Cuando compras en Amazon un enchufe inteligente o una bombilla WiFi de oferta, te venden comodidad: encender desde el móvil, programar horarios, presumir de casa conectada. Lo que casi nadie te cuenta es que esos mismos aparatos, incluso apagados, siguen tirando de la red. El resultado es simple: una suma constante de pequeños consumos que puede traducirse en decenas de euros al año extra en la factura.
En muchos vídeos divulgativos se habla ya de “consumo fantasma” o consumo en standby, ese derroche silencioso que se cuela sin ruido en tu vivienda. En uno de ellos se explica cómo cualquier electrodoméstico que permanece apagado, pero enchufado, sigue usando energía aunque no haga nada útil.
Ese tipo de contenidos ayuda a visualizar lo que el IDAE viene advirtiendo: el modo de espera puede suponer hasta un 10% de la electricidad que gastas al año. Si llenas la casa de enchufes “listos”, regletas con WiFi, altavoces y pequeños gadgets comprados como supuesto “chollo” tecnológico, el efecto acumulado se nota en el contador y en el bolsillo.
Por qué explota ahora este problema
Frente a este escenario, el momento no es casual. Con la subida de tarifas y la presión sobre el coste de la energía durante enero de 2026, cada kilovatio oculto duele más que hace un año. Además, el auge de la domótica low cost en plataformas como Amazon ha disparado la presencia de estos aparatos conectados en hogares que antes solo tenían lo básico.
En las últimas semanas se repiten tres factores muy claros en las facturas:
- Hasta 10% del consumo anual del hogar puede venir solo del modo standby, según datos referenciados por el IDAE.
- Un hogar medio puede rondar los 20 kWh anuales solo por consumos en espera, según estudios europeos citados en análisis energéticos.
- Algunos televisores alcanzan más de 50 kWh anuales en standby, lo que supone alrededor de 8-9 euros al año por aparato.
- Si sumas varios dispositivos conectados, el sobrecoste puede superar con facilidad los 30-40 euros al año sin que lo percibas.
Al final, la ecuación es perversa: compras el chollo pensando que ahorras, pero la suma de pequeños consumos silenciosos, justo en un contexto de energía más cara, termina empujando la factura justo en el momento en que más intentas recortar.
Cómo te golpea en casa ese consumo fantasma
Esta situación empeora cuando no hablamos de uno o dos aparatos, sino de una casa plagada de enchufes inteligentes, barras de sonido, cargadores permanentes y asistentes de voz siempre a la escucha. Cada equipo aporta un consumo pequeño, pero constante, con lo que al final llevas todo el año con una “goterita” eléctrica que no se ve. El impacto real es que terminas pagando decenas de euros al año por servicios que apenas usas o que ni recuerdas que están conectados.
En algunos contenidos audiovisuales se explica cómo reducir ese “consumo fantasma” con trucos básicos: desconectar lo que no se usa, agrupar dispositivos en regletas o programar cortes automáticos. En estos vídeos se insiste en que los aparatos quedan en una especie de latencia permanente que acelera el arranque, pero a costa de seguir consumiendo energía sin que lo notes.
Para un usuario medio, la consecuencia es clara: a medida que vas llenando tu casa de gadgets comprados en Amazon, tu factura eléctrica se infla aunque no cambies tus hábitos visibles. El golpe es mayor en hogares con tarifas ajustadas o con varios televisores, decodificadores y equipos de ocio, donde el consumo en standby se convierte en una sangría silenciosa para las economías más vulnerables.
El fondo del problema: comodidad barata, coste estructural
Más allá de este problema inmediato de unos cuantos euros extra al mes, lo que se está consolidando es un modelo de consumo basado en la comodidad permanente. Ya no desenchufas nada, lo dejas todo listo para activar con la voz o desde el móvil, y esa disponibilidad constante se cobra en kilovatios. El resultado es una paradoja: gadgets pensados para “ahorrar tiempo” que acaban sumando más gasto energético a final de año.
El mecanismo detrás es sencillo: cada nuevo dispositivo conectado añade otro hilo al “goteo” eléctrico del hogar. En 2025 muchos hogares ya habían llenado el salón de aparatos conectados; en 2026 la ola llega al dormitorio, la cocina y hasta al pasillo, encadenando tiras LED, cámaras y sensores que rara vez se desconectan. Lo que parecía una simple tendencia tech se convierte así en un cambio estructural en cómo consumimos energía en casa.
Al mismo tiempo, la percepción de que cada compra en Amazon es un chollo puntual alimenta la acumulación. Ese “solo son 15 euros” repetido diez veces crea un ecosistema de aparatos que demanda energía todos los días del año. El problema ya no es el precio de un gadget, sino lo que implica vivir rodeado de tecnología siempre encendida en un contexto de energía cara.
Disipando dudas que todos tenemos (Q&A)
P: ¿De verdad el standby puede subir tanto mi factura?
R: Sí, puede representar hasta alrededor de un 10% del consumo anual, lo que se traduce en varios euros al mes según tus aparatos conectados.
P: ¿Qué dispositivos aportan más a ese consumo fantasma?
R: Televisores, decodificadores, consolas, routers, altavoces y enchufes inteligentes son algunos de los que más suman cuando se quedan siempre en espera.
P: ¿Basta con apagar desde el mando o la app para evitar el gasto? R: No, mientras el aparato siga enchufado y con luces o sensores activos, mantiene un consumo, aunque sea reducido.
P: ¿Tiene sentido entonces comprar enchufes inteligentes para “ahorrar”?
R: Solo si los configuras bien para cortar de verdad la corriente a otros equipos; si los dejas siempre conectados, pueden añadir consumo en vez de reducirlo.
Lo que viene ahora con tus gadgets conectados
Paralelamente a esta ola de domótica barata, se abre una segunda batalla: la de la eficiencia real frente al marketing del chollo. En los próximos meses veremos cómo los hogares más atentos a su factura empiezan a revisar cuántos aparatos necesitan de verdad conectados 24/7 y cuántos pueden vivir perfectamente desenchufados. La tendencia apuntará a una selección más crítica de los gadgets que se quedan y los que sobran.
Es probable que el regulador y las propias marcas empiecen a destacar mejor el consumo en standby en fichas de producto, igual que se hizo en su día con las etiquetas de eficiencia. Mientras tanto, tu decisión pasa por mirar con lupa el próximo “chollazo” que te salga en Amazon y calcular no solo lo que cuesta hoy, sino lo que chupará de la red durante años. Porque el verdadero precio de muchos gadgets conectados no está en el carrito, sino en la suma silenciosa que mes a mes se lleva parte de tu factura.





