Alejandro de Alejandría, santoral del 26 de febrero

Descubre la vida de Alejandro de Alejandría, el protector de la ortodoxia frente a la crisis arriana. Un referente del santoral del 26 de febrero cuya integridad cambió el rumbo del cristianismo para siempre.

Si piensas que las crisis de liderazgo y las guerras ideológicas son un invento de las redes sociales, es que no conoces la historia de Alejandro de Alejandría. Este hombre, que protagoniza el santoral de hoy, se encontró con una Iglesia a punto de saltar por los aires por culpa de una interpretación teológica que amenazaba con vaciar de contenido la esencia misma de su fe.

Alejandro de Alejandría no fue un burócrata de la religión. Fue el muro de contención contra Arrio, un presbítero con mucha labia que empezó a predicar que Jesús no era Dios de la misma manera que el Padre. Imagínate el panorama: media cristiandad dudando de lo que creía y un líder que, lejos de esconderse, decidió dar la batalla intelectual y espiritual.

Alejandro de Alejandría: El hombre que no se dejó amedrentar por la moda

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Cuando Alejandro de Alejandría asumió el patriarcado en el año 313, el ambiente en Egipto estaba más caldeado que el desierto a mediodía. No era solo una cuestión de rezos; era una cuestión de identidad. Arrio era popular, tenía carisma y un mensaje simplista que calaba rápido, pero Alejandro detectó el peligro: si la base del dogma fallaba, todo el edificio se venía abajo.

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Lo que más me gusta de este santo es que no era un "hater" al uso. Primero intentó convencer a Arrio por las buenas, con paciencia y argumentos. Pero cuando vio que la soberbia del otro no tenía freno, Alejandro de Alejandría sacó el carácter. Hay momentos en la historia donde ser tibio es un pecado, y él decidió que el 26 de febrero recordaríamos su firmeza, no su silencio.

El Concilio de Nicea: el mundial de la fe

Si hoy decimos el "Credo" en misa, se lo debemos en gran parte a la tenacidad de Alejandro de Alejandría. Él fue el gran arquitecto en la sombra del Concilio de Nicea. Imagina a cientos de obispos, muchos de ellos con cicatrices físicas de las persecuciones de Diocleciano, discutiendo el futuro del mundo. Alejandro no iba solo; llevaba consigo a un joven diácono llamado Atanasio que sería su mejor "fichaje".

En aquel evento, Alejandro de Alejandría demostró que la autoridad no se impone, se gana con la verdad por delante. Fue él quien insistió en el término "homoousios" (consubstancial), una palabreja técnica que servía para decir, alto y claro, que el Hijo y el Padre son de la misma naturaleza. Una victoria total frente a las tesis arrianas que casi desmantelan la Iglesia.

Por qué el santoral lo rescata hoy

Celebrar el santoral no es solo mirar una lista de nombres antiguos. Es entender que figuras como Alejandro de Alejandría son necesarias para mantener el equilibrio cuando todo el mundo parece perder la cabeza por una idea novedosa pero hueca. Su vida fue una carrera de fondo contra la confusión, manteniendo la unidad de una comunidad que estaba a punto de fracturarse en mil pedazos.

Murió apenas cinco meses después de aquel concilio histórico. Se fue con los deberes hechos, dejando el relevo en buenas manos y una estructura de pensamiento que ha aguantado dos milenios. No es poca cosa para alguien que empezó lidiando con revueltas en las calles de una ciudad tan compleja como era la Alejandría romana.

El legado intelectual y humano de Alejandro

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No cometamos el error de ver a Alejandro de Alejandría como un simple teórico de biblioteca. Fue un pastor que se preocupaba por los pobres y que entendía que la teología, si no sirve para vivir mejor, no sirve para nada. Su correspondencia (de la que conservamos algunas piezas valiosas) destila una mezcla de dolor por la ruptura y una determinación de hierro por la verdad.

  • Defensa de la divinidad: Fue el principal opositor a la degradación de la figura de Cristo.
  • Mentor de Atanasio: Supo ver el talento en los jóvenes y formó al siguiente gran defensor de la fe.
  • Promotor de la caridad: Su gestión en Alejandría destacó por el apoyo a los más desfavorecidos.
  • Habilidad diplomática: Consiguió unir a obispos de Oriente y Occidente en un criterio común.
  • Firmeza doctrinal: No se vendió a las presiones políticas de su tiempo.
  • Humildad personal: A pesar de su cargo, siempre se consideró un servidor de su comunidad.

El futuro de la fe tras la estela de Alejandro

Si miramos hacia adelante, el ejemplo de Alejandro de Alejandría será más relevante que nunca. La Iglesia y la sociedad en general se enfrentan a nuevas "arrianismos", discursos que simplifican la realidad hasta despojarla de su misterio y su valor. Me mojo: vendrán tiempos donde la claridad expositiva de este patriarca será el manual de supervivencia para no perder el norte.

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Auguro que, en los próximos años, redescubriremos estos textos patrísticos no por arqueología, sino por pura necesidad de suelo firme. Alejandro de Alejandría nos enseñó que la unidad no se logra callando a los que piensan distinto, sino convenciendo con una verdad que sea capaz de resistir el paso de los siglos.

  • Identidad clara: Saber quiénes somos y en qué creemos realmente.
  • Resiliencia ante la crítica: No temer el aislamiento si el motivo es justo.
  • Formación continua: Alejandro era un erudito; la fe sin formación es peligrosa.
  • Visión estratégica: Entender que las decisiones de hoy afectan a las generaciones de mañana.
  • Apoyo en el equipo: Rodearse de personas válidas, como hizo él con Atanasio.
  • Paz en la tormenta: Mantener la calma cuando todo parece desmoronarse a tu alrededor.
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