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Bareto, un homenaje al bar de toda la vida

  • Ubicado en Alcalá 55, en el mismo local que ocupó la antigua cervecería de Correos, en pleno Paisaje de la Luz, Grupo Barbillón (hermanos Sánchez de Amo) de la mano del empresario hostelero Nacho Horcajada, desembarca en la capital con este concepto que es puro Madrid.
  • Bareto nace para recuperar el bar de Madrid de siempre y convertirse en punto de encuentro de madrileños y turistas a cualquier hora del día, cañas, vermús y vinos se combinan con imprescindibles como los torreznos, las bravas receta de Madrid y el montado de calamares.
  • El local, con una barra de mármol como protagonista, cuenta con una terraza privilegiada y se presenta como ese lugar de recreo cañí en el que se tiran bien las cañas, el suelo está lleno de servilletas de las que ensucian más que limpian y las recomendaciones se escriben en el espejo.

Bareto nace con la intención de recuperar la esencia de las cervecerías madrileñas, de los bares y barras más tradicionales de la capital y hacer que vuelva la vida de tasca. Esa tasca que se convierte en refugio, en lugar favorito para tomar unas cañas con unas tapas, el vermú del aperitivo, el sitio donde liarse y cerrar, donde juntarse con amigos y desconocidos y donde sucede la magia de Madrid. Todo esto es Bareto, el nuevo concepto de origen castizo en el que no hay normas ni reglas que abre en Alcalá 55.

Madrid
Bareto

Es un homenaje al bar de toda la vida y supone el desembarco del Grupo Barbillón en la capital. El concepto ha nacido gracias al tándem que forman los hermanos Kike y Curro Sánchez del Amo artífices del grupo hostelero ya consolidado en Aravaca (Barbillón Oyster Bar), Majadahonda (Panorama Oyster Bar) y Boadilla del Monte (Tinglado Oyster Bar) y el empresario hostelero Nacho Horcajada que suma su know how en conceptos de éxito en esta zona como Barra y Mantel, Bar Carallo y Nómada.

Antigua cervecería de Correos

El local que ocupa Bareto, ubicado junto a la plaza de Cibeles y a un paso de la icónica Puerta de Alcalá, dentro del Paisaje de la Luz -recientemente nombrado Patrimonio Mundial de la Unesco-, fue la mítica y antigua cervecería de Correos, uno de los clásicos de la capital que desde mediados de 1920 y durante casi 60 años congregó a políticos, escritores y artistas y convirtió la tertulia en el mejor afterwork posible. Aquí y en el contiguo café Lion se montaron su peña los del Veintisiete, con Alberti y Lorca al frente, y entre sus ilustres visitantes contaba, entre otros, con un joven Miguel Hernández, con Pablo Neruda y Antonio Machado.

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Este nuevo espacio recupera la esencia de las cervecerías madrileñas más castizas. Abierto todo el día todos los días del año, desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la madrugada, es el nuevo punto de encuentro para desayunar ese mixto, cruasán, la perfecta tostada con tomate y jamón ibérico de bellota, tomar el pincho de tortilla de media mañana, es el sitio perfecto para quedar a tomar el aperitivo y acabar pidiendo postre.

Ajetreo a todas horas

Es el lugar donde tomar el café de la tarde y las copas de los días tontos que al final se lían, es el sitio para tomar unas cañas de tarde, cenar y que la hora no importe. Bareto es puro Madrid, un sitio sin pretensiones al que no se va, sino que se vuelve. Entre sus parroquianos se pueden encontrar escritores buscando inspiración y charlando con un taxista quemado del último atasco de su turno, o al típico guiri despistado que sabe perfectamente donde va porque un amigo se lo ha chivado o lo ha visto en la Lonely Planet y también a ese grupo de madrileños que necesitaba una copa con amigos después del trabajo y ‘ese sitio de Alcalá’ le pillaba cerca.

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En el manifiesto de Bareto, porque lo tiene desde antes de ser fundado, sobresale ese firme propósito de ser bar de los de toda la vida: ese lugar donde tiran las cañas bien frías cuando aprietan los 40 grados a la sombra en Madrid y con ese caldo en temporada para atemperar el cuerpo cuando el frío corta. Esa dirección con las recomendaciones escritas en los espejos y con la barra como principal protagonista. Esta ocupa el 70% del local, todo se trabaja tras ella. El personal, uniformado, corre de un lado a otro, sirve las cañas, los chatos de vino madrileño y los vermús, y se le oye cantar las comandas bien alto, casi a voz en grito. Los camareros también emplatan y elaboran los pinchos, tapas y raciones que los acompañan.

Para ver el fútbol

El espacio tiene pantallas para disfrutar de fútbol a doquier y en el suelo se pueden encontrar esas servilletas de las que ensucian más que limpian. Bareto es ese bar sin pretensiones de nada más, que se convierte en lugar de culto, núcleo y centro neurálgico de todo tipo de mentes, un lugar donde se vive y donde pasan muchas cosas, constituye una vuelta al bar de verdad, a lo que somos. Hay ruido, bastante ruido, el mejor hilo musical y de ambiente.

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Su cocina es sencilla, pero está realmente buena y llena el estómago, los platos estrella son los torreznos, las patatas bravas receta de Madrid, el montado de calamares y el de ternera asada, los flamenquines y el matrimonio de anchoa y boquerón, tapas y raciones para picar, da igual el momento, para acompañar el partido de fútbol o el tenis, previo a la comida o para cenar. Suenan las cañas al tirarlas y servirlas con golpe en la barra, rebosa la espuma, hay plato del día, que cambiará con la temporada.

Con una terraza de ensueño

El local además cuenta con una terraza de capricho dotada de vegetación y tarima de madera, sus mesas altas y bajas, distribuidas estratégicamente, permiten tener la mejor vista, a la derecha la Puerta de Alcalá, a la izquierda Cibeles, Casa América y Banco de España. Con la caída de la noche, la terraza se ilumina y se llena de la magia de Madrid.

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La decoración está firmada por la prestigiosa interiorista Alejandra Pombo y en la concepción del espacio ha buscado una vuelta al origen y a las cosas prácticas: «el objetivo era centrar la experiencia en torno a la mesa donde lo que importa es lo que vives en el espacio y lo que comes». En Bareto, ha optado por recuperar materiales como los azulejos vidriados, el acero inoxidable, la barra en forma de «U» de macael (mármol blanco). «Volvemos a ese mundo en el que la sencillez y las cosas de toda la vida son las que funcionan».

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En definitiva, Bareto es un formato democrático y versátil, que se adapta a los gustos de todo tipo de público. Y como reza el manifiesto en el que se han apoyado sus artífices: «nosotros no lo hemos inventado, ya existía. De hecho, probablemente te suene de algo, o quizá de nada. ¿Pero, qué más da? Anda, haznos un favor, pídete algo y disfruta».