En las últimas semanas, el foco mediático se ha puesto con insistencia sobre Abu Dabi. Los rumores sobre que el estado de salud del rey Juan Carlos I (88 años) habría empeorado han corrido como la pólvora por las redacciones y las redes sociales. Todo comenzó a raíz de una ausencia que no pasó desapercibida para nadie: el funeral de su cuñada, Irene de Grecia. El hecho de que sus médicos le hubieran desaconsejado viajar encendió todas las alarmas sobre su verdadera condición física.
Sin embargo, el emérito no ha querido que otros hablen por él y ha tomado la iniciativa de dar la última hora sobre cómo se encuentra realmente. Desde su residencia en los Emiratos Árabes, Juan Carlos I ha despejado los rumores y ha dado unas declaraciones con las que ha asegurado que se encuentra bien. Lejos de la imagen de fragilidad que algunos medios han intentado proyectar, el padre de Felipe VI se muestra firme y con ganas de zanjar un debate que, según sus propias palabras, ha llegado a puntos extremos.
La contundente respuesta del emérito desde Abu Dabi

Para frenar esta bola de nieve mediática, ha sido la revista ¡Hola! la que ha hablado con el rey Juan Carlos I en primicia. No ha sido a través de un comunicado oficial frío o distante, sino mediante una conversación telefónica desde la casa en la que reside habitualmente. Durante la charla, el emérito no dudó en pedir: “dejen de matarme”. Unas palabras a las que ha añadido que “me encuentro muy bien, me cuido y hago ejercicio todos los días”.
Según han relatado desde el citado medio, el tono del monarca no fue de enfado, sino más bien divertido. Incluso ha bromeado con el asunto, quitándole hierro a las informaciones que lo situaban en una situación crítica. De este modo, según él mismo ha comunicado, su estado de salud es bueno y cada día hace ejercicio físico para cuidarse y sentirse bien. Con esta intervención telefónica, ha querido apagar las alarmas que apuntaban a que estaría mal y que han hecho que en los últimos días se haya hablado mucho de él. Juan Carlos I prefiere centrarse en su rutina diaria y en demostrar que, a sus 88 años, mantiene una disciplina de cuidado personal constante.
El análisis de su biógrafa sobre el envejecimiento y los viajes

Hace apenas unas semanas, el testimonio de su amiga y biógrafa Laurence Debray ya intentaba calmar las aguas, aunque sus palabras fueron interpretadas de diversas maneras. Ella aseguró que su amigo se encontraba bien tras haberlo visitado a mediados de enero en Abu Dabi. Laurence reveló entonces que él estaba muy contento con el éxito de su libro y que en cuanto a su salud estaba “como cualquier hombre de 88 años que está envejeciendo”. Esta frase, aunque realista, fue la que muchos utilizaron para seguir especulando sobre un posible deterioro progresivo que le impediría cumplir con sus compromisos familiares.
Debray también puso luz sobre cómo es la vida del rey Juan Carlos I en su lugar de residencia, donde está muy bien atendido por los médicos. Al parecer, el problema no es una enfermedad grave repentina, sino el cansancio acumulado y la gestión de los traslados internacionales. Los doctores le recomiendan que descanse, aunque esto es algo que a él le cuesta mucho por su carácter inquieto. Fue precisamente su biógrafa quien afirmó que los médicos habían desaconsejado al padre de Felipe VI hacer viajes largos en pocos periodos de tiempo, una recomendación que explicaba su sonada ausencia en Atenas para despedir a la princesa Irene.
Las dificultades logísticas de sus visitas a Madrid

Uno de los puntos más llamativos de las declaraciones de Debray tiene que ver con la logística de Juan Carlos I cuando viaja a la capital española. Según la autora, parte de ese cansancio que siente viajando tantas horas para estar poco tiempo en sus destinos se debe a un factor emocional y de comodidad. Dijo que “no puede dormir en el Palacio de la Zarzuela, y dormir en un hotel le aflige. Como considera que no puede descansar en Madrid, sus médicos le desaconsejaron asistir al funeral de la princesa Irene, porque eso suponía ir a Madrid y luego a Atenas de un tirón”.
Esta situación complica mucho cualquier aparición pública del emérito en eventos familiares que requieran desplazamientos rápidos. Si no puede pernoctar en su antigua residencia y el alojamiento en hoteles le supone un estrés añadido, los médicos prefieren evitarle el agotamiento de los vuelos transcontinentales. A pesar de estas limitaciones logísticas, su amiga Debray confirmó que la moral de Juan Carlos I sigue alta, algo que considera fundamental para su bienestar general. “No hay motivos para alarmarse, sus médicos le cuidan muy bien”, insistió la escritora para zanjar la polémica sobre la fragilidad cardíaca o el uso del marcapasos que se ha comentado en programas de televisión.
Sanxenxo sigue siendo su gran objetivo para este año

A pesar de los episodios de fiebre que algunos programas como ‘Fiesta’ mencionaron recientemente, calificándolos como baches leves que solo requirieron revisión, los planes de Juan Carlos I no han cambiado. Laurence Debray confirmó que entre sus intenciones para este 2026 está el seguir viajando a Sanxenxo. Este rincón de Galicia se ha convertido en su mayor refugio, el lugar donde disfruta de sus amigos de toda la vida y de su gran pasión, la vela. El emérito no está dispuesto a renunciar a estas escapadas que tanto beneficio le aportan a nivel psicológico y físico.
Por tanto, hoy por hoy, no hay nada que temer en lo que a la salud del rey Juan Carlos I se refiere. Su rutina de ejercicio diario en Abu Dabi, sumada a una mentalidad positiva y al seguimiento constante de su equipo médico, parece ser la fórmula que le permite mantenerse activo a los 88 años. Aunque por el momento se desconoce cuál será su próximo viaje a España o cuándo se producirá ese esperado reencuentro con el resto de la Familia Real, lo que queda claro es que el emérito, aparentemente, está muy lejos de la imagen de gravedad que se había dibujado.







