El filósofo y ensayista surcoreano nacionalizado alemán Byung-Chul Han es considerado hoy en día uno de los pensadores más influyentes, por lo que sus lecciones y reflexiones deben ser tenidas muy en cuenta. En este caso aboga por un pensamiento crítico a la hora de valorar cómo nos comportamos con nosotros mismos.
El experto asegura que hoy en día "no nos explotan desde fuera", sino que somos nosotros mismos los que "nos esclavizamos voluntariamente". Explica su postura al mismo tiempo que reivindica la importancia de seguir una vida más contemplativa y lejos de la lógica de producción constante que domina en la actualidad.
BYUNG-CHUL HAN Y LA AUTOEXPLOTACIÓN
El filósofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han fue muy claro durante su intervención hace unos años en el Paraninfo de la Magdalena, en Santander. El pensador fue protagonista en el ciclo cultural "En Contexto" de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en una cita que coincidió con el décimo aniversario de su popular ensayo La sociedad del descanso.
En su intervención dejó claro su pensamiento, en el que dejó clara su crítica a la sociedad actual en la que vivimos: "Hoy la gente se explota a sí misma voluntariamente, creyendo que así se realiza. Esta frase muestra la manera en la que funciona el poder en la actualidad.
Durante mucho tiempo, la explotación se vinculaba de manera directa con la existencia de un jefe autoritario o una estructura laboral en la que se exigía un mayor desempeño. Sin embargo, el neoliberalismo ha ido más allá, tal y como sostiene el propio Byung-Chul Han.
El pensador asegura que ahora las personas han interiorizado esa presión, hasta el punto de que se produce lo que denomina una autoexplotación. Cada uno es su propio supervisor, exigiéndose a sí mismo más productividad, rendimiento y actividad.
Tras estos pensamientos se encuentra la creencia de que es necesario hacer un esfuerzo constante para poder llegar a alcanzar el éxito personal y profesional, y sentirse así realizado.
BYUNG-CHUL HAN ASEGURA QUE EL MÓVIL ES EL NUEVO 'LÁTIGO' DEL TRABAJADOR

Byung-Chul Han, que insiste en la importancia de escucharse a uno mismo sin ruido exterior, explica la autoexplotación haciendo un símil con el antiguo látigo con el que se azuzaba a los esclavos. Este elemento, en su opinión, ha evolucionado hasta pasar a ser el teléfono móvil que llevamos en nuestro bolsillo.
Este dispositivo simboliza la conexión permanente con el trabajo, las tareas y las expectativas a nivel social. Por su culpa, la sociedad actual tiene mayores problemas para poder desconectar, viviendo así en un estado de actividad constante.
Ya no parece haber lugar para la relajación, ya que constantemente se revisan correos, se responden mensajes, se crea contenido, etcétera. Todo ello se percibe falsamente como libertad, cuando realmente es una forma de presión permanente.
El pensador surcoreano explica que la obsesión por el rendimiento genera agotamiento mental, ansiedad y sensación de insuficiencia. Además, asegura que cuanto más creemos realizarnos mediante la productividad, más nos agotamos intentando demostrar nuestro valor.
LA OCIOSIDAD SEGÚN BYUNG-CHUL HAN

Frente a esta lógica que rodea al rendimiento, la propuesta de Byung-Chul Han durante su intervención en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo era la de recuperar la ociosidad, que asegura que es "el fin último de la humanidad.
En lugar de entenderla como una pereza improductiva, el filósofo considera que es necesaria para fomentar el pensamiento, la creatividad y la contemplación. Desde esta perspectiva, pararse a contemplar la naturaleza, leer o disfrutar de una siesta ha pasado a ser un acto casi revolucionario.
De esta forma, se puede romper con la lógica que hoy en día domina la sociedad, y que parece que solo mide la vida en términos de productividad.
LA POLÍTICA DEL DESCANSO DE BYUNG-CHUL HAN

Mientras Gregorio Luri insiste en que no hay que obsesionarse con la felicidad, la reflexión de Byung-Chul Han trasciende al ámbito personal y plantea una dimensión cultural y política. En su opinión, una sociedad obsesionada con el rendimiento como la actual termina por perder el lenguaje de la contemplación.
Es por ello que reivindica la poesía como una forma de "ociosidad lingüística", un uso del lenguaje que busca la belleza y la reflexión y no la utilidad inmediata. El pensador surcoreano explica que, en un mundo en el que todo parece encaminado a buscar resultados, dedicar tiempo a lo inútil es una forma de recuperar la humanidad.





