Arbeloa hereda los atascos de un Real Madrid que juega a impulsos

Ganar no siempre es sinónimo de convencer. El Real Madrid salió de Valencia con los tres puntos bajo el brazo, pero con las mismas señales de agotamiento creativo que arrastra desde hace meses. Ni el cambio en el banquillo ni el acierto de sus estrellas logran esconder que el equipo todavía no sabe muy bien a qué juega

La victoria en Mestalla por cero a dos deja una sensación agridulce. El Real Madrid sigue sumando puntos, pero lo hace con una falta de claridad que empieza a ser preocupante. Parece que el problema no era solo una cuestión de nombres en el banquillo, porque semanas después del relevo, Álvaro Arbeloa se enfrenta exactamente a los mismos muros que Xabi Alonso. El equipo saca adelante los resultados por pura inercia y calidad individual, pero cuesta identificar un estilo o un plan de juego que sostenga esa superioridad en el tiempo.

El marcador en Valencia fue favorable, en parte gracias a que Kylian Mbappé mantiene su puntería intacta, pero el fútbol que despliega el grupo está lejos de lo que se espera. El centro del campo sigue siendo una zona de paso sin una estructura definida, donde la pelota circula de forma previsible y sin la intención necesaria para desarmar a los rivales que deciden encerrarse.

El Real Madrid de Arbeloa, un equipo estático frente a defensas cerradas

Uno de los fallos más evidentes que se repiten jornada tras jornada es la falta de movilidad. Cuando un equipo se planta atrás y le cede la iniciativa al Madrid, el conjunto blanco se vuelve lento y falto de ideas. Faltan rupturas en profundidad y movimientos automáticos que obliguen a la defensa rival a descolocarse. No se ven esas carreras al espacio que antes eran la marca de la casa.

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En Mestalla, ante un Valencia que se protegió con tres centrales, el Madrid tuvo una oportunidad de oro para ensanchar el campo y buscar los huecos. Sin embargo, la circulación fue horizontal y sin riesgo. Jugadores como Fede Valverde o Eduardo Camavinga tienen la potencia física para romper líneas, pero parecen contenidos o falta de instrucciones claras para lanzarse al ataque con frecuencia. El resultado es un equipo que apenas genera ocasiones de peligro real a pesar de tener el control del balón.

Arbeloa hereda los atascos de un Real Madrid que juega a impulsos Fuente: RMCF
El Real Madrid de Arbeloa sigue con muchas y preocupantes sombras Fuente: RMCF

El vacío de los directores de orquesta

Es un error señalar a jugadores concretos como Jude Bellingham para explicar este bache. El problema es mucho más profundo y tiene que ver con la estructura del juego. El Real Madrid está acusando, quizás más de lo previsto, la ausencia de figuras que manejaban el ritmo a su antojo. Sin Toni Kroos y con Luka Modric fuera de la ecuación principal, el equipo ha perdido la brújula.

Se echa de menos a ese futbolista capaz de leer los tiempos y dar el pase preciso cuando el partido se atasca. Jugadores jóvenes con talento, como Arda Güler, todavía no tienen el peso ni la jerarquía para asumir esa responsabilidad de mando. El Madrid tiene ahora mucha potencia y mucha velocidad, pero le falta alguien que piense y que ponga orden en el caos. Sin ese director de orquesta, los ataques se vuelven precipitados o mueren en las manos de defensas bien plantadas.

La solidez defensiva como único consuelo para Arbeloa

Dentro de este panorama gris, hay un aspecto que sí funcionó en Valencia: la defensa. El equipo de Arbeloa apenas permitió que el rival se acercara con peligro y mantuvo la portería a cero sin pasar apuros excesivos. El grupo estuvo junto y ordenado atrás, impidiendo que el Valencia disparase a puerta con claridad. Es, de momento, el clavo ardiendo al que se agarra Arbeloa para seguir compitiendo mientras busca soluciones arriba.

El Real Madrid tiene margen de mejora, pero el tiempo corre y la exigencia de la temporada no espera a nadie. Los tres puntos son vitales para no perder de vista la cabeza de la liga, pero para pelear por títulos grandes, el equipo necesita algo más que solidez defensiva y chispazos de sus delanteros. Necesita, sobre todo, recuperar la fluidez y volver a ser un equipo reconocible en cada tramo del campo.

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