¿Cuándo se enciende la calefacción central y cómo se reparte el gasto? Ni el presidente ni el administrador son quienes deciden

La fecha de encendido de la calefacción central y el reparto de los gastos no dependen de una decisión unilateral del presidente ni del administrador de la finca. La Ley de Propiedad Horizontal establece que estas cuestiones deben aprobarse en junta de propietarios y conforme a las mayorías legales exigidas.

Si se trata de temas de comunidad de vecinos, siempre hay problemas y, cuando se tocan servicios comunes, como la calefacción, los problemas son mucho más grandes. ¿Quién decide cuándo se enciende la calefacción central en tu comunidad? ¿El presidente? ¿El administrador? ¿El vecino que siempre tiene frío en septiembre? La respuesta es más sencilla (y más democrática) de lo que muchos creen.

Cada otoño se repite la misma escena en miles de edificios, mensajes en el grupo de WhatsApp, notas en el ascensor y discusiones en el rellano. Que si hace frío ya, que si aún es pronto, que si el gas está por las nubes. Pero lo cierto es que la Ley de Propiedad Horizontal deja bastante claro quién manda aquí.

Y no, no es una decisión unilateral. Ni del presidente, ni del administrador, ni del vecino más insistente. Es la comunidad, reunida en junta, la que tiene la última palabra.

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La calefacción central no la enciende el presidente

La calefacción central no la enciende el presidente
Cualquier decisión sobre su encendido, apagado o funcionamiento debe aprobarse en junta de propietarios. Fuente: Agencias

La calefacción central es un elemento común del edificio. Igual que el ascensor o la fachada. Eso significa que cualquier decisión sobre su encendido, apagado o funcionamiento debe aprobarse en junta de propietarios. Así lo recoge el artículo 17 de la Ley de Propiedad Horizontal.

En la práctica, esto implica que el calendario se fija por mayoría simple de los propietarios presentes y representados, siempre que también representen la mayoría de las cuotas. No hay una fecha oficial en el BOE que obligue a encenderla el 1 de noviembre. Cada comunidad adapta el inicio y el final de la temporada a su clima y a sus necesidades. De ahí que en el norte suela arrancar antes y en zonas más cálidas se retrase hasta bien entrado el otoño.

Horarios, cambios y vecinos en desacuerdo

Horarios, cambios y vecinos en desacuerdo
La clave está en que ningún propietario puede modificar el sistema por su cuenta. Fuente: Agencias

No solo se decide cuándo empieza la temporada. También los horarios diarios dependen de lo que acuerden los vecinos. Algunas comunidades optan por tramos por la mañana y por la tarde. Otras concentran el uso en las horas centrales del día. No existe un horario universal.

Aquí es donde suelen surgir las fricciones. Siempre hay quien quiere más horas y quien preferiría menos para ahorrar. La clave está en que ningún propietario puede modificar el sistema por su cuenta. Si un grupo quiere adelantar el encendido o ampliar el horario, debe llevarlo a junta y someterlo a votación. En algunos casos, incluso un porcentaje relevante de cuotas puede forzar la convocatoria para revisar la decisión si las temperaturas cambian de forma brusca.

Cómo se reparte el gasto (aunque no la uses)

Cómo se reparte el gasto (aunque no la uses)
Es un servicio común que obliga a dialogar, votar y asumir decisiones colectivas. Fuente: Agencias

El otro gran foco de conflicto es el dinero. Por norma general, el coste de la calefacción central se reparte según la cuota de participación que figura en el título constitutivo. Es decir, pagas en función de lo que te corresponde como propietario, aunque apenas abras los radiadores.

Sin embargo, la normativa ha evolucionado. El Real Decreto 736/2020 obliga, salvo excepciones, a instalar contadores individuales o repartidores de costes en muchos edificios con calefacción central. La idea es que parte del gasto se asigne según el consumo real de cada vivienda. Eso no elimina completamente los costes fijos (mantenimiento, revisiones obligatorias según la normativa), pero sí permite ajustar una parte importante del recibo.

Este cambio ha generado reacciones de todo tipo. Hay vecinos que celebran poder pagar solo por lo que consumen. Otros critican la inversión inicial que supuso instalar los dispositivos. Y en los pisos de alquiler también hay debate: si el consumo está individualizado, lo asume el inquilino; si está incluido en la cuota comunitaria sin contadores, suele corresponder al propietario.

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Al final, la calefacción central es mucho más que un botón que se pulsa cuando bajan las temperaturas. Es un servicio común que obliga a dialogar, votar y asumir decisiones colectivas. Puede generar tensiones, sí. Pero también recuerda algo básico en la vida en comunidad: aquí las reglas no las impone una sola persona.

Y quizá ese sea el verdadero aprendizaje cada invierno. Antes de culpar al presidente o al administrador, conviene mirar el acta de la última junta. Porque el calor (o la falta de él) no depende de una sola mano, sino del acuerdo de todos.

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