LeBron James ha batido casi todos los récords posibles, pero esta vez el tiempo y las normas le han ganado la partida. Por primera vez en 21 años, la estrella de los Lakers se quedará fuera de los mejores quintetos de la NBA.
No es que sus números sean malos, ya que sigue jugando a un nivel increíble para su edad, el problema es el reglamento. La liga exige ahora jugar al menos 65 partidos para poder recibir premios, y las lesiones han impedido que LeBron llegue a esa cifra mínima esta temporada.
Esta barrera del reglamento de la NBA ha terminado por atrapar a un LeBron James que, en su 23ª campaña como profesional, ha tenido que escuchar los avisos constantes de su propio cuerpo. Los problemas físicos no perdonan y las lesiones han hecho acto de presencia de forma recurrente en el vestuario de Los Angeles Lakers.
Las lesiones frenan la longevidad de LeBron James en Los Ángeles
Con un parte médico que ha reflejado desde una artritis persistente en el pie izquierdo hasta una irritación en el nervio ciático que le provocaba dolores agudos en la espalda, LeBron James ha acumulado ya 18 ausencias.
Al restarle tan poco margen de maniobra en el calendario, las matemáticas han dictado que es imposible que alcance el mínimo de partidos requeridos. Se rompe así una racha de permanencia en la élite absoluta que comenzó cuando muchos de los jugadores que hoy dominan la liga apenas eran unos niños que empezaban a botar un balón.
Así, a sus 41 años, el alero ha promediado números de estrella, con más de 21 puntos y casi siete asistencias por encuentro, liderando a unos Lakers que pelean por los puestos de privilegio en la Conferencia Oeste.
Pero la NBA, en su afán por combatir el descanso programado de las grandes figuras, ha instaurado un sistema de premios que penaliza la falta de disponibilidad, sin tener en cuenta si el motivo es una gestión inteligente del esfuerzo o una lesión traumática. El propio LeBron ha sido muy vocal al respecto, cuestionando cómo un jugador que impacta tanto en el juego como Nikola Jokic podría verse también excluido de los libros de historia de este año por problemas físicos similares.

En el seno de la franquicia angelina, esta noticia llega en un momento total. Tras derrotas contundentes frente a proyectos emergentes como los San Antonio Spurs o los Oklahoma City Thunder, el tono de LeBron James ha subido de intensidad.
El jugador ha admitido con crudeza que el equipo actual no tiene la energía suficiente para competir durante los 48 minutos de un partido de alto nivel, una confesión que suena a despedida o, al menos, a una aceptación de que los años de dominio absoluto están quedando atrás. La paciencia, según sus propias palabras, se agota cuando el cuerpo ya no responde con la misma inmediatez que hace una década y los resultados colectivos no acompañan al esfuerzo titánico de mantenerse en pie cada noche.
El All-Star como último refugio de LeBron
A pesar de este revés en los premios individuales, el legado de LeBron James sigue sumando capítulos inéditos. Su próxima participación en el All-Star de este fin de semana será su 22ª elección, un hito que refuerza su estatus de icono global. Sin embargo, la exclusión de los mejores quintetos marca un punto de inflexión simbólico.
Es la señal definitiva de que el cambio de guardia es una realidad tangible. Mientras jóvenes talentos como Victor Wembanyama o Shai Gilgeous-Alexander acaparan los focos por su frescura y disponibilidad constante, el "Rey" empieza a seleccionar sus batallas, sabiendo que el tiempo, el único rival al que nadie ha podido vencer, ha empezado finalmente a dictar las reglas del juego.
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