"Esa infidelidad me destrozó": Irene Rosales se rompe en ‘De viernes’ al confesar lo que sufrió con Kiko Rivera

La imagen de mujer sumisa y silenciosa que proyectaba Irene Rosales parece haber quedado definitivamente en el pasado. En una de sus intervenciones más esperadas, se ha sentado en el plató de ‘De viernes’ para abrirse en canal.

Olvídate de la imagen de Irene Rosales como esa mujer que siempre callaba y aguantaba todo detrás de su marido. Lo que vimos en el plató de Santi Acosta y Bea Archidona en 'De viernes' fue a una persona agotada de ser el blanco de las humillaciones. Irene ha decidido que ya no le debe nada al silencio, especialmente después de que Kiko Rivera soltara dardos en televisión que la dejaban a ella en mal lugar. "Esa infidelidad de Kiko me destrozó. Creo que hizo mucha mella en nuestro matrimonio", expresó.

La vida de Irene ha sido una carrera de obstáculos desde que entró en el clan Pantoja. Empezó perdonando deslices, luego imprudencias verbales y acabó cargando con una mochila emocional que no le correspondía. Ahora, separada del padre de sus hijas, ha querido poner los puntos sobre las íes. No busca revancha, pero sí respeto.

Irene Rosales: De la timidez de una niña al miedo por ser "la novia de"

Irene Rosales: De la timidez de una niña al miedo por ser "la novia de"
Irene Rosales: De la timidez de una niña al miedo por ser "la novia de" | Fuente: Telecinco

Irene Rosales recuerda sus inicios con una mezcla de nostalgia y vértigo. Entró en el círculo de Kiko siendo muy joven, una trabajadora nata que no sabía dónde se metía. “Yo conozco a Kiko con veintidós años. Era prácticamente una niña, que estaba descubriendo un mundo, por así decirlo, muy alegre, muy simpática, muy trabajadora. He trabajado en absolutamente todo y es verdad que yo soy muy tímida”, confesó. Ese paso de ser una persona anónima a estar en el ojo del huracán le costó un año de dudas. Tenía pánico a que su vida se volviera pública de la noche a la mañana.

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Aun así, el carisma de Kiko la terminó ganando. Él la buscaba al trabajo, se la llevaba a Portugal o al Rocío y pasaban horas al teléfono. “Kiko es superdivertido, muy atento. Teníamos conversaciones diarias, nos llevamos horas y horas hablando y ya cuando me di cuenta, dije: ‘Estoy metida dentro, ya no puedo ocultarlo’”, relata sobre esa etapa.

El drama de la cárcel y su relación con la "mamasuegra"

La entrada de Isabel Pantoja en prisión fue, seguramente, el bautismo de fuego de Irene Rosales. Le pilló embarazada y con un Kiko Rivera totalmente hundido. “Kiko estaba fatal. De hecho, yo creo que ha sido el peor momento de su vida, sin lugar a dudas”, explica. Ella se convirtió en su único refugio mientras él pasaba el calvario de las visitas semanales a la cárcel. A pesar de todo, Irene Rosales mantenía una relación excelente con la tonadillera, a la que llamaba cariñosamente “mamásuegra”.

Para Irene, Isabel es una mujer de armas tomar, de las que no dan el brazo a torcer fácilmente. “Es una mujer con muchísimo carácter y que va con su verdad hacia adelante, la tenga o no, con sus razones hacia adelante o no”, la define. Aun así, guarda recuerdos tiernos de la salida de prisión, con Isabel regalando bolsitos cosidos por ella misma y baberos para su nieta. Pero ni el cariño de la suegra pudo frenar lo que se venía encima en el terreno personal.

La traición más dolorosa mientras despedía a su madre

La traición más dolorosa mientras despedía a su madre
La traición más dolorosa mientras despedía a su madre | Fuente: Telecinco

Si hay algo que a Irene Rosales le llena de nostalgia es recordar cómo su marido le falló cuando más lo necesitaba. No todas las infidelidades pesan lo mismo, y hay una que le rompió el alma. Ocurrió justo cuando su madre estaba muriendo. Irene estaba volcada en el hospital y se enteró de que Kiko estaba “tonteando” con la camarera de un bar que él mismo había abierto. “Ahí sentí que él, que era la persona que tenía que estar a mi lado, me tenía que estar ayudando, pero al final yo estaba viendo que él buscaba una escapatoria y eso me partió el alma. Esa fue de las peores. Eso me destrozó”, confiesa.

Kiko nunca le dio una cifra exacta de sus engaños, simplemente admitía que había “metido la pata”. Y ella, por intentar salvar la familia, aplicaba la técnica del borrón y cuenta nueva. “Si yo decía que lo perdonaba, perdonaba con todas las de la ley”, explica, aunque reconoce que eso la volvió una mujer insegura. “He sido una persona a la que constantemente le han sido infiel. Puedes llamarlo tonta o puedes llamarlo como me han escrito infinidad de veces: cornuda. Y es muy duro”, admite.

El tema de las adicciones de Kiko fue otro de los grandes muros que Irene tuvo que derribar. Llegó un punto en el que el comportamiento de él era, en palabras de la propia Irene, “inhumano”. Ella no pudo más y le plantó cara con las maletas preparadas: “O me dice la realidad de lo que hay o cojo las maletas y me voy de mi casa”. Kiko terminó confesando, pero Irene le puso una condición innegociable: tenía que contárselo a su madre.

La reacción de Isabel Pantoja fue un “disgusto monumental”. Según Irene Rosales, la cantante no quiso ver al principio la gravedad real del problema y pensaba que con unos días en el Rocío y quitando un par de amistades se solucionaría todo. Pero no fue así. Fue un proceso larguísimo de psiquiatras, psicólogos y miedo constante. Irene solo empezó a respirar cuando vio que Kiko volvía a disfrutar de sus hijas sin buscar escapes artificiales.

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El vacío de una madre que ya no está

A pesar de todos los problemas con Kiko, lo que realmente tiene a Irene Rosales emocionalmente mal hoy en día es la ausencia de su madre. Durante años se centró tanto en arreglar la vida de los demás que se olvidó de vivir su propio duelo. Ahora que las aguas están más calmadas con Kiko, es cuando el silencio de su madre más le atrona. “Me siento vacía. Vacía. Huérfana. Y yo mal, el yo pasar un mal momento y no tener el teléfono de levantar y decir: 'Voy para allá y hablo'”, confiesa.

Irene se ve reflejada en su madre, a la que define como una “jabata” que sufrió los problemas de toda la familia antes que los suyos propios. Siente que ha heredado ese papel de sufridora profesional, un desgaste emocional que ahora le pasa factura.