Experto en microbiología cree que las vacunas «no deben ser obligatorias para nadie»

El profesor de Microbiología y consejero científico del Centro Nacional de Gripe de Valladolid Raúl Ortiz de Lejarazu ha considerado que «las vacunas no deben ser obligatorias para nadie», pero sí «un requisito» para realizar determinadas actividades.

En una entrevista concedida a Onda Vasca, el virólogo se ha pronunciado de este modo en relación al debate que ha surgido sobre la obligatoriedad de vacunarse contra la covid-19 en el personal de residencias de personas mayores.

En su opinión, «las vacunas no deben ser obligatorias para nadie» y España es «uno de los países en que hay un sentimiento mayor» en favor de las vacunas. No obstante, ha opinado que «sí debe ser un requisito».

Tras recordar que ya se exigía antes de la pandemia un pasaporte internacional de vacunación para entrar en zonas donde hay fiebre amarilla y en Estados Unidos hay hospitales en los que un requisito para trabajar es estar vacunado de gripe, ha planteado que, por ejemplo, se podría «decir ustedes tiene un plazo de tres meses para normalizar la situación pero un requisito ahora, porque estamos en una situación excepcional, es que se vacunen».

«Eso lo van a hacer muchos países probablemente», ha augurado el experto, que ha incidido en que «hay muchas maneras» de plantearlo pero «obligar por obligar simplemente, eso no funciona».

Preguntado por la utilización del llamado ‘pasaporte covid’ en actividades como la hostelería, ha señalado que «no se puede pasar la responsabilidad de exigir un documento a gente que su trabajo no le exigía esa responsabilidad».

A su entender, «a lo mejor en un hotel se puede compaginar, pero en un bar o se tiene una terminal en la que, como en el aeropuerto, uno vaya con el teléfono, se ponga verde y le abra la puerta del local, o no me imagino a un camarero pidiéndolo porque se organizarían unas grescas terribles». «O hacemos algún método que no obligue al personal a hacer esto o, si no, es muy difícil», ha advertido.

PARA QUEDARSE

Por otro lado, ha afirmado que la evolución de la pandemia está «siguiendo lo esperado» y ha incidido en que «este virus ha venido para quedarse entre nosotros, así que tendremos que acostumbrarnos a convivir con él de otra manera».

Según ha recordado, «no hemos acabado nunca con ningún virus», salvo el de la viruela «gracias a una coincidencia de factores» porque se descubrió una vacuna que impedía la infección y solo había un reservorio humano.

Ortiz de Lejarazu ha recordado que en el mundo se han puesto únicamente 600 millones de vacunas para 7.000 millones de personas y ha subrayado que «la diferencia es tremenda» entre personas vacunadas y no vacunadas porque las personas que han recibido vacuna, «aunque bajen anticuerpos, siguen manteniendo una defensa importante, sobre todo los que no son muy mayores, que les permita defenderse contra la enfermedad grave y la muerte, que es lo que importa realmente».

No obstante, ha indicado que en algunas personas «por sus especiales características», como en los usuarios de residencias, puede ser necesaria una dosis de recuerdo. Además, ha añadido «a lo mejor» es necesario «revacunar periódicamente» a otras personas para «mantener al virus a raya», aunque ha dicho «confiar mucho» en las vacunas de segunda generación.

Asimismo, ha explicado que, dado que las nuevas variantes son más infecciosas, la tasa de personas que debería vacunarse para alcanzar la inmunidad de grupo, prevista inicialmente en el 70%, se ha ido elevando hasta un 80 u 85%. Un porcentaje que «es muy difícil» de alcanzar, teniendo en cuenta que a los menores de doce años no se está vacunando, por lo que se tendría que vacunar prácticamente a la totalidad de la población en edad de vacunarse.