¿Te imaginas ir a tu trabajo sabiendo que puedes sufrir agresiones en cualquier momento? Para muchos médicos y profesionales sanitarios en España, esta situación se ha convertido en una preocupación cada vez más real dentro de su jornada laboral, una preocupación que además se prolonga en el tiempo y que se agudiza cada día más.
Las cifras más recientes muestran que el problema no solo continúa, sino que va en aumento. En 2025 se registraron 879 agresiones a médicos, el dato más alto desde que se recopilan estadísticas hace más de una década. Detrás de ese número hay insultos, amenazas y, cada vez más, ataques físicos.
Lo preocupante es que la violencia no afecta únicamente a los médicos. Enfermeras, personal administrativo y otros trabajadores de centros sanitarios también sufren estas situaciones, que están empezando a convertirse en un problema estructural dentro del sistema sanitario.
Las agresiones físicas a médicos se disparan y preocupan al sector sanitario

Las agresiones a médicos han alcanzado su nivel más alto en España en 2025. Según los datos recopilados por la Organización Médica Colegial, el año pasado se registraron 879 ataques a facultativos mientras estaban trabajando. Esto significa que, de media, se produjo una agresión aproximadamente cada diez horas en el país.
Uno de los datos que más inquieta al sector es el aumento de la violencia física. Cerca de una de cada cinco agresiones registradas implicó golpes, empujones o patadas. Este tipo de ataques se ha disparado en solo un año y refleja un clima cada vez más tenso en consultas, hospitales y centros de salud, donde los profesionales aseguran sentirse más expuestos que nunca.
Las médicas y la atención primaria concentran la mayoría de los ataques

El perfil más habitual de víctima en estos casos tiene un rasgo claro, suele ser una médica que trabaja en atención primaria. Las mujeres sufren casi dos tercios de las agresiones registradas, a pesar de que representan algo más de la mitad de los médicos colegiados. Esta diferencia confirma una tendencia que se repite año tras año.
Los centros de salud y los servicios de atención primaria también concentran la mayor parte de los incidentes. Casi seis de cada diez agresiones se producen en estos espacios, donde el contacto directo y continuo con pacientes y familiares aumenta las posibilidades de conflicto, especialmente en contextos de saturación asistencial o largas esperas.
Cada vez más agresiones terminan en bajas laborales y consecuencias para el sistema sanitario

Las agresiones a profesionales sanitarios no solo afectan a quienes las sufren directamente. Una parte importante de estos episodios termina teniendo consecuencias laborales y asistenciales. Según los datos más recientes, alrededor del 13% de las agresiones a médicos registradas en 2025 acabaron provocando una baja laboral del profesional agredido.
Esto tiene un impacto directo en el funcionamiento del sistema sanitario. Cuando un médico o cualquier otro profesional sanitario se ve obligado a ausentarse tras una agresión, las consultas se retrasan, aumenta la carga de trabajo para el resto del equipo y la atención a los pacientes puede verse afectada. Por eso, desde el sector sanitario insisten en que frenar la violencia en hospitales y centros de salud no solo protege a los trabajadores, sino también a la calidad de la asistencia que reciben los ciudadanos.
Un problema que también afecta a otros profesionales sanitarios

Aunque los médicos son quienes más denuncian este tipo de episodios, la violencia en el ámbito sanitario va mucho más allá. Enfermeras, celadores, personal administrativo e incluso trabajadores de seguridad también se enfrentan a insultos, amenazas y agresiones dentro de hospitales y centros de salud.
Distintos estudios advierten además de que la realidad puede ser aún más grave de lo que reflejan las cifras oficiales. Muchas agresiones nunca se denuncian porque algunos profesionales consideran que no servirá de nada, desconocen el procedimiento o han llegado a normalizar este tipo de situaciones como parte de su trabajo.
La violencia contra los sanitarios no es solo un problema laboral. También afecta a la calidad de la atención (por aquello de que “por uno pagan todos”), al clima dentro de los centros médicos y al bienestar de quienes trabajan en ellos. Visibilizar lo que ocurre en consultas y hospitales es un primer paso para cambiar la situación y recordar algo que a veces se olvida, quienes nos cuidan también necesitan sentirse seguros mientras hacen su trabajo.



