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España es el décimo país con las empresas más transparentes

España ocupa la décima posición en el ranking de las empresas más transparentes del mundo, según un estudio realizado por Scope, en el que las compañías occidentales muestran una mayor transparencia que aquellas que operan en origen en el mercado asiático.

A nivel mundial, las empresas tienden a informar de forma más completa sobre las medidas cualitativas de gobernanza y limitan la información que proporcionan sobre los indicadores ambientales y sociales, aunque por lo general, las compañías más transparentes no informan de más de la mitad de las variables esenciales de los criterios Ambientales, Sociales y de Gobierno Cooperativo (ASG).

El informe de Scope se basa en el análisis de las 2.000 mayores empresas del mundo por capitalización bursátil y de cómo informan sobre 414 indicadores individuales de ASG intersectoriales.

Para la clasificación por países de Scope, sólo se han incluido los 23 países que albergaban, al menos, 15 de las empresas de gran capitalización, lo que equivale a un total de 1.820 empresas.

Ocho de los 12 países con la divulgación más transparente, con empresas que informan sobre el 50 y el 54% de los indicadores ASG, son europeos: Reino Unido, Italia, Francia, Suiza, Alemania, Irlanda, Dinamarca y España. En Norteamérica, las empresas de Canadá y Estados Unidos son relativamente transparentes, mientras que en Asia, Tailandia y Corea del Sur albergan las empresas más transparentes.

“La escasa transparencia en la información sobre cuestiones ASG que encontramos entre empresas tan grandes y de alto perfil es un recordatorio de los retos a los que se enfrentan los inversores a la hora de evaluar la sostenibilidad corporativa en ausencia de datos y normas de información estandarizados y acordados internacionalmente”, ha afirmado la responsable de ASG en Scope, Diane Menville, quien señala a las asociaciones del sector privado, la Comisión Europea y la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos como impulsores de los avances más recientes.

Para Menville “la relativa transparencia de las empresas con sede en Europa y Norteamérica muestra cómo la regulación y los mercados de capitales líquidos y eficientes contribuyen, respectivamente, a determinar la calidad, y no sólo la cantidad, de la divulgación de información ASG por parte de las empresas”.

En Europa, la Unión Europea (UE) aprobó en 2014 la directiva sobre información no financiera y sobre diversidad, que insta a las grandes empresas a divulgar datos relacionados con la sostenibilidad, así como la Directiva de Información No Financiera (NFRD) para ayudar a las grandes empresas a divulgar información no financiera de forma más coherente y comparable. En 2017, La Comisión Europea publicó directrices sobre la información no financiera y la taxonomía de la UE sobre el cambio climático.

“Los niveles de información proporcionada de manera voluntaria sobre cuestiones ASG también pueden ser relativamente elevados en mercados eficientes en los que los inversores exigen una divulgación corporativa cada vez más transparente” ha afirmado Menville.

BlackRock, la gestora de activos con sede en Nueva York, ha instado a las empresas a comprometerse a no emitir gases de efecto invernadero para 2050, y ha sugerido que podría retirar de sus fondos de gestión activa a aquellas compañías que no lo hagan.

Menville ha señalado que es muy posible que la normativa sobre divulgación de información ASG en Estados Unidos se endurezca, ya que su Comisión de Bolsa y Valores manifestó el 15 de marzo estar reevaluando sus normas de divulgación con vistas a facilitar “información coherente, comparable y fiable sobre el cambio climático”.

Según la responsable de ASG en Scope hay “grandes lagunas en la divulgación de información por parte de las empresas, que incluyen variaciones significativas entre los sectores no financieros y una amplia divergencia en la cantidad y calidad de los datos comunicados”, ya que a menudo se aporta “una información amplia, pero a menudo poco reveladora, sobre la gobernanza” mientras que la información para lo social “es más limitada” y “desigual para el medio ambiente”.