El vino azul que nació en España y confundió a los sumilleres

Un grupo de jóvenes sin experiencia previa en el sector decidió que el vino azul era posible. Lo que empezó como un experimento estético en España terminó en una batalla legal contra una normativa europea que no entiende de colores moderno

Si entras en una bodega tradicional de La Rioja y pides un vino azul, lo más probable es que te miren con una mezcla de lástima y desconcierto. Sin embargo, en 2015, seis jóvenes vascos que no tenían ni idea de enología decidieron que el mundo estaba harto del purismo y la liturgia del cristal de bohemia. Así nació Gik, la marca que rompió el tablero.

El vino azul no fue un error de fermentación ni un experimento radiactivo. Fue un producto diseñado para una generación que busca la foto en Instagram antes que la nota de cata de un sumiller con corbata. En España, un país que respira vino por cada poro, esto fue visto por muchos como una auténtica declaración de guerra a la tradición.

El origen de la discordia: ¿De qué está hecho realmente?

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Para crear este líquido de color casi neón, los fundadores de Gik colaboraron con la Universidad del País Vasco. La base es una mezcla de uvas tintas y blancas, pero el truco visual reside en la antocianina —un pigmento natural que se encuentra en la piel de la uva tinta— y la indigotina. No hay magia, hay química alimentaria aplicada con un sentido de la estética que en España no estábamos acostumbrados a ver.

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Lo curioso es que, aunque el vino azul tenga ese color artificial, no contiene azúcares añadidos ni componentes tóxicos. La idea era simplemente cambiar el envoltorio para llegar a un público que no sabe (ni quiere saber) qué es el roble francés o el tanino agresivo. Sin embargo, para los defensores de la Denominación de Origen, esto era como pintar la Mona Lisa con grafiti.

Una pesadilla legal: ¿Qué demonios es un vino azul?

La ley española y europea es clara como el cristal, pero tan rígida como una barrica vieja. En la Organización Común de Mercados (OCM) del sector vitivinícola, no existe la categoría de vino azul. Los inspectores de Sanidad en España no tardaron en llamar a la puerta de los jóvenes creadores de Gik con una orden de retirada.

La prohibición fue fulminante: no se podía vender bajo el nombre de "vino" porque en el reglamento solo se contemplan el tinto, el blanco y el rosado. Fue una situación casi kafkiana. En España, el país con mayor superficie de viñedo del mundo, se estaba prohibiendo un producto derivado de la uva solo por un matiz cromático que no encajaba en los libros de texto.

Razones por las que el sector se puso en pie de guerra:

  • Protección de la tradición: El sector vinícola en España se basa en siglos de historia y prestigio acumulado.
  • Miedo a la confusión del consumidor: Las autoridades temían que el vino azul se viera como un producto sintético peligroso.
  • Rigidez burocrática: Las normativas europeas se actualizan a un ritmo mucho más lento que la innovación tecnológica.
  • Defensa de las DD.OO.: Cualquier anomalía en el mercado se percibe como una amenaza a las marcas de región ya establecidas.
  • Falta de categoría: Al no existir el "azul" en los registros, el producto flotaba en un limbo legal imposible de tasar.
  • Reacción de los sumilleres: Muchos profesionales lo vieron como una mofa a la cultura del vino más que como una innovación.

El sabor del debate: ¿Está bueno o es puro marketing?

Si dejas de lado el color y te atreves a dar un sorbo, te das cuenta de que el vino azul es extremadamente fácil de beber. Es dulce, fresco y no tiene pretensiones de envejecimiento. No busques matices de cuero o tabaco; aquí lo que hay es fruta y diversión. Es, básicamente, un refresco con graduación alcohólica que busca conquistar el "momento terraza".

En España, este tipo de propuestas suelen chocar con una barrera generacional. Mientras que los jóvenes lo ven como algo lúdico, los mayores lo consideran un sacrilegio. Pero lo cierto es que el vino azul consiguió lo que muchas bodegas centenarias no logran: que la gente joven hable de vino, aunque sea para criticarlo o para hacerse un selfi con la copa llena de azul cielo.

El futuro del color en nuestras copas: ¿Hacia dónde vamos?

Lo que ocurrió con Gik y su vino azul fue solo el primer aviso de que la industria tiene que flexibilizarse. Tras la polémica, los fundadores tuvieron que renombrar su producto como "bebida aromatizada a base de vino", lo cual es un tecnicismo que no afecta al sabor pero sí a la etiqueta. En España, ya estamos viendo otros intentos de innovar con colores verdes, naranjas o incluso neones.

Mi previsión es que el vino azul sobrevivirá como un producto de nicho, ideal para eventos, bodas y fiestas temáticas. No va a sustituir a un buen Rioja en una cena de gala, pero ha abierto una grieta en un muro legal que era demasiado alto. La próxima vez que veas un líquido de color extraño en una copa, no te asustes: es solo la modernidad intentando entrar en una barrica.

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¿Por qué deberías probar un vino azul al menos una vez?

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  • Para romper prejuicios: A veces, quitarse la venda del purismo ayuda a disfrutar más de la gastronomía.
  • Es el maridaje perfecto para Instagram: Visualmente, pocos productos son tan potentes en una mesa.
  • Apoyo a la innovación en España: Es una forma de respaldar a emprendedores que se atrevieron a desafiar al "establishment".
  • Ideal para cócteles: Su color azul eléctrico permite crear combinados espectaculares sin usar colorantes artificiales extra.
  • Es el regalo perfecto: No fallas si buscas sorprender a alguien que cree haberlo probado todo en el mundo del vino.
  • Es refrescante: Servido muy frío, es una alternativa real y divertida a los clásicos blancos de verano.