Los músicos se enfrentan a Spotify por sus pagos por debajo y su cercanía con Trump

Spotify ha comenzado el año 2026 con cambios importantes en su dirección. Daniel Ek ha dejado la gestión diaria de la empresa en manos de sus copresidentes justo cuando la compañía atraviesa una situación confusa. Aunque la plataforma ha logrado el doble de beneficios que el año pasado, los inversores han perdido la confianza y el valor de la empresa en bolsa se ha hundido.

La situación económica de Spotify es, cuanto menos, desconcertante. La empresa cerró el pasado ejercicio con unos ingresos que superaron los 17.000 millones de euros, logrando además una cifra histórica de suscriptores que se acerca a los 300 millones en su modalidad de pago. Sin embargo, estas medallas no han servido para convencer a los mercados.

Desde sus picos más altos el pasado verano, el valor de la compañía en bolsa ha caído casi a la mitad. Esta diferencia entre los planes de las oficinas y lo que ven los inversores indica que el crecimiento sin límites del sector digital está llegando a su fin.

Los expertos señalan que el mercado del audio digital ha entrado en una fase de madurez donde ya no es tan sencillo captar nuevos usuarios. La inflación y la competencia de formatos visuales rápidos han provocado que muchas personas recorten sus gastos en suscripciones mensuales.

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Además, la drástica reducción de la plantilla el año pasado, que afectó a más de 1.500 personas, ha generado dudas sobre la capacidad de Spotify para mantener su operativa sin perder calidad. Lo que antes era una expansión sin frenos ahora se ha convertido en una lucha por mantener la eficiencia en un entorno donde cada vez hay menos espacio para el error.

LAS CRÍTICAS A SPOTIFY POR SUS DECISIONES POLÍTICAS PRO TRUMP Y SUS CONTENIDOS

Más allá de los balances contables, Spotify se enfrenta a un problema de reputación que crece cada mes. La plataforma se ha visto señalada por albergar programas que difunden teorías sin base científica o mensajes cercanos al entorno cultural del trumpismo.

Los músicos se enfrentan a Spotify por sus pagos por debajo y su cercanía con Trump
El dueño de Spotify, Daniel Ek, ha mostrado en varias ocasiones su simpatía por Trump Fuente: IMAGO/Elaboración Propia

La inversión millonaria para mantener en exclusiva a comunicadores polémicos ha provocado que varios artistas retiren su música en señal de protesta. A esto se suma el malestar por la supuesta cercanía de la tecnológica con las ceremonias oficiales del gobierno de Donald Trump, lo que ha colocado a la marca sueca en una posición política muy incómoda para un sector, el musical, tradicionalmente progresista.

Este clima de tensión ha provocado que la ética juegue un papel fundamental en la decisión de algunos músicos de permanecer o no en el catálogo. A muchos les preocupa que los fundadores de la empresa inviertan dinero en negocios ajenos a la música, como la fabricación de armas, tal y como sucede con su dueño, Daniel Ek. Formar parte de este catálogo obliga a los artistas a convivir con unos valores que rechazan. Sin embargo, Spotify es la herramienta principal para llegar al público de otros países. Esto crea una situación difícil: los músicos necesitan la aplicación para que su trabajo funcione, aunque no estén de acuerdo con la forma de actuar de la compañía.

LOS BAJOS INGRESOS DE LOS MÚSICOS EN SPOTIFY Y EL PROBLEMA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La queja más antigua y recurrente es la escasa remuneración que reciben los creadores por cada escucha en Spotify. Para la gran mayoría de los músicos independientes, los ingresos generados por sus canciones apenas alcanzan para cubrir gastos mínimos, lo que ha llevado a muchos a calificar el sistema como injusto y poco transparente.

Mientras la empresa se enorgullece de ser el mayor motor de dinero para la industria, los autores denuncian que ese capital se queda principalmente en las manos de las grandes discográficas y no llega a quienes crean la música. Esta precariedad está empujando a bandas y compositores a buscar refugio en plataformas alternativas, como Amazon Music, que permiten una venta más directa y cercana con su público.

Los músicos se sienten atrapados en Spotify: necesitan la aplicación para que su trabajo se escuche en el extranjero, aunque rechazan las decisiones políticas de sus dueños

A este problema se le ha unido recientemente la irrupción masiva de contenidos generados por inteligencia artificial. Las entidades de gestión de derechos advierten que las listas de reproducción están inundadas de sonidos sintéticos o grabaciones de ruido blanco que restan valor al trabajo humano. Estas pistas, a menudo creadas por algoritmos, compiten por las mismas migajas de ingresos que los artistas reales, devaluando el mercado global. A diferencia de otros competidores que han empezado a limpiar sus catálogos de este tipo de contenidos, Spotify parece ir por detrás en la persecución de estas creaciones artificiales, lo que aumenta la desconfianza de quienes exigen un reparto basado en el talento y no solo en el volumen de reproducciones.

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EL CONTROL DE LA APLICACIÓN SOBRE LOS USUARIOS Y EL FUTURO DE LA MÚSICA

El funcionamiento como tal de la aplicación también es objeto de numerosas críticas. Muchos usuarios y profesionales sienten que la interfaz se ha vuelto tan compleja que es difícil encontrar música nueva. Y es que se ha comprobado cómo el algoritmo parece favorecer siempre a los mismos perfiles, invisibilizando a miles de artistas que no encajan en los patrones de consumo masivo que busca la empresa.

Los músicos se enfrentan a Spotify por sus pagos por debajo y su cercanía con Trump
Daniel Ek, dueño de Spotify Fuente: Spotify Technology

El futuro de la música depende ahora de nuevas leyes en Europa. Se busca que las aplicaciones expliquen por qué nos recomiendan unas canciones y no otras, además de asegurar un pago mínimo para los artistas. Mientras esto llega, el mercado está cambiando. Aunque Spotify sigue siendo el líder, cada vez aparecen más opciones que cuidan mejor el sonido y al creador. La empresa tiene ahora el reto de seguir ganando dinero sin acabar con lo más importante: la creatividad de las personas.

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