denis no es París. Saint-Denis es una ciudad en la que la tasa de pobreza (un cuarto de la población) es muy importante. El porcentaje de alojamientos indignos es, desgraciadamente, uno de los más grandes de Francia. La inseguridad en el espacio público es un flagelo que no hemos podido contener, pero estamos trabajando duro contra ella”. Por otro lado, destacó que es una de las ciudades de Île-de-France (o Región parisina) “en las que más empresas se crean” y destacó su “gigantesco potencial”.

Tras los incidentes del día de la final, este martes el alcalde ha lamentado “un problema de delincuencia” y el que el municipio se haya convertido “en un punto de encuentro”, según ha dicho en BFMTV.

Esos barrios-ciudades en la periferia de las grandes urbes en los que se forman guetos ponen en evidencia las fallas del modelo de integración. De la pobreza como caldo de cultivo de la violencia. En esas zonas se detecta también un incremento del islamismo entre las generaciones más jóvenes de descendientes de inmigrantes que suplen así, a veces, su problema de identidad (el no sentirse ni francés ni del país de origen) por el sentimiento de pertenencia que les ofrece la religión.

El municipio Saint-Denis se integra en el departamento de Seine-Saint-Denis; es el departamento más pobre de Francia (donde la tasa de pobreza duplica la media nacional); también el más joven y el que tiene la mayor proporción de inmigrantes. Casi el 60% de los habitantes de ese departamento (58’4%) manifiestan que viven con un sentimiento de inseguridad, según un sondeo l’Institut Paris-Région. En un informe de diciembre de 2020, el 43% señalaba problemas de droga, el 41% de vandalismo, el 38% la presencia de pandillas juveniles molestas y el 44% una gestión urbana insuficiente. De forma global, la mitad de sus habitantes considera que la presencia policial en sus barrios es insuficiente o, incluso, inexistente.

El Gobierno francés ha recibido críticas por el caos en la organización de la final. El izquierdista Jean-Luc Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, ha declarado que “la imagen es lamentable y es preocupante porque se ve que no estamos preparados para albergar unos Juegos Olímpicos”. La ultraderechista Marine Le Pen ha calificado de “humillante para Francia” lo ocurrido y ha acusado al ministro del Interior, Gérald Darmanin, de ser “incapaz de mantener el orden”. El también ultraderechista Éric Zemmour, por su parte, ha dicho que siente “tristeza al ver que la ciudad de los Reyes se convierte en un enclave extranjero”.

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Pero toda esta situación no es nueva, el año pasado, el Ministerio del Interior francés decidió el despliegue de un centenar de policías y gendarmes adicionales a las localidades del departamento de Essonne, al sur de París, en las que peleas entre bandas juveniles rivales causaron la muerte de dos adolescentes –un chico y una chica de 14 años– a principios de esta semana.

Gérald Darmanin, titular de Interior, se desplazó a Essonne para transmitir el mensaje de que el Gobierno no tolerará una escalada. La mayor presencia policial debe servir, según el ministro, para “reforzar la presencia del Estado” y evitar que se produzcan represalias. Darmanin admitió que la región Isla de Francia –París y su entorno– es la más problemática del país en cuestión de bandas juveniles. Atribuyó el fenómeno a la alta tasa de abandono escolar, la falta de autoridad de los padres y los efectos nocivos de las redes sociales.

Según datos de la prefectura de París, en el área capitalina se tiene constancia de 45 bandas activas. La mayoría de ellas está formada por menores de edad, casi siempre chicos. A las bandas organizadas se suman a veces grupos espontáneos que participan en las peleas. El año pasado hubo dos muertos, 72 heridos y 187 detenciones. El 2021 comienzo y termino con datos mucho peores.

Se dieron apuñalamientos mortales que tuvieron lugar en Saint-Chéron y Boussy-Saint Antoine, pequeñas localidades a 45 y 30 kilómetros del centro de París, respectivamente, en un lapso de poco más de 24 horas. Aunque no hubo un nexo aparente entre los dos sucesos.

Una de las víctimas, Lilibelle G., recibió un navajazo en el vientre. Según el diario Le Parisien, la chica había sido expulsada de varias escuelas y era supervi­sada por un juez juvenil. En una ocasión se presentó a clase con un arma y la intención de atacar a otra alumna.

El presunto homicida, un chico de 16 años que se presentó a la policía voluntariamente, quedó en prisión preventiva. Tenía antecedentes por dos infracciones, pero no por violencia.

En la segunda riña, la víctima, también de 14 años, recibió una puñalada en el tórax que le perforó el corazón. Otro chico resultó he­rido en la garganta y tuvo que ser operado, aunque no falleció. Siete jóvenes fueron de­tenidos e interrogados, entre ellos un chico de 15 años que declaró ­haber efectuado el ataque mortal.

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Los fiscales y los expertos creen que el uso de las redes sociales puede haber exacerbado la violencia juvenil, pues son un vehículo para lanzar insultos y amenazas que caldean el ambiente. Antes las tensiones se alimentaban de modo presencial, a la salida de las escuelas, en la calle o en el transporte público. Ahora se preparan de manera virtual y al final pueden dirimirse cara a cara. La digitalización de los conflictos entre bandas hace que circulen con rapidez fotos y vídeos entre un grupo numeroso de personas, o que incluso se produzca una escenificación de la violencia que crea liderazgos o los quita.

Como es lógico todos estos acontecimientos crearon inquietud, aunque el investigador Marwan Mohamed, especialista en los problemas de la juventud urbana, explicó en el diario Le Monde que en otros países occidentales el problema de las bandas juveniles es mucho más grave. Solo en la ciudad de Chicago, por ejemplo, hubo más de 700 muertos en un año –de ellos 300 menores de edad–, la mayoría por tiroteo entre bandas rivales. El que no se consuela es porque no quiere.

En el caso francés, muchas veces las peleas se originan por razones banales, casi inexplicables. El problema es la predisposición a la violencia de jóvenes que viven en un entorno social complicado. Una de las razones por las que el Gobierno francés no quiso cerrar las escuelas durante el segundo confinamiento, fue para preservar lo máximo posible la escola­rización de los alumnos de ámbitos sociales marginales. Se sabe que la clausura de los centros educativos en el primer confinamiento fue una fuente de problemas y quiere evitarse en lo posible repetir la mala experiencia.

París es un escaparate de riqueza y opulencia…La capital francesa es una de las ciudades más caras del mundo para vivir. Pero a no muchos kilómetros del centro de la ciudad, al otro lado de la autopista a la que muchos llaman la frontera entre dos mundos, se encuentran las. Suburbios en los que el valor francés de la igualdad se difumina.

Existe una gran deficiencia por parte del Gobierno, porque son los que realmente podrían cambiar la vida diaria de esos barrios, la realidad a la que se enfrenta quien vive allí.

Parte del norte de París, es el hogar de algunos de los franceses más pobres y desfavorecidos.

Donde proyectos de vivienda pública se han convertido en el símbolo de la segregación racial y económica. La exclusión comienza cuando no tienes trabajo, cuando no puedes acceder al transporte, cuando no puedes disfrutar completamente de todos tus derechos.

Esas personas, no sólo se enfrentan constantemente a problemas de vivienda, de empleo y movilidad, sino también a desigualdades sistemáticas en su vida diaria. Muchos desconfían de la forma en que les tratan los medios de comunicación franceses.

Se ha construido una especie de barrera racial. A pesar de ser el país de los derechos humanos, con la declaración de los derechos del hombre, el Estado de derecho, la democracia, etc. Es aún más complicado encontrar un trabajo cuando eres de origen maliense, que cuando tus padres nacieron en Bretaña. Es un país de igualdad sobre el papel. Pero de desigualdad e injusticia en la realidad.

Es cierto que desde el 2005, el Gobierno francés ha gastado más de 50.000 millones de euros en la mejora de estos barrios. Pero muy pocos creen que algo haya cambiado.

¿Arde París? es una novela histórica de Larry Collins y Dominique Lapierre publicada en 1964. Describe los días de agosto de 1944 y, muy detalladamente, las horas que precedieron a la Liberación de París por parte de las Fuerzas Aliadas, las Fuerzas Francesas Libres y los movimientos de Resistencia interior, adheridos estos últimos en su mayoría al Partido Comunista Francés durante la Segunda Guerra Mundial.​

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La obra debe su título a la pregunta hecha por Hitler a sus generales reunidos en el Gran Cuartel General de Rastenburg, Prusia Oriental, el 25 de agosto de 1944, momento en el que este se negaba de manera obstinada a perder París luego de cuatro años de ocupación. Sin embargo, la situación se había vuelto crítica: a falta de unidades para retener la ciudad, el general Dietrich von Choltitz había recibido la orden personalmente de Hitler, de resistir hasta el último hombre, y de destruir París por medio de cargas explosivas localizadas en los más importantes monumentos de la ciudad, así como arrasar con aquellos barrios donde los ejércitos alemanes encontraran resistencia y apoyo a las tropas de liberación.​

Esta obra se caracteriza por mostrar desde diferentes puntos de vista el conflicto: el de los habitantes de París, los soldados de Leclerc, el de Eisenhower, el de Hitler y de manera particular el del general Von Choltitz. Para ello, los autores entrevistaron a docenas de testigos y protagonistas de los hechos. Es, además, rica en detalles que parecen triviales, pero que en su conjunto van retratando la atmósfera que vivía París, sus habitantes y ocupantes en los días previos a la liberación.

La importancia del papel del general Von Choltitz, gobernador alemán de París, quien se negó a obedecer la orden de Hitler de destruir la ciudad, ha sido reconocida a lo largo de la historia por los parisinos, incluso a día de hoy, se escucha en los autobuses turísticos que recorren los distintos monumentos de la ciudad, que dichos monumentos siguen ahí gracias a Von Choltitz.

París no ardió entonces, pero hoy día es una hoguera permanente y las autoridades deben buscar soluciones antes de que el incendio sea de tal magnitud que ya nadie lo pueda apagar. Como decía el escritor francés Émile Zola:” ​En París, la verdad avanzaba, irresistible, y ya sabemos de qué modo estalló la esperada tormenta.”