El rey Felipe VI "se arrodilla" ante América y pide perdón

Tras el reciente desgaste institucional, donde la nueva mandataria Claudia Sheinbaum vetó la presencia del monarca en su toma de posesión, Felipe VI ha preferido el lenguaje de la cultura y la cercanía para decir lo que el protocolo callaba. Al admitir que existen sombras que hoy no pueden hacernos sentir orgullosos, el Rey tiende una mano que el país azteca ya empieza a valorar como el "primer paso" real hacia la reconciliación total.

Un paso al frente y sin rodeos. Así podemos definir el último movimiento institucional que ha protagonizado la Casa Real española. En una visita que nadie esperaba y que no figuraba marcada en la agenda oficial, el rey Felipe VI ha decidido abordar directamente uno de los temas más delicados y espinosos de nuestra historia en común con América.

Sus declaraciones llegan en un instante absolutamente decisivo para intentar sanar unas relaciones bilaterales con México que llevan demasiados años marcadas por la frialdad, las exigencias públicas y los recientes desencuentros institucionales. Un gesto que para muchos analistas supone que la Corona, simbólicamente, se arrodilla ante las exigencias históricas de América al reconocer por fin que "hubo mucho abuso" y admitir, con una contundencia poco habitual, que el proceso colonizador estuvo empañado por la dureza de los hechos y la falta de ética en el ejercicio del poder. Es, a efectos prácticos, el pedido de perdón más explícito que se recuerda en décadas.

El rey Felipe VI y su inmersión en el legado cultural de la mujer indígena

El rey Felipe VI y su inmersión en el legado cultural de la mujer indígena
El rey Felipe VI y su inmersión en el legado cultural de la mujer indígena | Fuente: Casa de S.M el Rey

Todo ocurrió este mismo lunes recorriendo los imponentes pasillos del Museo Arqueológico Nacional ubicado en Madrid. Allí se expone hasta el próximo 22 de marzo la muestra temporal bautizada como La Mitad del Mundo. La mujer en el México indígena. Se trata de un proyecto de altísimo nivel organizado de forma conjunta entre el Ministerio de Asuntos Exteriores de nuestro país y la Secretaría de Cultura del Gobierno mexicano. El objetivo principal de esta inmensa iniciativa cultural no es otro que usar el arte prehispánico como un puente sólido para volver a unir a dos naciones que han atravesado baches diplomáticos.

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Durante su recorrido por las diferentes salas y vitrinas, la máxima autoridad del Estado no estuvo sola. Contó con la compañía de figuras muy destacadas en este ámbito, como Antón Leis García, actual director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y el reconocido catedrático de Antropología de la Universidad Complutense Andrés Ciudad. También ejerció de gran anfitriona Isabel Izquierdo, la directora del museo. Pero sin lugar a dudas, la charla más trascendental de toda la jornada se produjo caminando junto a Quirino Ordaz Coppel, el embajador de México en España.

Fue precisamente en una conversación con el diplomático, captada en vídeo y difundida posteriormente por los canales oficiales, donde llegaron las declaraciones que han sacudido la actualidad. El jefe del Estado hizo referencia expresa a los intensos debates éticos que rodearon la colonización y no dudó en señalar que las buenas intenciones plasmadas en el papel chocaron con la dureza innegable de los hechos.

En palabras textuales, el rey Felipe VI reflexionó sobre todo este asunto apuntando que: “Ha habido luchas, digamos, controversias morales y éticas en cuanto a cómo se ejerce el poder desde el primer día. Es decir, los Reyes Católicos, con sus directrices, las Leyes de Indias y el proceso legislativo, hay un afán de protección que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende, y hay mucho abuso. Y también, como decía antes, valorar el hecho de que de ese conocimiento, pues nos apreciaremos más”.

Un giro necesario tras varios años de máxima tensión política

Un giro necesario tras varios años de máxima tensión política
Un giro necesario tras varios años de máxima tensión política | Fuente: Casa de S.M el Rey

Para entender de verdad la inmensa magnitud de este gesto tenemos que retroceder en el calendario hasta el año 2019. En aquel momento, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador decidió enviar una carta formal exigiendo a la Corona que pidiera perdón públicamente por los excesos cometidos hace cinco siglos. La decisión de mantener el silencio institucional ante aquella exigencia abrió una profunda grieta que no ha dejado de crecer. La situación alcanzó su punto de mayor desgaste hace apenas unos meses cuando la nueva mandataria, Claudia Sheinbaum, optó por vetar la presencia del rey Felipe VI en su toma de posesión, provocando en respuesta que el Ejecutivo español no enviara a ningún representante oficial a la gran cita.

Sin embargo, el clima tan hostil ha empezado a cambiar de forma muy progresiva. Hace exactamente cinco meses, durante la inauguración de esta misma muestra arqueológica, el ministro José Manuel Albares tendió la primera rama de olivo. El máximo responsable de la diplomacia española admitió de forma pública que los españoles actuaron “injustamente” con los “pueblos originarios” y recalcó un mensaje muy claro asegurando que “justo es reconocerlo y enmendarlo”.

Esa valiosa intervención no cayó en saco roto al otro lado del Atlántico. La propia presidenta Claudia Sheinbaum valoró muy positivamente el discurso asegurando que era un avance “muy importante”, aunque no tardó en matizar que representaba pura y exclusivamente “el primer paso”. La mandataria quiso dejar meridianamente clara su postura de Estado afirmando que “El perdón engrandece a los pueblos, no es humillante. Al contrario, reconocer la historia y los agravios forma parte de ella”.

El claro mensaje que ya lanzó Juan Carlos I en los años noventa

El muro del dinero y la herencia
El claro mensaje que ya lanzó Juan Carlos I en los años noventa | Fuente: Europa Press

Aunque para muchos analistas actuales todo esto parezca una novedad absoluta lo que ha hecho ayer el rey Felipe VI, la realidad nos demuestra que la monarquía española ya había entonado la autocrítica en el pasado. Solamente hay que viajar en las hemerotecas hasta el 13 de enero de 1990 para encontrar un episodio histórico con enormes similitudes. En aquella época, el rey Juan Carlos y la reina Sofía realizaron un importante viaje a la región de Oaxaca para sentarse a dialogar con los líderes y representantes de siete etnias principales. Estaban preparando el complejo terreno para el quinto centenario del famoso encuentro entre dos mundos que se celebraría justo dos años después.

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Frente a todas aquellas comunidades locales, el monarca habló sobre el polémico sistema de encomiendas que se encargaba de repartir a los nativos entre los diferentes conquistadores y colonos. En su firme discurso, el exmonarca recordó a los asistentes que “La Corona de España procuró desde el mismo momento del Descubrimiento del Nuevo Mundo la defensa de la dignidad del indígena”.

Pero de forma inmediata reconoció la crudeza de aquella convulsa época al asegurar ante todos que “Claro que la prudencia y la ecuanimidad de los Monarcas fue, a menudo, lamentablemente desoída por ambiciosos encomenderos y venales funcionarios que, por la fuerza, impusieron su sinrazón”. Esta es una prueba fantástica y evidente de que la reflexión sobre este periodo histórico y sus sombras viene de bastante lejos.

Dejando a un lado el puro debate político, esta significativa visita también ha servido para poner en inmenso valor un catálogo irrepetible de casi 250 piezas espectaculares. Muchas de ellas han cruzado el océano y han sido prestadas por México por primera vez en toda la historia para brillar en una exposición exterior. El montaje ofrece un viaje detallado por la vida cotidiana, la economía, los códigos de indumentaria y la enorme esfera espiritual de las mujeres antes de que los barcos europeos asomaran por el horizonte.