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Experto español en el simposio vaticano sobre sacerdocio: «El gran problema de los curas no es que no puedan casarse»

El profesor de Teología Dogmática en la Universidad Pontifica de Salamanca, Emilio José Justo Domínguez, participará la próxima semana en el simposio organizado por el Vaticano sobre el sacerdocio y tiene claro que «el gran problema de los curas no es que no puedan casarse».

En todo caso, este experto defiende que el celibato no está «vinculado de forma absoluta» al sacerdocio «porque no se puede excluir totalmente la posibilidad de ordenación de casados» si bien ha defendido que esta circunstancia no le es «ajena».

«No se ha vinculado de forma absoluta porque no se puede excluir totalmente la posibilidad de ordenación de casados. Esto se ha dado en la historia y se da en la Iglesia católica de rito oriental», ha asegurado el experto que participará en el simposio internacional titulado ‘Para una teología fundamental del sacerdocio’ y tendrá lugar en el Aula Paolo VI del Vaticano del 17 al 19 de febrero.

El celibato sacerdotal no es el tema central del simposio, cuyo objetivo es reflexionar sobre los fundamentos del sacerdocio, pero la cuestión emerge después de que la Iglesia Católica alemana se incline por cuestionar su obligatoriedad y plantear al Papa una propuesta para estudiar a fondo esta cuestión.

«Evidentemente no sé lo que va a hacer el Papa, pero sí, claro, podría pedir que se estudie la cuestión. A mí me parece que no ayudaría mucho que se plantease en términos de buscar la forma de eliminar la obligatoriedad del celibato», define el sacerdote y profesor universitario español en una entrevista.

Según explica, en el documento del ‘Camino sinodal’ aprobado por la Iglesia de Alemania se defiende, «con argumentos muy discutibles», que, aunque el celibato es algo positivo, «la obligatoriedad es perniciosa y puede fomentar males». «Según algunos obispos alemanes, esa obligatoriedad es un lastre para la vida de muchos sacerdotes. Pero en realidad el celibato no se impone a los curas. La Iglesia ordena curas de entre aquellos que son célibes y libremente se comprometen a vivir el celibato. La obligatoriedad no significa, por tanto, una imposición a quien ya tiene vocación al sacerdocio, sino que se entiende el celibato (y lógicamente la capacidad para vivirlo) como un signo para discernir la llamada eclesial al sacerdocio», argumenta.

Con todo, señala que en el documento de la Iglesia en Alemania sobre el celibato se plantean también algunas propuestas «razonables» como la situación de curas «secularizados», que se podría revisar para que «pudieran ejercer algunas tareas que realizan los laicos y para que se tuviera en cuenta su experiencia». «Ciertamente me parece que hay problemas graves en la vivencia del sacerdocio, pero creo que el gran problema de los curas no es que no puedan casarse», afirma.

La Iglesia ha preferido hasta ahora mantener la vigencia de la ley del celibato eclesiástico obligatorio porque, según el experto, se considera que el celibato «está en gran sintonía con lo que significa el sacramento del orden y ayuda a vivir el ministerio ordenado». «La obligatoriedad del celibato presupone una comprensión de lo que es el sacerdocio y una forma de vivirlo. Lo concreto de la ley está en no contraer matrimonio y no tener relaciones sexuales; pero el contenido del celibato es algo mucho más profundo y positivo», añade.

No obstante, la Iglesia nunca ha vinculado el sacerdocio y el celibato a nivel dogmático. «No sería adecuado plantearla en el contexto de considerarla un dogma», justifica Justo Domínguez.

De hecho, fue Benedicto XVI quien decidió establecer ordinariatos personales para los anglicanos casados que quisieran volver a la plena comunión con Roma. Esto, según el experto, abre la puerta a que en la Iglesia en rito latino se vean en el futuro «sacerdotes casados en algunos casos excepcionales» como son ahora las «conversiones de sacerdotes anglicanos o de algunos pastores protestantes».

«Ahora se entiende como algo totalmente excepcional y creo que se hace por razones ecuménicas», considera. En su opinión, la sabiduría eclesial lleva a «no cerrar algunos temas», y este del celibato es uno de ellos. «Creo que no se afirmará de forma absoluta la vinculación del sacerdocio al celibato, pero se mantendrá la vivencia célibe del sacerdocio como ideal y de forma general», agrega.

Durante el Sínodo de la Amazonia, se habló de los desafíos actuales de la Iglesia Católica en algunas zonas remotas del mundo y se llegó a considerar la ordenación al sacerdocio de hombres mayores casados, los llamados «viri probati», en Amazonas. Según Justo Domínguez, «el problema de fondo es por qué y para qué se quiere tener sacerdotes».

«A veces las razones son funcionales, incluso para funciones fundamentales como la celebración de la Eucaristía. Pero la celebración de la Eucaristía y toda la vivencia de la fe han de estar centradas en la vida evangélica y en la comunión con Jesús, que es lo fundamental (…) No se trata de que tenga un poder para hacer algo, sino de que configure una existencia que sea signo sacramental del amor pastoral de Jesús, que se expresa de forma culminante en la Eucaristía, pero no se puede reducir a la celebración», enfatiza.

En su opinión, el celibato significa «una forma de amar que expresa el amor pastoral de Jesús y, por eso, el sacramento del orden tiene una fuerte conexión con él». «Se debería cuidar el sentido de la vida sacerdotal y, ante ciertas situaciones pastorales, valorar y promover ministerios eclesiales no ordenados», manifiesta.

En todo caso, dice que este tipo de decisiones claves, como sería la ordenación de hombres mayores casados, «no deberían tomarse con la urgencia de responder a situaciones determinadas ni con la pretensión de resolver problemas, sino de forma positiva, porque implicara algo positivo para la Iglesia y no como un remedio ante necesidades, lo cual mostraría que no es lo ideal ni lo deseable».

De este modo, el sacerdote y profesor universitario plantea que más que «cuestionar» el celibato se tendría que ayudar a «profundizar en su sentido teológico y en cómo vivirlo como una forma de amar a Dios y a los demás, pues debe ser un amor real y concreto». Sin embargo, también considera que «hay cuestiones psicológicas, pedagógicas y morales que deben plantearse» para favorecer una vivencia sana y plena de lo que significa el celibato.

«Si el cura no ama de verdad, no es célibe en un sentido auténtico y no podrá ni vivir bien su ministerio ni ser feliz. Creo que ayudaría mucho seguir profundizando en lo que es el celibato como una forma de amar, desde la teología, desde la antropología, desde la psicología y desde la espiritualidad», ha asegurado.

El objetivo del simposio es reflexionar sobre los fundamentos del sacerdocio lo que conlleva plantear bien problemas prácticos, aunque tal y como subraya el sacerdote y profesor universitario español «no se pretende dar repuestas a problemas pastorales concretos».

En el trasfondo de este encuentro está la promoción de una cultura vocacional entendiendo que la vivencia de la fe implica el camino de diversas vocaciones en la Iglesia. Aunque la caída de las vocaciones no es un tema directo, el experto asegura que está unida «al debilitamiento de la experiencia de la fe».

«La caída de vocaciones es un síntoma del problema realmente grave de la debilidad de la fe en la Iglesia y puede ser un signo de la necesidad de una revitalización de las comunidades cristianas y de una renovación de formas y estructuras pastorales», ha manifestado.

No obstante, incide en que se ha hecho «tópico» en algunos ámbitos eclesiales «hablar de la escasez de vocaciones». «En proporción al número de cristianos y en relación con la vitalidad de las comunidades cristianas, creo que la escasez no es tal», concluye.