Y cuando creíamos que lo habíamos visto, aparecen los therian, y aparecen además como un fenómeno social que se ha hecho viral a nivel mundial en cuestión de días. ¿Estamos ante una moda peligrosa o simplemente frente a otra forma de buscar identidad en la adolescencia? ¿Qué hay detrás de los jóvenes que se identifican como animales y por qué una quedada que prometía ser anecdótica terminó con disturbios en Barcelona?
El fenómeno ‘therian’ ha pasado en cuestión de semanas de TikTok a los informativos. Lo que parecía una curiosidad viral acabó con detenidos en el Arc de Triomf y un debate público lleno de burlas, preocupación y mucha desinformación.
Pero más allá de los altercados y los vídeos virales, hay una pregunta clave: ¿qué dicen realmente los psicólogos sobre todo esto?
No es un trastorno, es identidad en construcción

Tras los disturbios en Barcelona, muchos comentarios en redes apuntaban directamente a la salud mental. Sin embargo, profesionales de la salud mental en general, especialmente los de psicología han sido claros, no estamos ante un diagnóstico clínico. Ser ‘therian’ no figura como trastorno en ningún manual psiquiátrico. Es, en la mayoría de los casos, una etiqueta identitaria.
La adolescencia es una etapa de exploración intensa. Antes fueron los “emos”, los “heavies” o los “gamers”. Ahora, algunos jóvenes encuentran sentido de pertenencia identificándose simbólicamente con un animal. Para muchos expertos, el foco no está en la máscara o en caminar a cuatro patas en un parque, sino en si esa identidad genera sufrimiento o deterioro real en su vida cotidiana.
El verdadero riesgo no es la máscara, sino el aislamiento

Donde los psicólogos sí ponen el acento es en las señales de alarma. Aislamiento extremo, abandono escolar, autolesiones, cambios bruscos de conducta o conflictos familiares graves son indicadores que preocupan. No el hecho de llevar orejas de lobo.
En Barcelona, lo que más llamó la atención fue que apenas había ‘therians’ reales. Había curiosos. Móviles grabando. Burlas. Jóvenes lanzando objetos. El fenómeno se convirtió en espectáculo. Y ahí aparece otro factor psicológico importante, la presión social y la humillación pública. Cuando un adolescente siente que su identidad es ridiculizada masivamente, el impacto emocional puede ser más profundo que la propia etiqueta que adopta.
Muchos chicos que sí se identifican como ‘therians’ han explicado estos días que no van “todo el día a cuatro patas” ni creen literalmente que sean animales. Hablan de conexión simbólica o espiritual. Lo que más les duele, dicen, son los rumores y la caricaturización constante. Y esa reacción social puede influir más en su bienestar que la propia tendencia viral.
Redes sociales, pertenencia y efecto contagio

Es imposible entender el auge del fenómeno sin mirar a TikTok, Instagram o YouTube. Los algoritmos hacen su trabajo, si un adolescente consume contenido relacionado con animales o identidad alternativa, la plataforma multiplica ese contenido. En cuestión de días, la sensación es que “todo el mundo” está en eso.
El sentimiento de pertenencia en la adolescencia es poderoso. Formar parte de una comunidad que valida lo que sientes puede reforzar la autoestima. Pero también puede intensificar conductas si no hay límites claros. Por eso los expertos hablan de acompañamiento, no de prohibición automática.
Tras los altercados en Barcelona, también se ha visto otro fenómeno, el miedo. En ciudades como Bilbao o Córdoba se cancelaron quedadas por amenazas. Eso añade otra capa psicológica al asunto, cuando una identidad juvenil genera hostilidad organizada, el conflicto deja de ser una moda y se convierte en un problema de convivencia.
Los especialistas insisten en algo básico pero crucial, la clave no es reírse ni alarmarse, sino observar. Si el adolescente mantiene su rutina, sus estudios, sus relaciones y su bienestar general, no estamos ante una patología. Si hay deterioro funcional, entonces sí toca intervenir.
Al final, lo ocurrido en Barcelona dice tanto de los ‘therians’ como de la sociedad que los rodea. Más cámaras que participantes. Más curiosos que implicados. Más ruido que diálogo.
Quizá la pregunta no sea por qué algunos jóvenes se identifican con animales, sino por qué nos cuesta tanto aceptar que la adolescencia siempre ha sido un territorio de ensayo y error. Y tal vez entender eso sea el primer paso para que el próximo fenómeno viral no termine entre cargas policiales y trending topics incendiarios.



