El pasado 2 de febrero marcó un antes y un después en la carrera de Antony dos Santos. Se cumplía exactamente un año de su llegada a Sevilla, al Real Betis, un movimiento que comenzó como una apuesta arriesgada en forma de cesión y que el club bético terminó consolidando este verano con una inversión de 25 millones de euros.
Para una entidad que ha encontrado la estabilidad deportiva bajo la dirección de Manuel Pellegrini, encadenando cinco clasificaciones europeas, la compra en propiedad del brasileño ha resultado ser un movimiento maestro. Con 19 goles y 13 asistencias en poco más de cincuenta partidos, el valor del extremo se ha disparado hasta los 36 millones de euros, confirmando que el aire de la capital andaluza le ha devuelto el brillo que perdió en la Premier League.
Este rendimiento es el resultado de un entorno que ha sabido arropar al futbolista en su momento más bajo. El Betis no solo ha fichado a un jugador con desborde, sino que ha incorporado a una pieza que se siente parte de la familia verdiblanca desde el primer minuto. La confianza ciega de la directiva y del cuerpo técnico ha sido el caldo de cultivo ideal para que Antony recupere la sonrisa y el fútbol que lo convirtió en una de las promesas más deseadas del planeta.
El calvario de los 40 días de Antony en un hotel y el regreso a la felicidad
Detrás de las cifras actuales se esconde un verano lleno de lágrimas y angustia. Durante las negociaciones entre el Manchester United y el Betis, el club inglés tomó una decisión drástica: prohibir al delantero entrenar con el grupo. Antony pasó 40 días recluido en un hotel de Mánchester, entrenando en solitario y alejado de su familia, sin saber si su futuro se desbloquearía antes del cierre de mercado.
Fueron semanas de incertidumbre donde el jugador estuvo a punto de tirar la toalla, pero su deseo de regresar al Benito Villamarín fue el motor que le mantuvo en pie. "Venir al Betis ha sido la mejor decisión de mi vida", suele repetir Antony, consciente de que Sevilla fue el salvavidas que necesitaba su carrera.

Esa conexión emocional se palpa en cada partido. El jugador ha caído de pie en una afición que lo idolatra y que ya lo sitúa en el olimpo de los grandes extremos que han vestido las trece barras. Su integración ha sido tan natural que en el club destacan su educación y su interés por conocer a cada trabajador de la entidad, un gesto que revela la madurez de un deportista que ha aprendido a valorar la estabilidad tras haber tocado fondo en Inglaterra.
Superar la pubalgia para liderar al Betis en busca de otra final europea
Lo más sorprendente de la temporada de Antony es que está rindiendo a un nivel estelar conviviendo con una pubalgia. Estas molestias, que suelen lastrar la explosividad de los futbolistas, aparecieron el pasado mes de diciembre, pero el brasileño se ha negado a parar. Juega con dolor, sacrificando su descanso físico para ayudar al Betis en su ambición de repetir una final europea tras la experiencia en la Conference del año anterior. Su compromiso es total: cada tarde completa tres horas de fisioterapia personal en su domicilio para poder estar disponible para Pellegrini el domingo siguiente.
A pesar de no haber realizado pretemporada por el lío de su traspaso, Antony suma ya 10 goles y ocho asistencias en el presente curso. Su gol decisivo ante el Atlético de Madrid es solo el último ejemplo de un jugador que aparece cuando el equipo más lo necesita. Este carácter competitivo le ha permitido participar en 28 encuentros, desafiando a su propio cuerpo en un tramo de la temporada donde la acumulación de minutos empieza a pasar factura a las plantillas que compiten en varias competiciones a la vez.
La lucha por convencer a Ancelotti para volver a la selección brasileña
El gran motor que empuja al brasileño de Sao Paulo a jugar por encima de sus límites físicos es el Mundial de 2026. Tras haber estado en Qatar 2022, el extremo no viste la camiseta de su país desde marzo de 2023. Su gran sueño es convencer a Carlo Ancelotti de que su nivel actual merece una plaza en la 'Canarinha'.
Aunque el técnico italiano no lo incluyó en las últimas listas por su falta de ritmo veraniego, los números del bético empiezan a ser incontestables. Con sus diez dianas, Antony supera actualmente las cifras goleadoras de Vinicius, Rodrygo o Estevao, situándose como uno de los atacantes brasileños más en forma de las grandes ligas europeas.
La competencia es feroz, especialmente con figuras como Raphinha, pero el impacto de Antony en el juego colectivo del Betis le otorga un perfil diferenciado. Mientras busca su segundo Mundial, el delantero paulista se centra en el presente más inmediato, el próximo choque ante el Mallorca. Allí, bajo el sol de la liga española, Antony seguirá demostrando que aquel joven que lloraba solo en una habitación de hotel en Mánchester es hoy un hombre iluminado que ha encontrado en Sevilla su lugar en el mundo.
- Más información: Antony 'de Triana' y su amor por el Betis.






