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El Hotel Palacio de los Duques fusiona gastronomía y arte a través de trampantojo

  • Con motivo de la exposición Hiperreal. El arte del trampantojo, el artista Filip Roca presenta Hyperflow, una obra de video mapping exclusiva para Palacio de los Duques de Gran Meliá. Inspirándose en la persistencia del ilusionismo en el arte, Filip Roca reinterpreta las obras de la exposición del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y las dota de una nueva dimensión a través de distintos medios y técnicas de arte digital.
  • El hotel celebra este acontecimiento con una propuesta gastronómica a partir de varios bocados sorpresa que exploran la cocina del trampantojo, a través de elaboraciones y sabores de lo más inesperados. Durante el mes de mayo, el jardín se transforma en un lugar mágico donde la ilusión se convierte en algo “muy real”.

El Hotel Palacio de los Duques, miembro del exclusivo sello The Leading Hotels of the World, reabre las puertas de su fascinante jardín con la pieza de video mapping Hyperflow. Durante tres semanas, cada noche la superficie de la fachada del jardín del hotel se ilumina desplegando una gran obra de animación digital en movimiento creando un llamativo escenario que podrá disfrutarse hasta el próximo 22 de mayo.

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Hotel Palacio de los Duques

Con una dimensión de 72 metros cuadrados, la fachada construida en el s. XIX quedará cubierta cada atardecer desde las 21:30 a las 23:00 horas. Una única escena en constante transformación y movimiento con formas abstractas y generadas digitalmente con un código diseñado para el hotel, parten de la inspiración de diferentes pinturas de la exposición Hiperreal. El arte del trampantojo, que el artista ha seleccionado por el potencial de sus composiciones, texturas y volúmenes: “Se trata de una pieza creada a través de imágenes topográficas que distorsionan y remodelan la geometría real de la fachada”, explica Filip Roca.

Un único pase de hora y media

La experiencia se condensa en un único pase de una hora y media que incluye, cada noche, luz, imagen integrada y música con un paisaje sonoro de electrónica ambiental, obra del compositor Zarko Komar. Esta creación musical a medida busca “amplificar” el espacio a través del sonido, y contribuye a remarcar sensaciones como la de profundidad. A lo largo de 90 minutos, la pared que enmarca el conocido como Palacio del Duque de Granada de Ega, cambia a través de un viaje en tonos ocre y dorados.

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Hotel Palacio de los Duques

Así como la vida madrileña es conocida y siempre ha tenido lugar en los atardeceres bajo el sol de la primavera y sus vibrantes noches, el proyecto recrea este momento cruzando la cuarta pared del museo para pintar una imponente escena digital en un lienzo arquitectónico como es el jardín de Palacio de los Duques, rincón secreto del Madrid de los Austrias. “Se ha elegido la sección central de la fachada como núcleo de la instalación. Este punto es el que tiene mayor visibilidad desde la mayor parte del jardín y desde fuera, lo que permitirá al transeúnte incluso apreciarlo desde la calle”, explican desde el estudio del artista.

Una propuesta gastronómica inesperada

Con acceso por la Calle de la Bola y por la entrada del hotel (Cuesta de Santo Domingo, 5), Palacio de los Duques además ha conectado todo este universo con la cocina. Llevando el arte del trampantojo a la gastronomía con un concepto basado en la sorpresa. Tomando como punto de partida el espejismo que define las obras de la exposición, así como la pieza de Roca, y fusionándolo con alta cocina, el equipo de Coroa Lounge, restaurante de Palacio de los Duques, ha conceptualizado dos propuestas cuyo denominador común es lo inesperado.

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Miguel Martín y Miguel Quintana, chef ejecutivo y jefe de barra de Coroa Lounge, han sido los encargados de dar forma a estas deliciosas delusiones, que podrán ser disfrutadas en el hotel durante los meses de mayo y junio. La primera elaboración, “Merienda exótica”, recrea ese momento de la tarde con un falso helado de nata al corte, que en cuanto el comensal empiece a degustar descubrirá que se trata de un mousse de queso al curry. A modo de acompañamiento, un aparente té con leche de innegable toque british, que en realidad es un cóctel frío a base de miel y jengibre.

Un viaje de sensaciones

Por otro lado, “Tesoro escondido”, una tapa que recrea el fondo del mar a través de diversas elaboraciones. “Hemos querido homenajear a los artistas de la exposición, con una tapa que integra diferentes elementos a modo de bodegón, y que permite, al igual que en las pinturas, descubrir todos los detalles a medida que se observa y degusta”, explica Miguel Martín, chef de Coroa Lounge.

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En este “bodegón marino”, nada es lo que parece. Desde la roca, que es calabaza osmotizada con piña, pasando por las pepitas de oro de pan gambas y las redes de pesca, hasta llegar al tesoro oculto de cremoso de gamba del interior de la tapa. Para maridar, un rebujito de coco, servido en un vaso con forma de roca y decorado con salicornia, un combinado que enlaza a la perfección con el sabor yodado de la gamba roja.

Por tercer año consecutivo

Por tercer año, Gran Meliá se une al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en una colaboración innovadora y única, que afianza de nuevo su compromiso por la promoción y por el apoyo al arte y a los artistas, así como por las instituciones que velan y son embajadas del arte a nivel internacional. “Ambas marcas representan los valores de nuestro país y la esencia mediterránea: la sensibilidad, el sentir de la belleza y el respeto por la Historia y la cultura”, explican desde Gran Meliá.

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La habilidad para engañar al espectador haciendo pasar lo pintado por real a través de las leyes de la óptica y de la perspectiva es todo un juego cuyos primeros ejemplos se conocieron a través de textos literarios griegos. Desde entonces, el trampantojo ha tenido en las artes una larga presencia, con periodos de notorio florecimiento, como el Renacimiento o el Barroco, para decaer tras el Romanticismo, pero sin llegar a desaparecer nunca del temario artístico. La exposición Hiperreal. El arte del trampantojo propone una revisión del género, a través de un conjunto de obras de alta calidad que pone en evidencia los temas más representativos de la pintura de caballete. El arco cronológico abarca desde el siglo XV hasta el XXI, pero las obras se presentan ordenadas por materias y escenarios, independientemente de su fecha de ejecución, para poder así resaltar la continuidad del género, que se prolonga hasta nuestros días.