¿Te imaginas pagar por un servicio sin anuncios y que, de un día para otro, empiecen a colártelos si no pagas un extra? Eso es exactamente lo que ha encendido a más de 200.000 usuarios en Alemania contra Amazon Prime Video.
Lo que parecía un simple “ajuste” en las condiciones terminó convertido en una demanda colectiva gigantesca. Y no hablamos de cuatro quejas en redes sociales. Hablamos de tribunales, asociaciones de consumidores y una batalla legal que puede marcar un antes y un después en el streaming europeo.
Porque aquí no se discute si puede haber publicidad. Se discute algo más sensible, si pueden cambiarte las reglas del juego cuando ya estás dentro.
El cambio que encendió la mecha: pagar lo mismo ya no era suficiente

La historia empezó en enero de 2024, cuando Amazon envió un correo anunciando que Prime Video incluiría publicidad “limitada” a partir de febrero. Si no querías anuncios, podías pagar 2,99 euros más al mes.
El problema no fue solo la publicidad. Fue la sensación de que el plan que habías contratado dejaba de ser el mismo. No ofrecieron un modelo más barato con anuncios como alternativa. Mantuvieron el precio base, añadieron publicidad y crearon un suplemento para eliminarla. Para muchos usuarios, eso fue una subida encubierta.
Las redes en Alemania ardieron durante semanas. Usuarios que llevaban años pagando Prime se sintieron engañados. “Yo contraté sin anuncios”, repetían. Lo que más indignó fue el mensaje implícito, no tienes que hacer nada. Pero en realidad sí. Tenías que pagar más si querías conservar lo que ya tenías.
Y no eran solo cortes clásicos. Aparecieron anuncios al pausar, banners y cuñas que rompían el ritmo de una película. Puede parecer menor, pero cuando pagas por evitar precisamente eso, la tolerancia se reduce a cero.
El golpe del tribunal de Múnich: sin consentimiento no vale

En diciembre de 2025, el Tribunal Regional de Múnich (Landgericht München I) dio un paso clave. Consideró que introducir publicidad sin consentimiento explícito vulneraba las condiciones originales del contrato.
La federación alemana de organizaciones de consumidores (vzbv) lideró la ofensiva. Su argumento fue directo, si el usuario contrató un servicio sin anuncios, no puedes modificarlo de forma estructural sin que acepte expresamente el cambio. Un simple email no basta.
Eso sí, la sentencia no obligó a retirar inmediatamente la publicidad. Amazon puede recurrir. Pero el mensaje judicial fue claro: las condiciones generales permiten ajustes, no transformaciones sustanciales del servicio sin consentimiento.
Lo más delicado para Amazon es el precedente. En Estados Unidos, una demanda similar fue desestimada porque la ley interpretó que la empresa estaba dentro de sus derechos contractuales. En Alemania, no. Y esa diferencia de criterio deja al descubierto que en Europa el margen para “reinterpretar” contratos es más estrecho.
La demanda colectiva: 200.000 usuarios y una factura millonaria

Mientras se resolvía el pulso judicial, otra vía empezó a crecer: la demanda colectiva impulsada por la Verbraucherzentrale Sachsen. Más de 200.000 personas ya se han sumado formalmente.
Lo que reclaman es sencillo sobre el papel: la devolución de los 2,99 euros mensuales pagados desde la introducción de los anuncios. Ese suplemento era, en la práctica, el precio para volver al servicio original sin publicidad.
Si se multiplican esos 2,99 euros por cientos de miles de usuarios y varios meses, la cifra empieza a ser considerable. Y si el caso se extendiera a otros mercados europeos, el impacto podría escalar mucho más.
Además, algunos reclamantes plantean algo todavía más ambicioso, cuestionar los ingresos generados por la publicidad incorporada tras el cambio contractual. Esa parte es jurídicamente más compleja, pero muestra hasta qué punto el enfado va más allá del dinero. Es una cuestión de confianza.
En foros y redes alemanas se repite la misma sensación, no es que molesten unos anuncios, es que molesta la forma en que se introdujeron. Esa percepción de “jugarreta” es la que ha convertido un ajuste comercial en un conflicto reputacional.
Y el resto de plataformas lo están mirando con lupa. Porque el modelo híbrido (suscripción más publicidad) ha llegado para quedarse. Lo que está en discusión no es el modelo, sino cómo se implementa.
La lección que deja este caso es incómoda para las grandes tecnológicas, el contrato digital también obliga. Y en Europa, cada vez más, los consumidores están dispuestos a plantarse.
Quizá dentro de unos meses todo siga igual y Prime Video continúe con anuncios. O quizá este caso marque la forma en que se introducen cambios en los servicios digitales en adelante. Lo que está claro es que 200.000 personas no se suman a una demanda por un simple banner.
Si pagas por streaming, este caso te interesa más de lo que parece. Porque hoy es Prime Video en Alemania. Mañana puede ser cualquier otra plataforma… en cualquier otro país.







