Existe un lugar en el corazón financiero de la capital que se ha convertido en el epicentro de las miradas por albergar a lo más selecto del panorama televisivo. Se trata de una sala que supera los 1.000 metros cuadrados y que ha servido de oficina nocturna para rostros tan potentes como el de Kiko Matamoros y el de la propia hija de Terelu Campos, Alejandra Rubio. En este rincón de la ciudad, el lujo no es una opción, sino el estándar mínimo para quienes buscan una experiencia VIP.
Desde la irrupción de fenómenos como La isla de las tentaciones, el ocio nocturno madrileño ha dado un giro radical. Los empresarios del sector han visto en los concursantes de estos formatos un imán perfecto para atraer clientela. No es extraño ver reservados con botellas de alta gama y zonas blindadas para estas nuevas celebridades que reciben un trato preferente. En este escenario, ciertas discotecas se han posicionado como los puntos de encuentro obligatorios para los protagonistas de Telecinco.
El pasado de Kiko Matamoros en la noche madrileña antes de la televisión

Durante mucho tiempo, el nombre de Kiko Matamoros estuvo indisolublemente ligado a la marca Oh My Club. El veterano colaborador, que actualmente tiene 69 años, desempeñó un papel fundamental para que este local se convirtiera en un punto de peregrinación tanto para turistas como para residentes que buscaban lo más granado de la noche madrileña. Sin embargo, esta relación laboral llegó a su fin en el año 2020. No fue una decisión del propio Kiko, sino que la gerencia del establecimiento optó por prescindir de sus servicios de relaciones públicas.
El motivo detrás de esta ruptura contractual no tuvo nada que ver con el rendimiento, sino con una cuestión meramente económica. El equipo completo de relaciones públicas, que estaba encabezado por los amigos más cercanos de Kiko Matamoros, salió de la empresa debido a que sus emolumentos eran inasumibles para el Grupo Salamandra. Mantener a estas figuras mediáticas suponía un desembolso que la sala de fiestas ya no podía sostener. Las cifras que se manejaban eran considerables: Matamoros percibía un presupuesto mensual de 4.000 euros, una cantidad llamativa pero inferior a los 8.000 euros que cobraba su compañero de equipo, Rafa de Gonzalo.
Publicidad en televisión y el paso de Alejandra Rubio
La labor de Kiko Matamoros no se limitaba a estar presente en la sala. En numerosas ocasiones, el colaborador aprovechó su altavoz en programas de máxima audiencia, como el desaparecido Sálvame, para hacer promoción directa del local. Era una simbiosis donde la discoteca ganaba visibilidad nacional y Kiko reforzaba su estatus como el rey de la noche. A pesar de que desde Oh My Club agradecieron públicamente el trabajo realizado por Kiko y por todo su equipo de publicidad e imagen, la rentabilidad final no justificaba los altos costes salariales del grupo.
Lo que mucha gente desconoce o no recuerda es que, durante esa etapa dorada en la que Kiko Matamoros mandaba en la sala, también trabajó allí Alejandra Rubio. La nieta de María Teresa Campos, que ahora tiene 25 años, formó parte de la plantilla de este local donde los famosos acudían de forma diaria. No se ha confirmado oficialmente si su entrada en la discoteca fue una gestión directa de Matamoros o si simplemente su perfil encajaba con la estética y el ambiente de la sala, pero lo cierto es que ambos compartieron espacio de trabajo en uno de los clubes más exclusivos de España.
Un espacio híbrido de lujo en la zona financiera de Madrid

Si quieres visitar este lugar, debes dirigirte a la calle Rosario Pino, 14. Su ubicación es estratégica: está en pleno distrito de Tetuán, a muy pocos metros de la Plaza de Castilla y del Paseo de la Castellana. Es una zona rodeada de rascacielos y muy cerca del estadio Santiago Bernabéu, lo que facilita enormemente el acceso tanto a quienes se desplazan en su propio coche como a los que prefieren el transporte público. Es, sin duda, una de las discotecas más accesibles para la alta sociedad madrileña.
El local cuenta con una extensión de 1.500 metros cuadrados y tiene capacidad para unas 1.300 personas. Lo que lo hace diferente es su concepto híbrido. Al principio de la noche, el espacio funciona como un restaurante de lujo que ofrece cena con espectáculo. Una vez terminadas las cenas, el recinto se transforma totalmente en una discoteca con diversas salas repartidas en varias plantas. Cada una de estas áreas cuenta con sus propias barras y diferentes estilos musicales, permitiendo que el cliente viva varias experiencias distintas sin tener que salir del mismo establecimiento.
Zonas VIP y precios exclusivos para el público más selecto
La sala se ha vendido siempre bajo una imagen de glamour y elegancia absoluta. No es un sitio para cualquiera; está orientado a un público adulto que busca exclusividad. El código de vestimenta es extremadamente estricto para mantener ese estatus de club de lujo. El acceso está permitido solo a mayores de 18 años, pero el filtro en puerta asegura que el ambiente sea siempre distinguido y acorde a lo que se espera de un lugar frecuentado por figuras de la televisión y el espectáculo.
Para aquellos que buscan privacidad y no escatiman en gastos, la discoteca dispone de varias zonas VIP. Los precios de las mesas reservadas pueden llegar hasta los 1.500 euros, dependiendo de la ubicación. Hay opciones para todos los gustos: mesas pegadas a la pista para ver y ser visto, zonas chill out en plataformas elevadas para tener una perspectiva general de la fiesta, y salas privadas destinadas a quienes exigen una experiencia premium y total discreción. Aunque Kiko Matamoros ya no ejerza de anfitrión oficial en este local, su paso dejó una huella imborrable en la forma de entender el ocio nocturno vinculado a la pequeña pantalla.



