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Tres profesores de la ULPGC publican un trabajo sobre el programa de apoyo para reducir la ansiedad en abuelos de niños con autismo

 Los abuelos modifican la idea preconcebida de actuar sobre los déficits cognitivos para descubrir las fortalezas de sus nietos

 

Tres profesores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria publican un trabajo titulado ‘Programa de apoyo para reducir la ansiedad en abuelos de niños con trastorno del espectro autista’ en el que se evalúa la ansiedad y la calidad de vida en los abuelos antes y después de la asistencia a una escuela de familia.

El trabajo está firmado por los profesores María del Sol Fortea, José Juan Castro y María Olga Escandell, del Departamento de Psicología, Sociología y Trabajo Social y publicado por la Revista Española de Discapacidad (Redis), que está reconocida con el sello de calidad Fecyt e incluida en diferentes bases de datos y directorios.

La escuela consta de cinco sesiones de dos horas cada una y se analizan los resultados de ansiedad antes y después de la intervención, así como la calidad de vida. Se concluye que las escuelas de familia son una herramienta eficaz para disminuir ansiedad ya que se ofrece a los abuelos un lugar de reunión para compartir experiencias y recibir información real sobre los trastornos del espectro autista.

En el estudio participaron 16 personas de Gran Canaria que asisten a una escuela de familias en un centro sanitario, 10 abuelas y 6 abuelos, de edades comprendidas entre 62 y 70 años. Todos están casados y viven en pareja, salvo dos mujeres, que están viudas, siendo estas las únicas que conviven en el mismo domicilio con sus nietos con autismo. Todos los niños están diagnosticados de autismo, son menores en edad escolar, matriculados en colegios de Educación Infantil y Primaria, y reciben tratamiento psicoeducativo en el centro sanitario donde se realiza la escuela de familias, con una frecuencia de 3-5 sesiones semanales.

Los abuelos de niños con autismo muestran una doble preocupación: porque su nieto “no será como los demás”, y por el impacto del diagnóstico en sus hijos, los padres de los niños. Esta situación genera ansiedad y cambios en la vida cotidiana. Los autores destacan la importancia del papel de los abuelos en una sociedad en crisis como la nuestra, por lo que es imprescindible reforzar los programas de envejecimiento activo.

Cuando los abuelos (y padres) describen el impacto emocional que tiene la presencia de un niño con autismo en la familia, es inevitable contemplarlo desde el ámbito psicoeducativo como una necesidad, por un lado, de recibir apoyo emocional y, por otro, de adquirir herramientas adecuadas para el buen desarrollo de la persona con discapacidad.

Los abuelos llegan a la escuela de familia con ideas tradicionales tales como que las intervenciones diseñadas para los niños debían centrarse en sus déficits (comunicativos, sociales, cognitivos, conductuales…) para superarlos; sin embargo, la escuela pretendía cambiar su visión, y así comenzaron a ver que sus nietos presentan muchas fortalezas que son tanto o más importantes que las limitaciones, y que, con ellas, los nietos superarán muchas barreras. Esta perspectiva se relaciona con la disminución de la ansiedad una vez finalizada la escuela.

Los abuelos informan que han adquirido estrategias eficaces para hacer frente a la situación, mejorando la comunicación y la interacción en general con sus nietos desde que iniciaron su participación en la escuela. Todos ellos coinciden en que acciones como la escuela en la que han participado deberían repetirse de manera periódica y como parte del programa de apoyo que la familia necesita.