'Crimson Desert' es una rara avis tan excepcional como difusa, y por eso no deja a nadie indiferente

Tras varias horas recorriendo Pywel (en este caso en PS5), el nuevo mundo abierto de Pearl Abyss deja claras sus virtudes, pero también confirma ciertos problemas de diseño y dificultad que han marcado su lanzamiento.

Entrar en Crimson Desert estos días es hacerlo con el eco de una conversación que va bastante más allá del propio juego. Durante años, el proyecto de Pearl Abyss se presentó como la gran superproducción coreana capaz de mirar de tú a tú a gigantes como The Witcher 3 (aunque no sea un RPG, sino que tenga elementos RPG) o los grandes mundos abiertos de Rockstar, apoyándose en un músculo técnico apabullante, batallas multitudinarias y una puesta en escena muy cinematográfica. Una narrativa previa que, visto lo visto, ha pesado en el momento de la verdad.

Es un juego notable pero lejos de la revolución que se había insinuado. Coincide el resto de la crítica profesional, que le otorga una media de 78 en Metacritic en los primeros análisis que han salido de la versión de PC. Una valoración que ha enfriado las expectativas y que llegó a provocar incluso una caída cercana al 30 % en bolsa para Pearl Abyss (su desarrolladora) tras levantarse el embargo de los análisis, reflejando hasta qué punto la industria y los mercados daban por hecho una vuelta de tuerca que no ha llegado.

Tampoco ha ayudado el hermetismo de los últimos días, que generó cierta polémica por la gestión de los códigos de consola —con especial suspicacia respecto a la versión de PS5 base, ocultada hasta prácticamente el lanzamiento— y disparó las suspicacias respecto al rendimiento el estándar de hardware más extendido entre los jugadores.

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En Crimson Desert es tan decisivo tanto su mundo fascinante como su diseño áspero

Una vez dentro del juego, sin embargo, es fácil entender por qué Crimson Desert ha generado tanta conversación… y por qué divide tanto. Pywel, el gigantesco mundo abierto que sirve de escenario, impresiona por densidad y escala, incluso probando la versión de PlayStation 5 y, por tanto, asumiendo los compromisos habituales respecto a la versión de PC.

Las ciudades y asentamientos están repletos de NPCs que contribuyen a dar vida al entorno, las panorámicas a lomos de nuestra montura o sobrevolando el mapa dejan estampas potentísimas, y el BlackSpace Engine luce con solvencia en iluminación, físicas y efectos, algo tremendamente meritorio en un motor propio.

La sensación dominante en estas primeras horas es la de estar ante un juego que siempre tiene algo que ofrecer: ruinas por explorar, recursos que recolectar, pequeños eventos, misiones secundarias, sistemas de gestión… El campamento de los Melenas Grises, que vamos ampliando a medida que reclutamos aliados, se convierte pronto en un núcleo jugable con bastante gancho, especialmente si disfrutamos con la progresión lenta, el microgestionarlo todo y ver cómo nuestra base y nuestro grupo crecen con el tiempo.

Ahora bien, esa abundancia de contenido viene acompañada de una filosofía de diseño que no siempre juega a favor de la experiencia. Crimson Desert es un título muy poco dado a explicar las cosas con claridad y tiende a confundir libertad con opacidad. No es raro que el primer parche haya tenido que suavizar incluso hasta el primer puzle, sencillo pero capaz de complicarle la vida a los jugadores que crean que deben hacer más de lo que realmente le otorga solución.

Y sí, no seamos pesados. Desde luego que la idea de no llevar al jugador de la mano suena atractiva, pero en la práctica muchas tareas básicas acaban resultando más enrevesadas de lo necesario, y eso es mal diseño para un juego que quiere abarcar un público masivo. No, no nos engañemos: no es un título de nicho y, por tanto, se le van a exigir cosas necesarias para un título que no es de nicho, por mucho que el streamer de turno te diga que no te fíes de la prensa y sí de él, con una campaña de publicidad detrás de la editora o con códigos del juego que le han proporcionado para sortear.

Con todo, el juego te hace sentir pequeño frente a su mundo, pero a menudo por la vía de lo rocambolesco más que por la del descubrimiento. Hay momentos, incluso en misiones principales tempranas, en los que sabes qué debes hacer, pero no cómo quiere exactamente el juego que lo hagas, y los controles con mando tienen poco sentido, algo que se había advertido desde las pruebas iniciales a las que compañeros críticos pudieron asistir hace unos meses.

Las ciudades de Crimson Desert están muy pobladas
Las ciudades de Crimson Desert están muy pobladas | Fuente: Pearl Abyss

Combate espectacular pese a los claroscuros

En combate, Crimson Desert ofrece quizá su cara más agradecida. El sistema se apoya en bases de acción directa, con ritmos cercanos al hack'n'slash, parrys y esquivas bien integrados y una puesta en escena muy efectista. A medida que se desbloquean habilidades, las peleas ganan variedad y cada nuevo movimiento está claramente pensado para lucir en pantalla, con coreografías espectaculares que aprovechan el despliegue visual del motor.

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En estas primeras horas en PS5, los enfrentamientos contra grupos numerosos funcionan y, cuando el juego apuesta por asedios y batallas multitudinarias, logra momentos emocionantes que recuerdan por momentos a un musou. La dificultad, especialmente en jefes, ha sido uno de los puntos más criticados desde el lanzamiento, y es razonable por los patrones poco legibles, cámaras que sufren en escenarios cerrados, hitboxes cuestionables y un diseño que castiga con dureza. Pero, aun así, que sea desafiante no es un problema.

Sin embargo, el primer parche de Pearl Abyss nerfea determinados jefes, ajusta secuencias QTE, corrige situaciones en las que los enemigos podían atacar mientras el jugador resucitaba y, sobre todo, introduce ayudas más claras en fases como el citado puzle inicial. También se han introducido mejoras de calidad de vida, como la posibilidad de acelerar cinemáticas recientes y una reordenación del menú de habilidades para hacerlo más legible.

El combate de Crimson Desert funciona realmente bien
El combate de Crimson Desert funciona realmente bien | Fuente: Pearl Abyss

En conjunto, Crimson Desert se mueve en un terreno de claroscuros. Su mundo abierto y su combate tienen fuerza suficiente como para enganchar durante muchas horas, y se intuye margen de mejora a medida que Pearl Abyss vaya puliendo aristas con nuevos parches. Sin embargo, algunas decisiones de diseño —desde la forma de comunicar objetivos hasta la estructura de ciertos puzles y enfrentamientos— parecen demasiado arraigadas en la filosofía original del proyecto como para corregirse del todo a base del paso del tiempo.

El choque entre las expectativas casi desmedidas que lo rodeaban y la realidad explica buena parte del debate que se ha generado en torno a su lanzamiento. Crimson Desert se sitúa en ese espacio incómodo en el que conviven momentos épicos y una producción de primer nivel con fricciones constantes que impiden que la aventura se siente, por ahora, en la misma mesa que las obras maestras a las que aspira, pero no evita que sea un título disfrutable para muchos perfiles de jugadores.