Los platos precocinados crecen ocho veces más que el consumo total de alimentos en España

El auge de los platos preparados está transformando la cesta de la compra de los hogares españoles, impulsado por la falta de tiempo y los nuevos hábitos de consumo. Mientras el gasto total en alimentación avanza a un ritmo moderado, los precocinados crecen hasta ocho veces más, consolidándose como uno de los segmentos más dinámicos del mercado.

El ritmo de vida que llevamos hoy día nos lleva a adquirir nuevos hábitos alimenticios, por ejemplo, de allí que un nuevo protagonista (platos precocinados) en la cocina esté posicionándose en las vidas de millones de españoles. ¿Cocinar cada día? Para muchos ya es un lujo. ¿Improvisar con lo que hay en la nevera? Cada vez menos habitual. Lo que sí se repite en millones de hogares es otro gesto, abrir, calentar y listo.

En 2025, el consumo de platos preparados en España creció un 3,8% y alcanzó las 715.052 toneladas. Puede parecer un aumento moderado, pero hay un dato que lo cambia todo: el conjunto de la alimentación apenas subió un 0,6%. Es decir, los precocinados avanzan más de ocho veces por encima del resto del mercado alimentario.

No estamos ante una moda pasajera. Estamos ante un cambio profundo en la forma en que comemos, organizamos el tiempo y entendemos la cocina.

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715.000 toneladas y 18 kilos por persona: la nueva normalidad

En 2025, el consumo de platos preparados en España creció un 3,8% y alcanzó las 715.052 toneladas.
Son cifras récord que consolidan a los precocinados como uno de los motores del gran consumo. Fuente: Agencias

Cada español consumió de media 18 kilos de platos preparados en 2025, un 4,7% más que el año anterior. La categoría ya está presente en el 99% de los hogares y mueve más de 4.300 millones de euros al año. Son cifras récord que consolidan a los precocinados como uno de los motores del gran consumo.

La pizza sigue liderando el mercado, con 131.600 toneladas entre refrigeradas y congeladas. Le siguen las patatas congeladas (98.056 toneladas) y los platos con base de pasta (72.405 toneladas). Pero el crecimiento no se limita a los clásicos: los platos refrigerados con base de carne suben más de un 12%, y las opciones con legumbres o arroz también ganan terreno.

En la calle, las reacciones son claras. “Entre semana no quiero cocinar”, admite mucha gente sin rodeos. Otros reconocen que prefieren ganar tiempo para descansar o estar con la familia antes que pasar una hora frente a los fogones. Lo que antes era un recurso puntual ahora forma parte de la rutina semanal.

Del menú del día al lineal del súper

Del menú del día al lineal del súper
Lo que antes era un recurso puntual ahora forma parte de la rutina semanal. Fuente: Agencias

El auge no solo se explica por la falta de tiempo. También influye el tamaño de los hogares (cada vez más pequeños) y el espacio disponible en las viviendas. Cocinas reducidas, jornadas largas y conciliación complicada forman el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento del “listo para comer”.

En supermercados e hipermercados, el segmento ya factura alrededor de 3.700 millones de euros y crece a doble dígito en algunas cadenas. En determinadas zonas urbanas, estos productos están sustituyendo al menú del día o a cenas improvisadas fuera de casa. Y aunque muchos piensan que se compran para la oficina, casi el 80% se consume en el hogar.

Las cadenas lo han entendido rápido. Más referencias, más variedad internacional, recetas reformuladas con menos sal o grasas y formatos individuales. La oferta se ha sofisticado. Ya no hablamos solo de lasaña o croquetas: hay bowls asiáticos, platos veganos, recetas tradicionales y opciones “premium”. El consumidor ya no compra solo por urgencia, sino también por elección.

Salud, debate y el futuro de la cocina

Salud, debate y el futuro de la cocina
Cocinas reducidas, jornadas largas y conciliación complicada forman el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento del “listo para comer”. Fuente: Agencias

El crecimiento también ha abierto un debate incómodo. El Ministerio de Sanidad y la OMS llevan años alertando sobre el impacto de los ultraprocesados en la salud. Diabetes, enfermedades cardiovasculares o sobrepeso aparecen en la conversación cada vez que se habla de este boom.

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Las propias empresas reconocen que la preocupación nutricional es el tercer factor de decisión, por detrás de la facilidad y el sabor. Aseguran estar reduciendo azúcares, sal y grasas, y eliminando ingredientes polémicos como el aceite de palma. Pero el debate está servido: ¿es comodidad o dependencia?

Mientras tanto, voces como la del presidente de Mercadona, Juan Roig, han ido más allá al augurar un futuro con menos cocinas en casa. Puede sonar exagerado, pero refleja una tendencia real, la cocina pierde centralidad en la vida diaria. Para muchos jóvenes, cocinar se ha convertido más en contenido de redes sociales que en práctica cotidiana.

Lo cierto es que los platos precocinados crecen ocho veces más que el consumo total de alimentos en España. No es un dato menor. Es una señal de cómo vivimos, trabajamos y priorizamos nuestro tiempo.

La pregunta ya no es si vamos a seguir consumiéndolos. La pregunta es cómo queremos que evolucionen, más saludables, más variados, más sostenibles. Porque lo que está claro es que han dejado de ser una solución de emergencia para convertirse en una pieza estructural de nuestra dieta. Y eso, nos guste o no, dice mucho de nosotros.

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