La mañana en la que se desconvocó la huelga ferroviaria, muchos usuarios de Cercanías respiraron aliviados… sin saber que la semana no iba a ser tan halagüeña. La cancelación del paro mayoritario no se tradujo en un regreso inmediato a la normalidad y, desde luego, no ha escondido los otros problemas diarios que tiene la red de transporte desde hace ya bastante tiempo.
Pero, si nos limitamos a los hechos recientes, el primer problema no fue técnico, sino de comunicación. La desconvocatoria de la huelga por parte de las organizaciones sindicales mayoritarias se anunció como el fin de los paros, pero no se explicó con suficiente claridad que sindicatos minoritarios mantenían la convocatoria. Con parte del personal en servicio y parte en huelga, miles de viajeros que acudieron a las estaciones convencidos de que el sistema funcionaría con normalidad, algo que no ocurrió en la capital del país.
En Cataluña la cosa está complicada con las limitaciones por las obras de emergencia, pero Cercanías Madrid ha registrado toda esta semana pasada varios retrasos, incidencias y trenes a rebosar. Usuarios consultados por este periódico relatan esperas de hasta 50 minutos en torno a las 7:30 de la mañana, precisamente en los tramos más sensibles de la red. En algunos casos, los trenes no llegaban a su destino previsto y finalizaban recorrido de forma anticipada, sin apenas margen para reaccionar.
Ocurrió, por ejemplo, en servicios que terminaban sorpresivamente en la estación de Chamartín. Los viajeros eran informados por megafonía de que el tren no continuaría, y casi de inmediato se cerraban las puertas, dificultando que quienes quisieran aprovechar las conexiones de metro, Cercanías o larga distancia pudieran decidir con calma si bajar o no.

En este sentido, otro foco de frustración ha sido la falta de información precisa. Carteles sin datos actualizados, paneles que muestran trenes (o directamente no muestran) pero sin el tiempo de espera y anuncios de horarios que no se cumplen son ya el caldo de cultivo habitual. Para muchos usuarios, no poder saber si el tren va a salir en 5, 15 o 30 minutos impide organizar alternativas y convierte cada desplazamiento en una lotería, porque nadie más informa con números útiles.
Más allá de que se echa en falta mayor información, los canales oficiales escribiendo mensajes como "Recomendamos el uso de transporte alternativo" no hacen más que alimentar el hartazgo de unos usuarios que pagan su abono mensual y que necesitan el servicio vertebrador del área metropolitana. Ir a las clases o al trabajo se vuelve una odisea en ciertas épocas, con huelga o sin ella.
Retrasos, averías y un deterioro que se ve y se huele
Más allá del conflicto laboral, los últimos días han evidenciado problemas estructurales y de mantenimiento. La red de Cercanías en Madrid no solo ha sufrido por la huelga, sino que después se han multiplicado las incidencias operativas, las obras programadas y las limitaciones de acceso en estaciones clave.
Sin ir más lejos, en Parla, uno de los municipios más dependientes del tren de Cercanías, los usuarios se encontraron con el mensaje "Se limita el acceso a la estación de Parla por motivos de seguridad", dejando a muchos viajeros fuera del lugar. Acumulación de viajeros y trenes con frecuencia irregular provocan colas, andenes saturados y momentos de tensión wn un sistema concebido precisamente para absorber grandes flujos de personas.
El eje central de la red tampoco se ha librado. Desde el miércoles se han registrado averías entre Sol y Nuevos Ministerios, uno de los tramos más utilizados por su conexión con otras líneas de Cercanías, metro y servicios de media y larga distancia. A estas incidencias se suma el cierre del túnel de Sol durante el último fin de semana, los días 14 y 15 de febrero, por obras de mejora en la infraestructura, que dejaron sin servicio a varias líneas en ese punto y obligaron a reorganizar los trayectos y transbordos. Aunque estas actuaciones están previstas y se anuncian con antelación, su coincidencia con retrasos y averías ha intensificado la sensación de caos.

Asimismo, existe un deterioro físico de espacios e instalaciones que se aprecia a simple vista. En varias estaciones se han detectado goteras con las numerosas lluvias de estos días, con techos supurando agua sobre las escaleras o en zonas de paso, obligando a colocar cubos y cintas de balizamiento.
Dentro de los trenes, las quejas se centran en la calidad del viaje. Usuarios que utilizan de forma habitual vagones con baños a bordo describen un "evidente mal olor" que se extiende por el tren y es persistente durante todo el trayecto. "Va con retraso y encima huele fatal", espetaba un usuario a nuestro lado el pasado jueves, en un tren de la línea C-4.
A ello se suma la sensación de inseguridad y descontrol en los momentos de mayor ocupación. Testimonios recogidos por este medio relatan escenas en las que los maquinistas cierran las puertas mientras todavía hay gente entrando, provocando empujones y discusiones en los andenes. Las avalanchas para intentar acceder a un tren que ya llega lleno, después de varios retrasos, se dan sobre todo en algunas estaciones del sur y del corredor del Henares, pero los avisos por incidencia en los canales de comunicación de Cercanías Madrid son diarios y habituales en todas las líneas de la red.







