Lo que debía ser una cena agradable entre dos personas que buscan el amor en el dating show, 'First Dates', terminó convirtiéndose en un enfrentamiento tan tenso que Carlos Sobera se vio obligado a tomar una determinación drástica: interrumpir la velada de forma definitiva. Lucía, una sanadora de 72 años, y Ramón, un empresario jubilado de 73, protagonizaron un encuentro que nació muerto desde el primer minuto y que fue degenerando hasta resultar insoportable para la comensal.
Lucía llegó al programa con mucha fe, asegurando que posee facultades especiales. “Dios me ha dado el don de sanar a la gente. A través de mi fe, se materializa Jesucristo en carne y hueso”, explicaba la mujer, quien además presumía de haber tratado a personalidades de la alta sociedad: “Muchos famosos han pasado por mis manos como la duquesa de Alba”. Por su parte, Ramón entró presumiendo de experiencia vital: “Tengo muchas tablas. Sé cómo conquistar a una mujer”. Sin embargo, nada más verse, la realidad golpeó las expectativas del jubilado. Aunque él la saludó con un “Eres una preciosidad”, ella fue tajante ante las cámaras: “No me gusta su aspecto”.
La falta de caballerosidad dinamita el primer plato en 'First Dates'

La fractura entre ambos se hizo evidente nada más ocupar sus asientos. Sin apenas haber roto el hielo, Ramón lanzó una propuesta económica que Lucía interpretó como un insulto a las formas tradicionales. “20 pavos cada uno. Pagamos a escote porque no estamos para festivales”, soltó el soltero con total naturalidad. Para Lucía, que esperaba un comportamiento más galante, aquel fue el principio del fin. La soltera no ocultó su indignación ante el equipo del programa: “¿Nada más sentarse dice vamos a pagar a medias? Falta de caballerosidad, de educación y de todo”.
El siguiente choque llegó con la religión. Lucía, que se define como “muy católica y muy cristiana”, no pudo tolerar que Ramón cuestionara la institución eclesiástica al afirmar que “La Iglesia se ha convertido en una franquicia”. La respuesta de la sanadora fue inmediata y cargada de reproche: “No me gusta que critique a la Iglesia porque soy muy católica y muy cristiana. He tenido muchas misiones reales con el señor y muchas sanaciones como para que este personaje venga ahora a denigrar a la Iglesia”. Ramón, aunque intentó defenderse diciendo que solo daba su opinión, ya había perdido cualquier oportunidad de conectar con ella.
El comentario anatómico de Ramón que precipitó el final

Lejos de suavizar el tono, el empresario jubilado decidió entrar en un terreno pantanoso al intentar dar una explicación pseudocientífica sobre la función del cuerpo femenino. Tras interrogar a Lucía sobre si era madre, Ramón se lanzó a un discurso que dejó a la mujer totalmente estupefacta. “Aunque no tengas hijos tienes el don de la maternidad dentro de tus células. Yo creo en Dios, y Dios nos ha hecho con dos ojos para mirar, con dos oídos para escuchar, con una nariz para respirar, con unos ojos para mirar, vosotras con unos pechos para amamantar, un chocho para orinar, para hacer el amor y para tener hijos y, aunque estamos comiendo, un agujerito en la parte de atrás para despojar tus alimentos”, sentenció Ramón.
La reacción de Lucía fue de absoluto rechazo y desprecio hacia el comentario. “No es el momento ni en lugar para hablar de estas tonterías, porque parece que estás en la escuela de Primaria”, le recriminó en la mesa. Minutos después, aprovechando la presencia de la camarera Lidia Santos, Lucía desahogó su frustración de forma más cruda: “Cada vez que le digo algo sale con una chorrada gigantesca. Las barbaridades que está hablando”. Mientras tanto, Ramón seguía en una realidad paralela, convencido de que su comportamiento era ejemplar: “He intentado ser sincero, amable, cariñoso y hasta gracioso”.
Carlos Sobera dicta sentencia: "Suspendemos la cena"

Viendo que la situación era insostenible, Carlos Sobera decidió acercarse a la mesa para evaluar el estado de la cita. No tardó en darse cuenta de que Lucía estaba viviendo un auténtico calvario. La soltera fue sincera con el presentador: “Está hablando en términos más soeces que hermosos. No estoy a gusto, no hay ninguna conexión de diálogo, con lo cual no vamos a llegar a ningún lado”. Ante tal nivel de incomodidad, Sobera optó por hacer algo poco habitual en el formato: ofrecerles la libertad de marcharse antes de terminar de comer.
“¿Está resultando desagradable como para que suspendamos la cena?”, preguntó el presentador. Tras la confirmación de la soltera, Sobera dio por finiquitada la velada con una sentencia clara: “Suspendemos la cena y nos vamos, no estamos aquí para sufrir”. Lucía aceptó de inmediato, visiblemente alterada por el encuentro: “Estoy un poco nerviosa porque me ha dejado nerviosa su falta de educación. No me gusta nada, absolutamente nada”.
Lucía y Ramón abandonaron el plató de Cuatro por separado, sin cruzar palabra. Lo más llamativo de la noche fue la incapacidad de Ramón para procesar qué es lo que había ofendido a su cita. Hasta el último segundo, el empresario mostró un desconcierto total sobre su propia actitud: “¿En qué habré metido la pata que hasta incluso se haya podido ofender? No lo he entendido”, se preguntaba mientras se retiraba solo.



