El partido contra el Burgos fue el fiel reflejo de lo que es hoy el equipo aragonés. El Real Zaragoza quiere, pero no puede. No es solo una cuestión de ganas, es que al grupo no le da para más. Durante el encuentro se vieron fallos constantes en los pases, controles que se escapaban y decisiones equivocadas en los momentos clave. El gol de Appin para el Burgos fue la puntilla para un Zaragoza que jugó con muchos jóvenes y suplentes, pero que nunca dio sensación de poder remontar.
La situación en la tabla es crítica y la desventaja con la zona de salvación podría subir hasta los nueve puntos. El proyecto que se retocó en enero no ha dado los resultados esperados y el pesimismo se ha instalado en el vestuario. El equipo ha perdido esa chispa que tuvo al principio con Rubén Sellés y las lesiones de jugadores importantes han terminado por rematar a una plantilla que parece hundida anímicamente. El Burgos, sin hacer un partido brillante, supo jugar sus cartas y llevarse tres puntos que dejan al Zaragoza en la tumba.
La grada estalla contra los dueños ausentes del Real Zaragoza
Lo más grave no ocurrió solo en el césped, sino en las gradas y en los alrededores del estadio. El zaragocismo ha dicho basta. Durante todo el partido, los gritos de "dimisión" fueron constantes. La afición señaló directamente al palco, donde solo estaban Fernando López y Guzmán Pérez-Ayo. Ninguno de los grandes propietarios del club dio la cara en un momento tan delicado, algo que ha indignado todavía más a los seguidores. La sensación de abandono por parte de la propiedad es total después de cuatro años de gestión.
Al terminar el choque, la tensión subió de tono. Un grupo de aficionados esperó la salida del autobús del equipo y la situación se volvió violenta. Hubo insultos, cánticos y hasta se rompieron algunas lunas del vehículo tras el lanzamiento de objetos. La policía tuvo que intervenir para evitar que los incidentes pasaran a mayores. El sentimiento de la calle es claro: el problema no está solo en los jugadores o en el entrenador, sino en una directiva que ha dejado morir al club lentamente.
Rubén Sellés, sentenciado
Con este panorama, la continuidad de Rubén Sellés es imposible. El técnico está sentenciado y el club ya busca un sustituto para intentar un milagro de última hora. Se barajan nombres como el de JIM para tomar las riendas de forma inmediata, aunque no se descarta una solución provisional con gente de la casa. Sellés no ha dimitido, pero sabe que sus horas en el club están contadas tras una racha de resultados que ha destrozado cualquier esperanza de tranquilidad.

El otro gran cambio se espera en la dirección deportiva. Txema Indias saldrá del club de forma inminente y el nombre elegido para sustituirle es Lalo Arantegui. Lalo es el favorito de una parte de los dueños por su pasado en el club y su conocimiento del entorno. Aunque actualmente dirige su propia agencia de representación, su círculo cercano asegura que solo dejaría su trabajo actual por volver al Zaragoza. Su presencia en el estadio este sábado se interpretó como una señal clara de que su regreso está muy cerca.
Un futuro incierto para el Real Zaragoza camino de la Primera RFEF
El Real Zaragoza se encamina hacia la mayor deshonra de su historia. Bajar de la liga profesional sería un golpe del que costaría mucho recuperarse. La propiedad busca ahora una reacción desesperada, pero muchos piensan que los cambios llegan demasiado tarde. El club necesita una reconstrucción total, no solo de nombres, sino de actitud. Mientras los dueños siguen sin aparecer por la ciudad, el equipo se desangra cada jornada que pasa.
Las próximas horas serán clave para el futuro de la entidad. Se esperan reuniones de urgencia para hacer oficiales los despidos y las nuevas llegadas. Sin embargo, el daño ya está hecho. El Zaragoza es hoy un club a la deriva, con una afición rebelada y unos jugadores que no encuentran el camino. La derrota contra el Burgos ha puesto un clavo más en la tumba de un equipo histórico que ve cómo el fútbol profesional se le escapa de las manos por culpa de una gestión deficiente.
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