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La entrevista más dura de Ana Obregón: «Yo me perdono la vida todos los días»

Aún inmersa en superar el duro bache que supuso para ella la pérdida de su hijo Álex Lequio en 2020, Ana Obregón se enfrenta a la entrevista más dura de su vida televisiva en el programa de su amigo y confidente Bertín Osborne, ‘Mi casa es la tuya’. Para encontrar la paz y el refugio que necesita en estos momentos, la actriz ha elegido Marbella para esta entrevista que ella prefiere denominar como una charla entre amigos después de veinte meses sin su hijo.

Con el vestido que eligió para comunicarle a la familia italiana de Alessandro Lequio que estaba embarazada de su hijo, Ana abrió su corazón sin ningún tipo de miedo pero sí con mucho dolor. «Cuando pierdes un hijo entiendes la palabra infinito, qué es el dolor infinito y el amor infinito también» reconocía Ana sin querer hacerse la víctima en esta situación: «Aquí los héroes son los que han luchado hasta el final, las víctimas son ellos, mi hijo debería estar aquí, tenía 27 años«.

ANA RECUERDA EL INICIO DE ESTA GRAN PESADILLA JUNTO A SU HIJO ÁLEX

«Cuando uno tiene un dolor extraño hay que ir al médico, yo le llevé muchas veces y nos decían que era gastrointeritis» reconocía Ana Obregón comentando que hasta ese momento ella se creía ‘la reina del mambo’. «A la una y media de la mañana lo operaron y me dijeron que tenía un tumor, llamé corriendo al padre para contarselo porque yo no entendía qué pasaba. Esa noche cuando mi hijo llegó a la habitación sedado, fue uno de los momentos más duros» ha relatado Ana sin poder contener las lágrimas en los ojos.

Emocionada, Ana Obregón ha explicado que a su hijo se lo llevó un cáncer llamado ‘Sarcoma de Ewing’ que afecta a niños y personas jóvenes. En búsqueda del tratamiento que pudiera salvar a su hijo, Ana, Alessandro y Álex viajaron a Nueva York para que el joven se sometiera a una terapia con protones: «Lo que más me mata es que mi hijo me llegó a decir un día, perdoname por tener un hijo defectuoso, su fuerza es lo que me mata, se merecía estar aquí«. «Gracias al dinero que donó Amancio Ortega, ese tratamiendo existe ahora en España, lo quiero decir porque está aquí al alcance de todos, se tiene que reconocer el gran corazón de la buena gente por mucho que otros le critiquen» ha querido dejar claro Ana en su entrevista.

Recordando como se movió de hotel en hotel hasta que encontraron un apartamento en el que poder quedarse en Nueva York, Ana reconoce que no sabe de dónde sacó las fuerzas durante esos meses tan duros en los que estuvo al lado de su hijo día y noche: «Nos fuimos a Nueva York sin decirle nada a nadie, ni a mis padres ni a mi amiga y representante Susana Uribarri. Mis padres se enteraron por la prensa de que mi hijo estaba malo«.

Relatando cómo por unos meses fue feliz tras haber desaparecido el cáncer del cuerpo de su hijo, Ana se volvía a derrumbar al recordar cómo volvieron a Barcelona para pasar junto a su hijo los últimos meses de vida que fueron muy complicados debido a los fuertes dolores que sentía Álex y que ni la morfina lograba mitigar. «No se me olvidará, era un lunes y Alessandro me llamó para decirme que le sedaban, esa noche estuvimos su padre y yo cada uno a un lado de la cama. Y se fué y yo me fuí con él» ha logrado contar Ana completamente derrotada. Con la espontaneidad que la caracteriza, Ana también ha revelado una llamada muy especial tras la muerte de su hijo: «El rey Juan Carlos llamó a Alessandro para darle el pésame, se lo agradezco, estuvo tan cariñoso. Luego la reina me llamó a mí pero no sé ni lo que me dijo«.

UNA NUEVA ETAPA EN SU VIDA EN LA QUE SIGUE MUY PRESENTE SU ÁLEX LEQUIO

«Con lo fuerte que fui no sé por qué ahora no lo soy, me está costando mucho» reconoce Ana sobre el momento que está viviendo desde que tuvo que despedirse de su hijo. «Llegué a Madrid y estuve practicamente seis meses metida en mi cuarto, me acuerdo de poco más, me costaba levantarme y hablar» ha explicado con la voz entrecortada. «Cuando pierdes un hijo te mueres y tienes la oblilgación de seguir viviendo. Yo quiero salir por mí, sin médicos, sin pastillas, por mi trabajo interior. Yo me perdono la vida todos los días» añade sintiéndose culpable por haber sido ella la que se ha quedado mientras que su hijo ya no está.»Yo creo que él me manda mucha fuerza, me voy a centrar en la Fundación Álex Lequio, quiero investigar ese cáncer, voy a seguir su legado y eso me motiva un poquito» ha explicado consciente de todo el camino que aún le queda por hacer.