La retirada de Netflix de la puja por Warner Bros. Discovery ha despejado el camino para que Paramount Skydance se convierta en la propietaria de uno de los mayores conglomerados audiovisuales del planeta.
Tras meses de guerra de ofertas, el consejo de administración de WBD comunicó formalmente a Netflix que la propuesta de Paramount, en torno a los 31 dólares por acción y más de 100.000 millones de dólares incluyendo deuda, se consideraba una oferta superior. Netflix decidió no igualar esa cifra al considerar que el acuerdo dejaba de ser financieramente atractivo (y a la falta de apoyos, por cierto) y anunció que no aumentaría su propuesta, lo que supuso, de facto, su salida de la carrera por Warner Bros. Discovery.
La operación todavía debe superar el voto de los accionistas de WBD y el escrutinio de los reguladores en Estados Unidos y Europa, pero el tablero ya ha cambiado. El nuevo conglomerado agrupado bajo el paraguas de Paramount controlará de forma simultánea Warner Bros. Pictures, HBO, la plataforma Max, DC Studios, los canales de televisión básicos o la división de videojuegos WB Games.
HBO Max y el prestigio televisivo
Uno de los activos más codiciados que pasaría a manos de Paramount es HBO, junto a la plataforma Max. La marca HBO se ha convertido durante décadas en sinónimo de prestigio y buen hacer televisivo, con series como Los Soprano, The Wire, Juego de Tronos, Succession o True Detective como estandartes de una forma de entender la ficción seriada basada en la autoría y la calidad.
La operación llega, además, tras años de convulsión en la propia Warner Bros. Discovery, con cambios de rumbo en la estrategia de Max (y de su nombre) y una sensación de crisis de identidad que ha alimentado el debate sobre el futuro de HBO como sello diferenciado.

Por delante, un calendario que aspira a ofrecer una producción del universo Juego de Tronos cada año, alternando entre La Casa del Dragón, El Caballero de los Siete Reinos y futuras derivadas, a lo que se suma la anunciada serie de Harry Potter en formato televisivo. Integrar ese plan en la arquitectura de Paramount+ y los canales lineales de la compañía multiplica las opciones de ventanas de explotación, reestrenos y sinergias de marketing cruzado.
La gran incógnita será el grado de autonomía que mantenga HBO bajo el paraguas de Paramount. Mientras Netflix se veía obligada a alquilar contenido estrella como Friends por cifras millonarias para retenerlo un año en catálogo, convirtiendo a HBO y Warner en suministradores externos, Paramount pasaría a controlar directamente ese arsenal creativo.
Un catálogo de cine tremendo para Paramount
En cualquier caso, si el frente televisivo es decisivo, el impacto más visible a ojos del gran público puede llegar por el lado del cine. Warner Bros. es depositaria de uno de los catálogos más valiosos de la historia de Hollywood, desde clásicos como Casablanca o El mago de Oz hasta sagas contemporáneas como Harry Potter, The Matrix o las nuevas adaptaciones de Dune, pasando por fenómenos recientes como Barbie o el denominado MonsterVerse de Godzilla y King Kong.
Paramount, que ya cuenta con franquicias consolidadas —Misión: Imposible, Star Trek, Transformers, Top Gun—, abarcaría de inmediato casi todas las etapas del cine comercial moderno. El efecto inmediato sería doble. Podemos esperar un refuerzo de su posición en salas, con la posibilidad de articular estrenos globales que combinen marcas tradicionales de Paramount con IP de Warner bajo estrategias coordinadas, así como la transformación de su plataforma de streaming, Paramount+, en un repositorio con capacidad de competir, ya sea junto a Max o no.

En clave económica, Warner ha demostrado en los últimos años la capacidad de explotar una y otra vez propiedades como Harry Potter, tanto en cines como en parques temáticos, teatro, televisión y videojuegos. Paramount podrá orquestar, desde un mismo grupo, una nueva ola de contenidos transmedia basados en ese material, con el legado de directores como Christopher Nolan, Clint Eastwood o Stanley Kubrick, y universos como El conjuro o Mad Max incluidos.
DC, Looney Tunes y un arsenal de franquicias para televisión y videojuegos
El otro gran bloque que Paramount se jugaría en esta operación es el universo de propiedades intelectuales de Warner, con DC Studios a la cabeza. Todo lo relacionado con Batman, Superman, Wonder Woman, Aquaman y el resto de la mitología del Universo DC pasaría a integrarse en la estrategia del grupo, en un momento especialmente delicado, con el nuevo DCU diseñado para desplegarse a diez años vista. El plan incluye películas, series como Lanterns, animación y proyectos derivados.
Más allá de los superhéroes, tenemos a los Looney Tunes, Tom y Jerry, Scooby-Doo, las producciones clásicas de Hanna-Barbera y décadas de contenido de Cartoon Network —de El laboratorio de Dexter a Hora de aventuras— que ha alimentado generaciones de espectadores y que, históricamente, ha resistido la rotación de catálogos de plataformas. Para Paramount, que ya opera con marcas infantiles como Nickelodeon, la integración de ese material permitiría reforzar su oferta para el público familiar y juvenil, así como desarrollar nuevas explotaciones cruzadas.
No nos olvidemos tampoco de series como Friends o The Big Bang Theory ni, por supuesto, de la división de videojuegos WB Games ha concentrado sus esfuerzos de los últimos años en un puñado de franquicias de gran tamaño de aquí a finales de década. Hogwarts Legacy, Mortal Kombat, las IP de DC, LEGO Batman... Casi todas ellas con ventas multimillonarias.



