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Experto UNIR: Las ‘tecnologías emocionales’ «marcarán nuestro futuro»

El doctor en Inteligencia Artificial y docente del Máster en Inteligencia Artificial de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Luis Miguel Garay ha afirmado que las ‘tecnologías emocionales’ «marcarán nuestro futuro», y por ello tienen «un gran recorrido empresarial».

En una entrevista, en la que ha analizado las características de las denominadas ‘tecnologías emocionales’, Garay ha destacado que «las personas siempre hemos tenido la ambición de crear, de construir modelos, máquinas que se parezcan a las personas».

No obstante, según ha explicado el doctor en Inteligencia Artificial, esas tecnologías ya existen desde hace mucho tiempo, «por ejemplo, tenemos en la actualidad máquinas que han desarrollado la visión artificial igual o mejor que las personas, máquinas que son capaces de escuchar igual o también mejor que las personas, es decir, desde hace ya mucho tiempo los humanos somos capaces de crear nuevas inteligencias artificiales, máquinas que simulan los sentidos de las personas».

Sin embargo, «nos faltaba dar un paso más» ese paso es, ha explicado Garay, «no solamente simular los sentidos, sino también simular lo que son los sentimientos, ir un poco más allá de la simulación y representar esa capacidad que tenemos las personas de emocionarnos y de expresar sentimientos».

De esta manera, ha puntualizado el doctor «lo que buscan estas tecnologías emocionales es ser capaces de reconocer automáticamente en las personas esas emociones, ser capaces de procesarlas y de replicarlas en las máquinas».

«Hoy en día muchos de los algoritmos basados en Inteligencia Artificial son perfectamente capaces, no solamente de identificar cualquier gesto humano, si no también de percibir esas emociones de las personas» ha destacado el docente de UNIR, «por tanto, podemos identificar a día de hoy, sin problemas, si una persona está enfadada, si está triste, si está alegre, y todo eso a través de la capacidad de recrear, de reconocer los gestos faciales, de procesar el lenguaje, etc.».

Desde un punto de vista más técnico, Garay ha explicado cómo detrás de estas tecnologías emocionales lo que realmente se encuentra es lo que se denomina como los ‘sistemas cognitivos’, cuyo objetivo «es que estas máquinas puedan aprender, interactuar de forma natural con los humanos y de forma personalizada: si una persona está enfadada, tener un sistema capaz de identificar ese enfado y de personificar su respuesta a ese contexto particular».

GRAN AUGE EN LA ÚLTIMA DÉCADA

«Estas tecnologías han tenido un gran auge en la última década», ha destacado Garay, «esto se debe, al margen del propio avance de los algoritmos de inteligencia artificial, al espectacular avance que han tenido en los últimos años otras tecnologías adicionales».

De estas tecnologías que han condicionado y potenciado el «enorme» crecimiento de las Inteligencias Artificiales y, en consecuencia, también de las tecnologías emocionales, Garay ha destacado algunas como Big Data o Big Cloud, y la razón es que se apoyan en el uso masivo de los datos.

«Hay que entrenar estos modelos, ser capaces de reconocer las imágenes, los sentimientos, y para eso hacen falta muchos datos» ha explicado el doctor, reiterando que «el avance no se debe exclusivamente a la tecnología en sí, si no también a estas otras tecnologías en las que se apoyan (Big Data o Big Cloud), que han tenido a su vez un avance importante en los últimos años».

Lo que no cabe duda es que estas tecnologías tienen un extenso rango de aplicación, según ha explicado el docente de UNIR, «se habla mucho de los coches autónomos; estos coches, a parte de circular ellos solos por carretera, con estas tecnologías emocionales serían capaces de detectar si el conductor está cansado o no, y recomendarle de forma activa una pausa».

«Otra aplicación podría ser la de los sistemas de seguridad» ha destacado Garay, de hecho, ha recordado que «ahora mismo en los aeropuertos ya hay tecnologías que permiten identificar a través de los rasgos faciales la identidad de las personas; pero esto se podría complementar identificando determinados riesgos, como sensaciones extrañas que se expresan a través de las emociones».

También, en el ámbito de la seguridad vial, Garay ha mencionado la posibilidad de estas tecnologías de «identificar un estado de embriaguez de forma automática, sin necesidad de recurrir a soplar».

Cabe destacar su aplicación en el ámbito de la salud, «las funciones de autodiagnóstico se podrían ver potenciadas por un reconocimiento automático del estrés, del cansancio, o en disciplinas como la psicología».

A su vez, Garay ha querido resaltar cómo estas tecnologías pueden resultar «muy útiles» también en el ámbito de marketing, «por ejemplo, para potenciar las ventas o, junto a otras tecnologías, podrían aplicarse también para modelar sistemas económicos, de tal forma que nos permita simular cómo se van a comportar».

«Como puede observarse, las aplicaciones son muchísimas» ha reiterado el doctor, quien ha asegurado que «siempre que haya un comportamiento humano se va a poder aplicar este tipo de tecnologías».

En esta misma línea, Garay ha querido destacar cómo en el ámbito económico, «son muchas las empresas que, a día de hoy, están interesadas en estas tecnologías».

«Todos los altavoces inteligentes están empleando estos sistemas cognitivos y estas tecnologías emocionales, cada vez que tú le hablas al altavoz, ese entendimiento del lenguaje natural se procesa con estas tecnologías» ha explicado.

Este ámbito de los sistemas cognitivos, a día de hoy es el ámbito «más caliente», según ha explicado el docente de UNIR que, además, ha asegurado que «abarca el mayor espacio en cuanto a investigación en inteligencia artificial, con mucha diferencia».

En este sentido, Garay ha afirmado que esto, «no solamente es por el deseo de las personas de conseguir que esas máquinas se parezcan a nosotros de manera muy natural y muy humana», sino que ha asegurado que «marcarán nuestro futuro», ya que, además, «detrás de estos modelos existen muchísimas aplicaciones que tienen un enorme recorrido empresarial», y que «dan mucho dinero».

MÁS BENEFICIOS QUE RIESGOS

Ante el «miedo» social al hipotético reemplazo humano por esta avanzada tecnología y los posibles riesgos que su aplicación pudiera desencadenar, Garay no ha dudado al afirmar que «lo veo como un beneficio, es cierto que hay riesgos, todos hemos visto esos algoritmos que son capaces incluso de crear personajes que no existen, o poder simular esas emociones y sentimientos».

Sin embargo, ha reiterado que «creo que hay muchos más beneficios que riesgos».

Para concluir, Garay ha puesto como ejemplo «cuando se crearon los coches, por supuesto que un coche tiene riesgos, de accidentes, muertes, atropellos, pero nadie rechaza el beneficio que tienen, son tecnologías que en su momento despertaban ciertos miedos, y eso es muy humano» y ha afirmado que «el miedo a lo desconocido es muy humano, pero al final tiene mucho más beneficios que riesgos».