¿Puede una actriz nominada al Goya acabar gestionando escrituras en una notaría porque el cine español dejó de llamarla al cumplir cuarenta años? Mar Regueras no responde con una hipótesis: lo responde con su propia vida. Y lo que ha contado en los últimos meses dibuja un sistema que no falla por accidente, sino por diseño.
La actriz barcelonesa, que presentó el Grand Prix junto a Ramón García y protagonizó series y películas de primera línea, lleva más de una década sobreviviendo fuera de los platós. No porque haya perdido talento. Sino porque el sector dejó de considerarla visible en el momento exacto en que cumplió cierta edad. El dato es concreto, documentado y tiene nombre y apellidos.
Mar Regueras y el muro invisible que nadie quiere nombrar
Cuando una actriz con candidatura al Goya deja de recibir llamadas de casting de un día para otro, lo lógico sería preguntarse qué ha hecho mal. Mar Regueras se lo preguntó durante años y llegó a una conclusión que no tiene nada que ver con el talento: el problema es el calendario.
A partir de los cuarenta, y con más violencia a partir de los cincuenta, el mercado audiovisual español deja de proyectar a las mujeres como protagonistas de historias reales. No hay un decreto. No hay una reunión donde se vote. Pero el resultado es estadísticamente aplastante: ellos envejecen en pantalla, ellas desaparecen de ella.
La nominación al Goya que no cambió nada
En 2003, Mar Regueras fue candidata al Goya a mejor actriz de reparto por su trabajo en Rencor. Era el tipo de reconocimiento que, en condiciones normales, abre puertas durante años. En su caso, las cerró con una velocidad que ella misma ha definido como incomprensible.
Dos años después de la nominación, el teléfono dejó de sonar. No había escándalo, no había conflicto conocido con productoras ni directores. Solo el silencio progresivo y sistemático que muchas actrices españolas de su generación conocen de primera mano. Un silencio que suena igual en todas sus voces.
De los platós a la notaría: la decisión que nadie debería tener que tomar
Mar Regueras tomó una decisión que pocos en el mundillo se atreven a tomar públicamente: aceptar que el sector no iba a volver a llamarla y buscarse la vida fuera de él. Hoy trabaja en una notaría de Madrid gestionando documentación como cualquier otro administrativo.
No lo cuenta como un fracaso, pero sí como una denuncia pública. Porque la diferencia entre ella y muchos de sus compañeros masculinos de generación es que a ellos les siguen poniendo parejas en pantalla, haciendo series, protagonizando dramas de presupuesto. A sus colegas de cincuenta o cincuenta y cinco años les asignan compañeras de treinta y cinco.
El patrón que Mar Regueras pone sobre la mesa
Lo que hace especialmente incómodo el testimonio de Mar Regueras es que no es una opinión: es un patrón documentable. Ramón García, con quien compartió Grand Prix, volvió al programa con décadas de más encima. A su lado, chicas de treinta años. Nadie lo consideró extraño.
Cuando el Grand Prix regresó a TVE, Mar Regueras no estaba en el cartel. Ella tampoco esperaba estarlo. Pero sí esperaba que el Goya y veinte años de trabajo pesaran más que el año de nacimiento en su DNI. No fue así. Y eso, dice, no es mala suerte: es política de casting no escrita.
| Perfil | Edad en 2023 | Trabaja en ficción | Pareja en pantalla |
|---|---|---|---|
| Ramón García (presentador) | 61 años | Sí (Grand Prix) | Colaboradoras de 30-33 años |
| Actores coetáneos de Mar Regueras | 50-55 años | Sí | Actrices de 35 años |
| Mar Regueras | 53 años | No | Sin proyectos asignados |
| Actrices coetáneas (perfil similar) | 50+ años | Roles secundarios o nulos | — |
Mar Regueras y lo que el cine español aún no ha corregido
Lo que está contando Mar Regueras no es nuevo, pero sí urgente. El debate sobre el edadismo en el audiovisual español lleva años circulando en festivales y mesas redondas sin traducirse en cambios reales en las listas de casting ni en los presupuestos de las productoras.
La única palanca que ha demostrado funcionar en otros mercados, como el británico o el nórdico, es la exigencia de representación femenina por franjas de edad en las producciones financiadas con dinero público. España tiene las herramientas legales para hacerlo. Sin cuotas verificables, el mercado no se corrige solo.

