El ejército australiano ostenta un récord que ningún general querría en su hoja de servicios: la derrota oficial contra una plaga de aves. Lo que empezó como una misión de exterminio rutinaria terminó en un caos táctico donde las ametralladoras no pudieron con las plumas. ¿Cómo es posible que soldados profesionales fracasaran ante animales?
Esta semana se han rescatado los diarios de operaciones de 1932, coincidiendo con el interés renovado por las tácticas de guerrilla aplicadas a la fauna. El conflicto, que movilizó artillería pesada en el desierto, sigue siendo el ejemplo perfecto de cómo la prepotencia humana subestima la resistencia biológica. Un ridículo que costó miles de balas.
La misión de exterminio que se convirtió en guerra
El problema arrancó cuando unos 20.000 emúes hambrientos invadieron las tierras de cultivo en Australia Occidental tras su época de cría. Los agricultores, veteranos de la Primera Guerra Mundial, pidieron ayuda al Gobierno ante la devastación de sus cosechas de trigo. El ejército aceptó el reto con una confianza que rozaba la arrogancia operativa.
Bajo el mando del mayor G.P.W. Meredith, se desplegaron soldados equipados con ametralladoras Lewis y 10.000 cartuchos. El plan era sencillo: acorralar a los pájaros y abrir fuego hasta que no quedara ninguno. Sin embargo, en el primer contacto, los emúes demostraron una capacidad de dispersión asombrosa que dejó a los artilleros disparando al aire sin objetivos claros.
Por qué el despliegue militar explotó en ridículo
La operación fracasó porque el mando militar ignoró que los emúes no se comportan como un batallón, sino como una guerrilla desorganizada. A mediados de mes, tras varios intentos de emboscada fallidos,
- Gasto de munición: 2.500 balas para abatir apenas 200 aves
- Velocidad de los emúes: hasta 50 km/h en terreno irregular
- Coste operativo: financiado por el Gobierno (sin éxito tangible)
- Armamento: 2 ametralladoras Lewis pesadas incapaces de apuntar
| Recurso | Cantidad inicial | Resultado final |
|---|---|---|
| Soldados | Destacamento Royal Artillery | Retirada por humillación |
| Munición | 10.000 cartuchos | Malgastada en un 90% |
| Enemigo | 20.000 emúes | Población intacta y dispersa |
El impacto de una resistencia animal inesperada
La consecuencia inmediata fue un golpe al prestigio del Ministerio de Defensa, liderado entonces por Sir George Pearce. Los soldados informaron con frustración que los pájaros parecían tener "comandantes" que daban la señal de huida. Las aves resistían impactos que habrían derribado a un hombre, siguiendo su huida gracias a su densa capa de plumas.
Frente a esto, los agricultores vieron cómo sus tierras seguían siendo devoradas mientras el ejército ordenaba la retirada tras el primer mes de campaña. La opinión pública no daba crédito: se habían disparado miles de proyectiles contra una plaga que simplemente se movía de sector. Fue el primer gran fracaso de la tecnología bélica contra la evolución natural.
Qué implica este fracaso en la historia moderna
Más allá del chiste histórico, esta "guerra" revela lo peligroso que es aplicar soluciones militares a problemas ecológicos. El mecanismo detrás de la derrota fue la falta de adaptabilidad del equipo pesado en terrenos abiertos y pedregosos. Los militares intentaron usar tácticas de trinchera contra un objetivo que no mantenía una línea de frente fija.
Esto revela algo importante sobre la soberbia tecnológica de la época. En 1932 se pensaba que una ametralladora Lewis podía solucionar cualquier conflicto, pero los emúes demostraron que la agilidad vence a la fuerza bruta. Fue una lección de humildad que obligó a Australia a replantearse cómo gestionar su fauna sin recurrir al estado de guerra.
Disipando dudas que todos tenemos
Las dudas sobre este conflicto son lógicas, ya que suena más a ficción que a realidad histórica documentada. Muchos se preguntan cómo fue posible tal nivel de ineficacia operativa en un cuerpo militar profesional.
P: ¿Realmente se declaró una guerra oficial?
R: Fue una operación militar autorizada por el Ministro de Defensa con despliegue de tropas.
P: ¿Cuántos emúes murieron finalmente?
R: Las cifras oficiales hablan de menos de 1.000, un número irrelevante para la plaga.
P: ¿Hubo bajas humanas en el conflicto?
R: No hubo heridos por las aves, pero el orgullo militar quedó seriamente dañado.
P: ¿Por qué no se usaron vallas antes?
R: En esa época, el vallado perimetral era demasiado caro para las grandes extensiones.
Los próximos pasos de un legado surrealista
Mirando adelante, la Gran Guerra del Emú se estudia hoy en facultades de biología y estrategia como el ejemplo supremo de mala gestión. Tras la retirada del ejército, el Gobierno australiano tuvo que claudicar y ofrecer recompensas económicas a los cazadores locales. Fue el sistema de "recompensa por cabeza" el que finalmente controló la situación, no la artillería pesada.
Los próximos pasos de la administración fueron mucho más pragmáticos, centrados en el vallado de exclusión que hoy recorre miles de kilómetros. Mientras tanto, los emúes siguen poblando el desierto australiano, ajenos a que un día humillaron a uno de los ejércitos más modernos del mundo. La naturaleza siempre encuentra la forma de romper el guion de cualquier estratega.










