A sus 53 años, la reina Letizia ya no es esa figura que genera curiosidad por su adaptación al protocolo; ahora es el centro de un análisis mucho más realista sobre el poder real que ostenta en Zarzuela. En los pasillos de palacio y en las redacciones especializadas, el debate ha mutado. Ya no se habla de su armario, sino de si su protagonismo es el salvavidas de una monarquía que busca no quedar obsoleta o si, por el contrario, su fuerte personalidad está desdibujando la jerarquía institucional. Para muchos, es el motor de la modernización, la cara visible de causas sociales que antes ni se rozaban, pero esa hiperactividad tiene una lectura doble: ¿está eclipsando a Felipe VI?
Este papel tan activo no pone a todo el mundo de acuerdo. Mientras unos ven a una profesional que ha rescatado la imagen de la Corona, otros ponen el freno y recuerdan que una monarquía no es una meritocracia. El debate está servido: ¿ha tocado techo la reina Letizia o la institución le está cortando las alas?
Los muros de cristal del protocolo y la Constitución que despalzan a la reina Letizia

María José Gómez Verdú, una de las voces de peso en protocolo, tiene claro que, por muy brillante que sea la reina Letizia, hay una pared que no puede saltar. En declaraciones a la revista Lecturas, Gómez Verdú recordaba que “en cuestiones de protocolo y etiqueta, la forma es tan importante como el fondo, y el papel de un monarca no es solo una cuestión de capacidad, sino también de estructura institucional, tradición y percepción pública”. Es una bofetada de realidad para quienes piden más funciones para ella: en una monarquía, el cargo no se gana por talento, sino por linaje.
La experta reconoce que la Reina tiene “una formación impecable, una oratoria pulida y un dominio de los códigos de la representación”, pero eso no cambia las reglas del juego. No importa cuánto sepa o lo bien que comunique, nunca podrá heredar las funciones del Rey. “Nunca podría asumir la agenda del rey Felipe VI. Y no es por falta de preparación, sino porque la Corona no funciona como una empresa donde los roles se intercambian según conveniencia o talento”, sentencia Gómez Verdú.
¿Una agenda demasiado pequeña para tanto potencial?

Frente a la visión rígida del protocolo, surgen voces como la de Ana Polo Alonso. La escritora sugiere en ‘Artículo14’ que la reina Letizia ha conseguido algo casi milagroso: que sectores tradicionalmente republicanos o alejados de la institución, como las mujeres jóvenes de perfil más progresista, la miren con respeto. Sin embargo, este éxito choca con los sectores más conservadores que aún la observan de reojo.
Polo Alonso cree que el diseño actual de sus actividades se queda corto. Aunque destaca su naturalidad y profesionalidad, lanza una crítica constructiva sobre cómo se gestiona su tiempo desde Zarzuela. Según la escritora, la reina Letizia “necesita una agenda mucho más ambiciosa, pero está bien planteada desde una visión más moderna, contemporánea y alineada con el siglo XXI”. La idea de fondo es que la institución debería atreverse a darle retos con mayor calado, aprovechando que es el miembro de la familia real que mejor conecta con la realidad de la calle.
La ropa como el único altavoz político permitido

Pilar Eyre, periodista que conoce como pocos los entresijos de la Casa Real, aporta una visión fascinante sobre cómo la reina Letizia ha tenido que "buscarse la vida" para tener voz propia sin saltarse las normas. Ante la imposibilidad de dar discursos con opinión política, Letizia ha convertido su imagen en un sistema de comunicación cifrado. “Ella discurrió de qué manera podría dar a conocer sus ideas, enviar mensajes de apoyo y dar una opinión para que su papel fuera más que ser simplemente un florero”, explica Eyre en Lecturas.
La solución fue magistral: usar la moda no como adorno, sino como mensaje. “Se le ocurrió a ella y a su equipo de comunicación utilizar la ropa. ¿Y si lo convierto en un activo? Así ha convertido la moda en un lenguaje (...) La Reina nos habla con la ropa. A veces de una forma muy sutil y otras de una manera rotunda”, añade la periodista. Al elegir una marca de una zona en guerra o de una cooperativa de mujeres, la reina Letizia hace política de gestos, algo que su suegra, la reina Sofía, jamás se planteó.
La diferenciación con el pasado es total. En Divinity Pilar Eyre subraya que Letizia ha construido un espacio radicalmente opuesto al de doña Sofía. Mientras la reina emérita mantenía una neutralidad casi absoluta, la actual consorte se moja en temas sociales que antes eran tabú. Según la experta, la reina Letizia “hace un poco el papel de mujer de izquierdas, defiende causas relacionadas siempre con la izquierda, el colectivo LGTBI, las mujeres... Un tipo de actos sociales que la reina Sofía no hacía”.



