The Kooks merecen un lugar más grande en la historia del indie. Fundada en 2004, la banda encabezada por Luke Pritchard ha sido ignorada por la historia, arropada por los clásicos de grupos como The Strokes, Arctic Monkeys o Franz Ferdinand. Sin embargo, tienen una colección de canciones impecable, que incluye un par de clásicos indiscutibles, y tienen suficiente presencia en el escenario para competir y, por momentos, opacar a cualquiera de sus contemporáneos.
Por eso no debería sorprender la facilidad con la que colgaron el cartel de "agotado" en sus conciertos de La Riviera en Madrid, la Razzmatazz en Barcelona y la sala Flamingo de A Coruña. El grupo, en sus 20 años de trayectoria, ha cultivado una base de fanáticos entregados que han acompañado cada una de las canciones de un setlist que, aunque en teoría debe promocionar su disco más reciente, 'Never/Know', repasó algunas de sus canciones más recordadas.
Pero incluso antes de que los de Pritchard tomaran el escenario, el público ya estaba emocionado. Los teloneros, el grupo irlandés Girl In The Year Above —una banda joven con muchas ganas de devorar el mundo, encabezada por Jennifer Ball, una vocalista con una voz que recuerda a figuras como Florence Welch o Dolores O'Riordan— dejaron a los presentes con ganas de escuchar más, aunque de momento solo pueden esperar a que vuelvan a pasar por Madrid.

CARISMA Y CANCIONES DE CULTO
A estas alturas, The Kooks pueden cómodamente asumir su papel de banda de culto. Aunque para los no iniciados puedan parecer un grupo con un par de canciones recordadas, en vivo dejan claro que son uno de los grupos clave de su generación en el indie. Aunque entre la presentación de Girl In The Year Above y la siempre explosiva 'Sofa Song' ya el público estaba enchufado, fueron más que capaces de mantener los ánimos en su nivel más alto.
'Always Where I Need to Be', 'Eddie's Gun' y 'Stormy Weather' completaron una seguidilla de temas pensados para que el público empezara a saltar y bailar. Desde un principio, la banda manejó a la audiencia a su gusto, que acompañó los coros y también los "aaa" y "ooo" de la banda, con la guitarra de Hugh Harris sirviendo como hilo conductor y permitiendo al vocalista liberarse y cumplir su función como frontman.
Ayudó que el sonido fuera impecable. Desde el principio fue fácil entender al vocalista, con todo y su acento, pero también sirvió para que las canciones donde dejan pasear a los sintetizadores sonaran diferentes; en particular canciones como 'Westside' o 'Sweet Emotion', que dejan salir un sonido más funk de la banda que han desarrollado con los años de estudio y carretera. En el camino, Pritchard tomó su guitarra y asumió los solos de temas como 'Sunny Baby' o 'Junk of the Heart', dos de las canciones mejor recibidas por el público.
EL LADO EMOCIONAL DE THE KOOKS
Lo cierto es que la banda no es solo canciones de indie rock bailables y explosivas, y eventualmente dejan salir las guitarras acústicas con temas como 'See Me Now' o 'Seaside', junto a una versión de 'Taking Pictures of You' que no estaba incluida en el setlist, sirviendo para mostrar un lado distinto del grupo y también para que el público se sumara a la voz de un Pritchard que a estas alturas ya tenía seducidos a los presentes.
En particular, la interpretación de 'See Me Now' fue un momento profundamente emocional. El vocalista relató que la canción fue escrita para su padre, que falleció cuando él tenía apenas tres años, dejándole solo su guitarra acústica y su colección de discos. Interpretada detrás de un piano, es una canción que acaban de relanzar con un sencillo en vivo grabado en el O2 Arena de Londres, y que la banda acepta que ha recuperado tras años en los que habían decidido no tocarla.
BAILAR, BAILAR Y BAILAR
Pero tras este tramo en el que el grupo decidió reducir las revoluciones, volvieron a su ritmo normal. El tramo final del concierto, desde 'Shine On' hasta la icónica 'Naive', se presentó como una excusa para bailar, saltar y cantar a todo pulmón. Lo cierto es que el cierre con 'Naive' fue un momento apoteósico para la banda y para el público.
20 años de carrera son un logro importante para cualquier banda. Hacerlo con un público tan entregado como el que tienen los de Brighton es un pequeño milagro. Su presentación en La Riviera solo demostró que su generación del indie tiene un lugar especial en la memoria de los fanáticos millennial, y que no es casual que puedan sumar otro concierto en la capital como parte de la programación de Noches del Botánico, el cual apunta a volver a agotarse.




