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La evolución de la fibra óptica, una historia de 150 años

En la era de la información, la velocidad es una de las más preciadas características de nuestra conexión a Internet. En este contexto, la fibra optica se ha consolidado como parte fundamental en nuestro día a día, puesto que es la forma más rápida de navegar por la Red. Por ello, compañías telefónicas como Yoigo ofrecen atractivas tarifas de fibra óptica con las que disfrutar de la máxima velocidad en casa, incluso con instalación gratuita. 

Pero lo que hoy es una tecnología que nos permite comunicarnos a gran velocidad a través de Internet, resultaba algo difícilmente imaginable hasta no hace mucho tiempo. Actualmente podemos disfrutar de nuestras series o películas favoritas al instante, enviar o recibir archivos de forma prácticamente simultánea o incluso hacer videollamadas de alta calidad de imagen y sincronización, algo impensable años atrás.

Por estos motivos, conviene hacernos varias preguntas para ser conscientes de los avances tecnológicos que han tenido lugar hasta llegar a la fibra óptica que tenemos hoy en nuestro hogar. ¿Cómo se desarrolló? ¿En qué otros sectores se ha aplicado la fibra óptica? ¿Quién dio el primer paso para que, a día de hoy, podamos ver películas en nuestra Smart TV en streaming a través de Netflix sin tener que esperar para su carga?

John Tyndall, contigo empezó todo

Por increíble que parezca, la persona que dio ese primer paso no supo jamás de la existencia de Netflix ni de las Smart TV. Es más, ni siquiera llegó a navegar por Internet. Y es que para hablar de la historia y los orígenes de la fibra óptica tenemos que remontarnos al siglo XIX, en concreto a la década de 1870, y hablar de un físico irlandés. Su nombre era John Tyndall, un científico que realizó un descubrimiento que supuso el primer paso para el desarrollo de la fibra óptica tal y como la conocemos hoy día. 

Tyndall descubrió que la luz podía viajar dentro del agua, un hallazgo que el propio irlandés documentó en diversos estudios que, años más tarde sirvieron a otro físico, el indio Narinder Singh Kapany, para inventar la fibra óptica, un sistema que basaba su funcionamiento en la transmisión de señales de información a través de cables de metal. En sus inicios, se destinó para la obtención de imágenes médicas o de energía solar, no esencialmente para la comunicación.

Todavía había que esperar hasta la década de los 60 para descubrir los beneficios de la fibra óptica en la transmisión de mensajes e imágenes. Los investigadores Charles Kuen Kao y George Hockman afirmaron que las fibras de vidrio y de luz, por su mayor transparencia, ofrecerían mejores resultados que el metal y la electricidad. Con este fundamental paso, se optimizaba el aprovechamiento de esta energía, reduciendo la pérdida de señales en las comunicaciones.

Es en este punto cuando comienza a utilizarse esta nueva tecnología en sistemas de telecomunicación como las líneas telefónicas. El primer paso para acercar a la fibra óptica al uso que nosotros le damos actualmente en nuestra vida cotidiana. 

La consolidación con Payne y Desurvive

Con el paso de los años, los avances científicos desde 1960 se centraron en aumentar todavía más esa transparencia del vidrio que conformaba la fibra óptica. Es así como llegamos a 1980, cuando los científicos David Payne y Emmanuel Desurvive desarrollan en Estados Unidos el amplificador óptico, un dispositivo que permitía aumentar las posibilidades de conexión entre ciudades y reducía su coste de forma considerable.

Este hallazgo suponía que, a través de la fibra óptica, una señal podía recorrer cerca de 250 kilómetros sin perder información. Es un dato que, a día de hoy, nos haría llamar al servicio técnico de nuestra compañía para exigir explicaciones, pero que en aquel contexto suponía un gran avance técnico. ¿Por qué? Pues porque las principales potencias apostaban por las comunicaciones a través de cables transatlánticos que, en su origen, eran de cobre

En su afán por una comunicación más eficaz y rápida, la fibra óptica ofrecía más velocidad y menos dificultades a la hora de su instalación cruzando océanos. Es así como, en 1988, hace solo 31 años, se instaló el primer cable transatlántico de fibra óptica que conectaba Estados Unidos con Gran Bretaña y Francia.

Las ventajas de la fibra óptica

La fibra óptica se ha ganado un especio privilegiado en nuestras telecomunicaciones por las grandes ventajas que aporta en todos los sentidos. No solo a la velocidad en la transmisión de información, sino también por motivos logísticos que facilitan su instalación. Es un material que requiere de poco espacio y, además, es muy ligero, resistente al calor, al frío y también a la corrosión.

Además, resulta totalmente inmune a interferencias de origen electromagnético, y también es insensible a otras señales que pudieran producir algún tipo de perturbación. En este sentido, la fibra óptica, por sus cualidades, ofrece un alto nivel de seguridad. Por un lado, es fácil detectar cualquier intrusión, y también lo es localizar donde se producen interrupciones en la transmisión de señales.

Si además añadimos su resistencia a las distintas condiciones climatológicas, todas estas ventajas convierten a la fibra óptica en el material que más calidad aporta a la transmisión de señales y de información. Un material que, a día de hoy, es el más utilizado por las compañías telefónicas en España para ofrecer conexión a Internet a los usuarios.