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La acusada de liderar el frente jurídico de ETA niega su pertenencia a Halboka

El juicio contra los ocho procesados por el sumario 13/13, acusados de pertenecer al frente jurídico de ETA, se ha reanudado este martes con la declaración de la abogada Arantza Zulueta, acusada de liderar ese órgano, que ha reiterado que «nunca» ha «visto o tocado un arma» y que no perteneció a Halboka.

Zulueta, para quien la Fiscalía pide 19 años de prisión por los delitos de integración en organización terrorista en condición de dirigente y por depósito de armas y explosivos, ha insistido en que las únicas armas que ha visto «han sido las fotografías» en sumarios y hace años en la Audiencia Nacional, cuando «se traían las armas incautadas y se exponían».

Por ello, la acusada de encabezar Halboka ha instado «a quien haga falta» a que encuentre «una sola huella» suya el zulo en el que se encontraban las armas o en el USB en el que se encontraría la información relativa a la ubicación del emplazamiento.

A preguntas de su defensa, la abogada también ha dejado claro que «nunca» ha «pertenecido» al considerado frente jurídico de la banda ni a «ningún aparato» de la organización. Además, ha negado que participase en el cobro del impuesto revolucionario o en captaciones.

RECONOCIÓ SU INTEGRACIÓN COMO PASO A LA «PAZ Y LA CONVIVENCIA»

Eso sí, Zulueta ha reconocido que perteneció al KT, el conocido como frente de cárceles, desde donde trataba de «coordinar a los presos» de cara a que estos asumieran y admitieran la vía penitenciaria. Precisamente, esta fue la razón por la que tanto ella como Jon Enparantza fueron condenados en septiembre de 2019.

Zulueta, que salió de prisión en febrero de 2020 tras cumplir su condena, ha explicado que si reconoció su pertenencia a la banda terrorista en condición de dirigente fue para evitar que el resto de sus compañeros tuvieran que ingresar en prisión. También lo hizo, ha señalado, porque entendía que de esa forma estaba dando «un buen paso en los pasos» que se estaban dando «en la democracia en la paz y en la convivencia».

Por otro lado, la abogada se ha desmarcado de los alias ‘Marxel’ o ‘Bixer’ contenidos en los informes de la Guardia Civil, y que le vincularían con diferentes reuniones con miembros de la organización terrorista ETA. Así, la abogada ha calificado de «extraño o tendencioso» que el Instituto Armado pretenda relacionarle con alguno de esos seudónimos.

NUNCA HA AYUDADO A ETARRAS A ELUDIR LA ACCIÓN DE LA JUSTICIA

En su declaración, también ha negado haber participado o facilitado información referida a atentados o acciones violentos de la banda. De igual forma, Zulueta ha asegurado que en su condición de abogada siempre ha tratado de poner a sus clientes –acusados de pertenecer a ETA– a disposición de la Audiencia Nacional.

«Lo que yo he hecho ha sido traerles a la Audiencia Nacional, algo que he hecho infinidad de veces. Si el cliente pretendía evadir la acción de la Justicia, yo no volvía a tener contacto con él. No voy a negar que habrá quien lo haya intentado pero mi ayuda era traerlos a la Audiencia para que compareciesen ante sus señorías», ha sostenido.

«LO IBA A PASAR MUY MAL SI NO DECÍA LO QUE QUERÍAN»

A la declaración de Zulueta le ha seguido la de Naia Zuriarrain, que a preguntas de su abogada ha confirmado las torturas denunciadas anteriormente. El trato dispensado por la Guardia Civil comenzó a empeorar, según ha denunciado, en el momento en el que fue trasladada a Madrid tras su detención en Bilbao en abril de 2010.

«Después de verme el forense cambia la guardia y vamos con otros cuatro guardias civiles hombres. y en todo el trayecto a Madrid me van amenazando que tengo de tiempo hasta Madrid para empezar a hablar porque en Madrid el trato iba a cambiar, que lo iba a pasar muy mal si no decía lo que querían», ha señalado.

El momento más duro de su declaración ha sido cuando Zuriarrain ha relatado que, en uno de esos interrogatorios varios agentes le dejaron «en bragas y camiseta» y le colocaron unas bandas de «gomaespuma» en los brazos para, después, echarle «agua fría por la cabeza». Además de estos procedimientos, Zuriarrain ha acusado a los agentes de obligarle a aprender una serie de respuestas para ofrecerlas en una declaración policial.

Jon Enparantza, que cumplió condena junto a Zulueta por su integración en el KT, ha negado ser ‘Mik Mik’, el alias con el que le identificaría el informe de la Benemérita. El también abogado ha continuado la línea de su compañera y ha descartado haber formado parte de «ningún aparato» de ETA.

LOS AGENTES ENTRABAN A LA CELDA «EUFÓRICOS Y SALIDOS DE MADRE»

Como Zuriarrain, Enparantza ha denunciado que sufrió amenazas por parte de la Guardia Civil, que le habría enseñado «fotografías» de sus cinco hijos y de su mujer. Además, era consciente de que estaban «torturando» al resto de detenidos por las «referencias» que hacían los agentes, que «entraban a la celda eufóricos y salidos de madre».

«Esos fueron los cinco días que pasé. Ni comí, ni bebí y apenas ni dormí. Al cuarto día me llevaron al hospital porque estaba un poco deshidratado y, al negarme a recibir suero, volvieron a llevarme a la celda», ha relatado.

Por su parte, Iker Sarriegi ha negado que ayudase a integrantes de ETA a huir o esconderse de la Justicia. «Nos venían (al bufete) justo los que querían presentarse ante la Audiencia Nacional», ha explicado, revelando que tendría un total de 200 a 250 clientes dispersos por toda España.

Tras negar su pertenencia a cualquier estructura de la banda, Sarriegi ha dejado claro que nunca ha «conocido o visitado» a Frédéric Haramboure, ‘Txistor’. Una carta incluida en el informe de la Guardia Civil le relacionaría, precisamente, con este preso de ETA que integró el comando itinerante Argala de la banda.

UNO DE LOS ACUSADOS: «NO ENTIENDO QUÉ HAGO EN ESTE JUICIO»

El abogado Julen Celarain, el quinto en comparecer, ha mostrado su «incredulidad» por estar imputado en esta causa cuando hay «tres o cuatro motivos que apuntan en la dirección contraria». En esta línea, ha recordado que en 2008 ya fue «juzgado y condenado por casi las mismas acusaciones» que recaen sobre él. «No entiendo qué hago en este juicio», ha lamentado.

Al igual que algunos de sus compañeros, Saioa Aguirre también ha denunciado torturas. Primero, antes de llegar a Madrid, los agentes le habrían amenazado con dejarle «cinco días desnuda». En su declaración, ha relatado que uno de los agentes le preguntó «si quería ser madre». «Le dije que si y me dijo: Prepárate, porque no lo vas a ser. Ya empiezan los interrogatorios», ha apuntado.

Como en el caso de Zuriarrain, Aguirre ha sostenido que su declaración policial «era falsa» ya que la «escribió la Guardia Civil». «Toda la declaración era mentira. Accedí a aprendérmelo de memoria y lo hice así», ha explicado.

Nerea Redondo, acusada de haber entregado 44.500 euros a otro de los encausados, Juan Mari Jáuregui, –un montante de procedencia ilícita y que tendría como destino último la banda– ha explicado que ese dinero pertenecía a sus ahorros y que se lo entregó a su compañero para evitar que se lo robaran.

«A finales de agosto me iba fuera de vacaciones. Leí que al lado de mi edificio había habido dos robos y al irme fuera con mi compañero decidí sacar de ahí ese dinero», ha justificado Redondo, que ha incidido en que esa suma la habría obtenido trabajando en diferentes labores.

Tras la declaración de los acusados, el juicio se reanudará este miércoles con la declaración como testigos de tres agentes de la Guardia Civil.