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Eficiencia energética, pagar y contaminar menos

La reducción de consumo energético, tanto para iluminar como para calentar y enfriar los hogares, así como el uso racional de los electrodomésticos y la apuesta por las etiquetas ambientales permite ahorrar entre el 20% y el 60% de la factura, además de reducir la contaminación y la dependencia energética de un país.

El consumo responsable de energía, ahorrando lo que no es necesario consumir, es lo que denominamos eficiencia energética o ahorro energético y tiene un objetivo prioritario: reducir la cantidad de energía que requerimos para fabricar, distribuir, instalar y utilizar productos, electrodomésticos, bienes y servicios.
La instalación de iluminación LED, luces fluorescentes o tragaluces naturales reduce la cantidad de consumo necesario para alcanzar el máximo nivel de iluminación de una estancia. Aislar las paredes de un edificio puede mantener el calor y proteger del frío en invierno, frenando también las altas temperaturas del verano y permitiendo una sensación más agradable en su interior.

Al reducir el uso de energía ahorramos dinero en la factura pero también colaboramos en la lucha contra la contaminación, emisiones de gases de efecto invernadero por la generación y el transporte de la energía. También a la hora de frenar la dependencia respecto a otros países cuando no generas la suficiente cantidad como para abastecer a la población. De este modo, se considera que la eficiencia energética aporta seguridad nacional y equilibra la balanza de pagos exterior con otros países.

CERTIFICADO DE EFICIENCIA ENERGÉTICA

En España existe un certificado de eficiencia energética que mide la capacidad de aislamiento térmico de una vivienda y, si cumple con los parámetros de consumo anual de energía necesario para satisfacer la demanda de ese edificio en condiciones normales de ocupación y funcionamiento: agua caliente, calefacción, iluminación, refrigeración y ventilación. Normalmente, la necesidad de consumo se calcula dividiendo la energía utilizada por el área del piso o edificio y da como resultante el Consumo de Energía Específico, o también llamado Intensidad de Uso de Energía. La escala de calificación es de siete letras, entre la A del más eficiente hasta la G para los menos eficientes. Este certificado es obligatorio salvo algunas excepciones y el propietario de viviendas, oficinas o locales debe ofrecerlo cuando vaya a alquilar o a vender.

Y es que los edificios son un campo importante para las mejoras y, en este sentido, la tecnología avanza para conseguir cada vez mejor aislamiento térmico. Debemos tener en cuenta que los materiales de construcción ya han consumido energía al ser fabricados. Por ello, al desmontar un edificio o derruir una zona, es bueno reaprovecharlos.

Otros factores a tener en cuenta en un edificio son la calidad del ambiente interior y la eficiencia de uso del espacio. A menudo se incluyen medidas pasivas que reducen la necesidad de climatización aprovechando ventanales para recibir la luz natural. El entorno y la ubicación del edificio también afectan a la temperatura y al acceso de la luz solar. Tener árboles, paisaje o rocas alrededor pueden proporcionar sombra en verano, pero en invierno generan frío, aunque también por otra parte bloquean la llegada del viento.

Instalar ventanas con aislamiento térmico, puertas bien selladas, losas en el sótano para frenar la humedad, techos oscuros que son menos reflectantes que las superficies blancas y acumulan más grados de temperatura para lugares fríos puede mejorar la eficiencia. En zonas más cálidas, los colores claros ayudarán a rebajar la temperatura de las paredes. Colocar medidores inteligentes que pueden regular la temperatura cuando lo necesitemos, dejando un ambiente agradable sin pasar frío ni calor es una medida cada vez más extendida.

En cuanto a la iluminación, cada vez más se utilizan luces LED con un sistema de encendido y apagado automático, gracias a los detectores de presencia humana que evitan mucho consumo innecesario. Estas luces no utilizan calor como las incandescentes y, demás, duran cinco veces más. En suma, su consumo de energía se reduce entre el 80% y el 90%.

MENOS CONSUMO, MÁS CRECIMIENTO

A título individual es importante consumir lo mínimo indispensable para evitar que nos aumente el recibo a final de mes. Este aspecto, a nivel de organizaciones y empresas es clave. Sin energía no pueden funcionar y, por ello, no solo buscan las ofertas más asequibles, sino que invierten en planes de renovación de maquinaria y sistemas productivos que les permiten realizar las funciones necesarias de forma mucho más rápida, menos contaminante y, sobre todo, con un menor gasto energético.

El consumo de energía está directamente relacionado con la situación económica y los ciclos de bonanza o de crisis, por lo que es necesaria una aproximación global que permita el diseño de políticas de eficiencia energética. A partir de la crisis de 2008, la ralentización del crecimiento económico y la crisis en varias zonas del planeta significó la reducción del consumo a nivel global, un detalle que se constató en una rebaja sustancial de los gases de efecto invernadero.

Por tanto, la eficiencia energética demuestra ser una estrategia rentable para construir economías sin aumentar apenas el consumo de energía. Hay, en la actualidad, oportunidades a nivel industrial para ahorrar entre el 70% y el 90% de la energía, dejando muy baja la factura mensual en el uso de sistemas de ventilación, iluminación, bombeo y motores eléctricos, además de calefacción y electrodomésticos.

ETIQUETA ENERGÉTICA

Los electrodomésticos modernos, como los congeladores, los hornos, las estufas, las lavadoras, las secadoras y los lavavajillas consumen hoy en día mucha menos energía que los de hace unos años, en muchos casos, reducen el 40% respecto a los del inicio de este siglo, hace dos décadas. Incluso en la actualidad, algunos aparatos con la letra A+++ pueden consumir la mitad o algo menos que los de la categoría D.

Desde 1995 se está utilizando la Etiqueta Energética, un distintivo que identifica los electrodomésticos en función de su grado de eficiencia energética. Viene regulada por directivas de Ecodiseño de la Unión Europea.

En marzo de este año 2021 se ha empezado a aplicar una nueva etiqueta que sustituye los colores de hasta este año y busca una mayor comprensión por parte del usuario, evitando confusiones. Hay siete categorías, de la A a la G. La A es la más eficiente y la G la menos eficiente. La primera categoría, la más eficiente no se utiliza de momento y se reserva para futuros aparatos eléctricos con un grado de eficiencia muy superior al que conocemos hasta ahora. De este modo desaparecen las anteriores catalogaciones que llevaban A+, A++ y A+++ porque los aparatos habían mejorado tanto que ya no podían incluirse en letras posteriores (B, C y D) y podía llevar a confusión que todos tuvieran la A.

Otra novedad es que se incluye el código QR donde los consumidores podrán encontrar más información de cada electrodoméstico.