La 'Finalissima' busca dueño en mitad del caos

​La Finalissima entre España y Argentina queda en suspenso tras cancelarse la sede de Qatar por motivos de seguridad. La falta de presupuesto y las dudas de la selección argentina sobre la fecha comprometen la disputa del partido.

La celebración de la 'Finalissima' entre España y Argentina previsto para el 27 de marzo es hoy un partido fantasma. Lo que nació como el gran duelo intercontinental entre los campeones de la Eurocopa y la Copa América se ha convertido en un problema logístico y político que nadie sabe cómo resolver.

La guerra entre Estados Unidos e Irán ha borrado a Qatar como sede por falta de seguridad, dejando el encuentro en el aire. Sin el dinero qatarí sobre la mesa, el interés por jugar el partido se ha desplomado.

​La incertidumbre se ha instalado en las federaciones implicadas. El escenario es de parálisis total y las opciones que se manejan son, a cada paso, más complicadas. Se estudian tres vías: cambiar el formato a una eliminatoria de ida y vuelta entre España y Argentina, buscar una sede neutral a la desesperada o, la opción que gana fuerza por momentos, suspender el choque definitivamente.

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La tensión ha crecido después de que la RFEF ofreciera el Santiago Bernabéu de forma unilateral. El movimiento no ha gustado nada en Buenos Aires; la AFA se enteró por la prensa de que Madrid era la "sede cerrada" y el malestar de Chiqui Tapia es evidente. Si el partido debe jugarse, la federación argentina no está dispuesta a ceder la localía de forma gratuita ni a aceptar imposiciones desde el otro lado del Atlántico.

​Scaloni no quiere riesgos innecesarios

​En el entorno de la albiceleste, el entusiasmo por la 'Finalissima' es nulo. Lionel Scaloni no ve con buenos ojos medirse a España a pocos meses del Mundial de 2026. Argentina, actual campeona del mundo, tiene mucho que perder y muy poco que ganar en un duelo de este calibre.

Un tropiezo contra la selección de Luis de la Fuente tres meses antes de defender el título mundial en suelo norteamericano sería un golpe moral innecesario. La planificación deportiva de Argentina se basa en la estabilidad y en evitar batallas que puedan dejar cicatrices antes de la gran cita. La idea inicial era jugar este partido un año antes, pero con el calendario actual, el cuerpo técnico argentino prefiere evitar el riesgo de un examen tan exigente que podría empañar el camino hacia el Mundial.

​La crítica al formato es feroz. El peso competitivo de la 'Finalissima' está bajo sospecha desde su creación. Lo que se intenta vender desde los despachos es un título oficial de gran calado, pero la realidad es que se asemeja más a un torneo de exhibición de lujo. Es, en esencia, el 'Ramón de Carranza' de las selecciones internacionales: un torneo de verano que, por caprichos del calendario y la falta de fechas libres, se pretende jugar en marzo. Si un equipo tiene la potestad de decidir si se presenta o no basándose en intereses particulares, es que el torneo, sencillamente, carece de la legitimidad que se le presupone a una competición oficial de la FIFA.

La Selección española jugaría la Finalissima ante Argentina antes del Mundial 2026 de Estados Unidos Fuente: @SeFutbol
La Selección española jugaría la Finalissima ante Argentina antes del Mundial 2026 de Estados Unidos Fuente: @SeFutbol

​Qatar ya no pone ningún dinero y España y Argentina buscan una solución a esta 'Finalissima'

​La geopolítica y la economía han pesado más que el fútbol en este embrollo. Mientras Qatar ponía los millones sobre la mesa para contentar a la UEFA y a la Conmebol, el partido tenía un sentido comercial incuestionable. Ahora que el flujo de dinero ha desaparecido debido al conflicto armado en la región, la relevancia deportiva se ha evaporado de golpe.

Para una de las partes, el compromiso de jugar ya no es una prioridad si no hay un retorno económico garantizado que justifique el desgaste de los jugadores y el riesgo de lesiones. La falta de un patrocinador fuerte que cubra el hueco de Doha ha dejado el proyecto herido de muerte.

​España y Argentina siguen esperando una solución que debe llegar de inmediato para evitar que el ridículo institucional sea mayor. La decisión final depende de las conversaciones de urgencia que mantendrán la UEFA y la RFEF en las próximas horas, tratando de convencer a una Conmebol que se muestra cada vez más esquiva. Lo que iba a ser la gran fiesta del fútbol mundial para coronar al rey intercontinental es hoy un compromiso incómodo, un parche en el calendario que depende más de la política y el presupuesto que de la pelota. El fútbol, una vez más, queda relegado a un segundo plano frente a los intereses externos, dejando a los aficionados con la duda de si alguna vez verán este duelo en el césped o si la 'Finalissima' morirá antes de celebrarse.

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