Del 12 al 14 de marzo, el artista Gonzalo Borondo (Valladolid, 1989) presenta en el Festival Internacional LuzMadrid la instalación 'Redentora', una pieza de arte contemporáneo creada específicamente para esta cita y concebida como una reflexión sobre la violencia silenciada, el sacrificio y el ritual entendido como encuentro comunitario.
La obra, que cuenta con la colaboración de El Niño de Elche en el espacio sonoro, se levanta en la Glorieta de San Víctor, en la colonia de Pico del Pañuelo del distrito de Arganzuela, construida en 1927 para alojar a los operarios del antiguo Matadero municipal de Madrid.
En el corazón de la propuesta aparece un gigantesco zootropo, el histórico juguete precursor del cine que produce la ilusión de movimiento a partir de imágenes dispuestas en un cilindro giratorio. Gonzalo Borondo transforma este mecanismo óptico en una máquina escénica y arquitectónica que hace girar, de manera simbólica, a víctimas y verdugos sobre el mismo paisaje urbano que en otro tiempo acogió a los trabajadores del matadero. La instalación se presenta como una obra site-specific, pensada en diálogo directo con el barrio, sus edificios y la memoria de un espacio marcado por la presencia de la muerte y el trabajo industrial.
Un zootropo monumental para pensar la violencia que no se ve
'Redentora' se levanta como una estructura de gran tamaño con forma de cúpula, diseñada para establecer un juego de resonancias con las arquitecturas clásicas y, al mismo tiempo, con el universo del juguete. Según ha descrito la poeta Ángela Segovia, en el interior de la pieza "aparece una máquina destinada a producir redención, pero también un juguete gigante, una suerte de zootropo industrial generador de ilusiones ópticas, de magia". La cúpula, añade, "es una edificación hecha con piezas de construcción, muy parecidas a las que usan los niños para jugar", lo que refuerza la tensión entre lo lúdico y lo sagrado, entre lo cotidiano y lo ritual.
En un contexto urbano donde la huella de la muerte ha sido progresivamente borrada u ocultada, Borondo plantea un dispositivo que invita a preguntarse por aquello que permanece fuera de campo. "¿Quién se sacrificó en aquel matadero? ¿A quién se sacrificó? ¿Purificó la sangre de los animales a los tuberculosos que acudían a beberla en los años treinta? ¿O contaminó las aguas del río? ¿Y qué se sacrifica ahora, quién se sacrifica ahora en los procesos mecanizados de los mataderos industriales? ¿Dónde está la sangre que ya no vemos? ¿Dónde está la muerte que ya no vemos?".

La obra propone así una reflexión sobre los procesos de blanqueamiento simbólico que acompañan a la modernidad. La violencia necesaria para sostener ciertas formas de consumo y de ocio, como advierte el propio texto de Segovia, queda relegada a circuitos invisibles. 'Redentora' se sitúa en ese punto ciego e interroga también el papel del arte contemporáneo, un arte no religioso que podría ocuparse de "aquella violencia sin nombre que cada vez está más escondida, más oculta, más aparentemente blanqueada por los procesos civilizatorios de nuestro mundo".
Borondo, entre lo sacro y lo industrial
En 'Redentora' se condensan varios de los ejes centrales de la trayectoria de Gonzalo Borondo: la relación entre lo humano y el paisaje, el diálogo entre lo permanente y lo efímero, la resignificación de los patrimonios y de los contextos históricos a través de intervenciones site-specific. Su trabajo, que comenzó en el ámbito del muralismo y se ha desarrollado en el cruce entre artes plásticas, escultura, música y poesía, busca desvelar narrativas ocultas y ofrecer una mirada alternativa sobre el pasado y el presente de los lugares en los que interviene.
Borondo ha explicado en diversas ocasiones que su infancia transcurrió en el taller de su padre, restaurador de obras de arte sacro, una experiencia que atraviesa de forma directa su obra. En ella aparece de forma recurrente la voluntad de recuperar cierta vocación sagrada del arte, entendida como posibilidad de comunicación con lo divino, pero sin someterse a ningún dogma. Esa tensión se manifiesta tanto en piezas anteriores, como 'Settimo Giorno' o 'Hereditas', como en la propia 'Redentora', donde la cúpula remite a una arquitectura de lo espiritual al tiempo que se construye con materiales industriales y modulares, cercanos al juego infantil.
Y es que Borondo es hoy una de las figuras destacadas del arte contemporáneo europeo. Vive y trabaja entre España e Italia y combina proyectos en el espacio público con exposiciones en instituciones y museos. Desde 2010 ha colaborado con numerosas entidades, festivales y galerías, y ha realizado exposiciones individuales en ciudades como Madrid, Roma, Milán, París o Londres.
Sus instalaciones han viajado a Inglaterra, Francia, Italia, España, Australia, India, Ucrania y Estados Unidos, y sus obras han sido presentadas en espacios como el Urban Nation Museum de Berlín, el MACRO Museum de Roma, el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia, el Marché aux puces de Marsella o la antigua iglesia de San Mattia en Bolonia. Su intervención en el Templo de Chartrons fue adquirida por el Musée d’art Contemporain de Burdeos como parte de su colección permanente.
Académico de número de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce desde 2023, Borondo fue uno de los cinco artistas seleccionados en todo el mundo por la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona para proponer el proyecto del Agnus Dei de la Torre de Jesucristo. Ese mismo año fue recibido por el papa Francisco en la Capilla Sixtina, en un encuentro que reunió a doscientos artistas del panorama internacional.
En paralelo a 'Redentora', el creador trabaja en 'Mater', una exposición individual para el Museo Villa Stuck de Múnich.



