¿Cómo acabó la concursante más famosa de Gran Hermano vendiendo cupones? El giro de Raquel Morillas

Fue una de las caras más reconocibles de Gran Hermano 3. Sufrió un accidente que la dejó marcada de por vida, cayó en la ludopatía y llegó a vivir al día. Hoy, Raquel Morillas vende cupones de la ONCE en la calle y lo llama "lo mejor que me podría haber pasado". Esta es la historia real que nadie te contó completa.

¿Qué sabías realmente de Raquel Morillas después de que las cámaras dejaron de seguirla? La mayoría recuerda a la concursante de Gran Hermano 3 como aquella chica madrileña que protagonizó una de las primeras relaciones lésbicas en la televisión española. Pero lo que pasó después de los platós es mucho más duro, y mucho más honesto, de lo que cualquier portada de revista llegó a contar.

En 2003, mientras se dirigía a un plató de televisión, Raquel Morillas salió despedida por un terraplén de siete metros en la autopista C-32. Diez operaciones después, con el 41% de discapacidad reconocida, sin visión en el ojo izquierdo y con un pitido constante en el oído, su carrera televisiva tocó fondo. Lo que vino después incluye una ludopatía confesa, deudas acumuladas y un punto de inflexión que hoy convierte su historia en algo difícil de ignorar.

Raquel Morillas y el accidente que lo cambió todo

Era el 2 de junio de 2003 y Raquel Morillas viajaba junto a Noemí Ungría hacia el programa Crónicas Marcianas. El descapotable que conducía Noemí salió de la calzada al esquivar otro vehículo y se precipitó por un terraplén de siete metros. Noemí salió con heridas importantes pero manejables; Raquel ingresó en la UCI con traumatismo craneoencefálico, hematoma epidural y fracturas faciales, y estuvo cinco horas en el quirófano.

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Las secuelas fueron permanentes: pérdida de visión en el ojo izquierdo, sordera parcial en ese mismo lado, sinusitis crónica y un pitido que no desaparece. Diez intervenciones quirúrgicas después, Raquel Morillas acumuló una discapacidad oficial del 41%. Una cifra que, paradójicamente, abriría años más tarde la puerta a su trabajo actual.

La ludopatía que Raquel Morillas confesó en televisión

Mientras intentaba reconstruir su vida, Raquel Morillas cayó en la ludopatía. Ella misma lo contó sin filtros en televisión: llegó a gastar 1.000 euros en una mañana jugando a la ruleta. Los ingresos irregulares de colaboraciones esporádicas en platós, combinados con una hipoteca que no podía pagar y un inquilino que le debía más de 11.000 euros, la dejaron literalmente al límite.

"Si tienes de gastos 2.500 euros y cobras 1.200, pues tenemos un problema", resumió ella misma con esa forma de hablar directa que siempre la caracterizó. En 2017 anunció públicamente que llevaba más de un año sin jugar. La recuperación fue lenta, real y sin artificios mediáticos.

El chaleco fluorescente que nadie esperaba ver

En 2019, Raquel Morillas anunció en su canal de YouTube que iba a presentarse a la formación de la ONCE. No lo hizo con drama ni nostalgia. Lo hizo con ilusión. "Estoy deseando que me veáis con el chaleco fluorescente y que me quiten los cupones de las manos", dijo. Aprobó el examen, completó la formación y empezó a vender en la calle.

La discapacidad reconocida por las secuelas del accidente fue el requisito que le permitió acceder a ese puesto. Lo que para muchos podría haber sido una ironía cruel, para ella se convirtió en una oportunidad concreta. Raquel Morillas empezó a publicar en redes sociales los puntos donde estaría cada día para que sus seguidores pudieran acercarse.

¿Qué supone trabajar en la ONCE hoy en España?

ConceptoDetalle
Tipo de contratoLaboral fijo, con convenio colectivo propio
Salario base orientativoEntre 900 € y 1.200 € según jornada y zona
Requisito de accesoDiscapacidad visual reconocida (o ceguera legal)
Beneficios socialesSeguridad Social, prestaciones, formación continua
Estabilidad laboralAlta: la ONCE tiene obligación legal de dar empleo a sus afiliados ciegos
Horario habitualFlexible, con puntos de venta asignados rotativamente

Raquel Morillas hoy: estabilidad, redes sociales y vida propia

Hoy, Raquel Morillas trabaja de forma estable como vendedora de la ONCE y vive junto a su mujer, Noah Soriano. Sigue muy activa en redes sociales, donde informa de sus puntos de venta y comparte su día a día con una naturalidad que sus seguidores valoran. Vendo cupones, es lo mejor que me podría haber pasado porque me lo paso pipa con la gente", ha repetido en más de una entrevista.

En julio de 2025 publicó un mensaje en Instagram reconociendo que a veces todavía le cuesta ver fotos antiguas de su rostro antes del accidente. "A veces necesito ver mi cara normal", escribió. Esa frase, lejos de ser un lamento, es la prueba de que Raquel Morillas no ha necesitado fingir fortaleza para construir una vida digna y real.

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