Escándalos, censura y simbolismo político: el medio tiempo del Super Bowl se ha convertido en el campo de batalla cultural de Estados Unidos.
El espectáculo del medio tiempo del Super Bowl ha dejado de ser un simple intermedio musical para transformarse en un termómetro de la tensión social y política en Norteamérica. Desde el traumático "fallo de vestuario" de Janet Jackson hasta las jaulas de Jennifer Lopez, el evento demuestra que 13 minutos de televisión en directo pueden generar más debate que años de política convencional. Con la llegada de Bad Bunny al escenario en 2026, el foco se desplaza ahora hacia la identidad latina, en un contexto donde el simbolismo y el comentario social suelen chocar frontalmente con la férrea supervisión de la NFL.
La historia del Super Bowl es una cronología de momentos que desafiaron el statu quo ante audiencias superiores a los 100 millones de personas. Lo que para la liga es un producto comercial, para artistas como Beyoncé o Kendrick Lamar ha sido una oportunidad para lanzar mensajes sobre la justicia social o la identidad racial, a menudo ante la mirada incómoda de los líderes políticos presentes en el estadio.
El "Nipplegate" y el doble rasero de la industria
El incidente de 2004 en Houston marcó un antes y un después en la historia de la televisión estadounidense. Durante la actuación de "Rock Your Body", Justin Timberlake descubrió el pecho de Janet Jackson ante una audiencia global, un suceso que el cantante calificó como un "fallo de vestuario". La reacción conservadora fue tan violenta que la FCC impuso multas históricas de 550.000 dólares y se instauró el retardo de varios segundos en las emisiones en vivo para permitir la censura inmediata.
Sin embargo, el verdadero escándalo fue la disparidad en las consecuencias profesionales para ambos protagonistas. Mientras Janet Jackson sufrió un veto masivo en radio y televisión que hundió su carrera durante años, Timberlake continuó su ascenso al estrellato sin apenas roces. Este agravio comparativo, analizado hoy bajo una lente de género y raza, sigue siendo la herida abierta más profunda en la historia de la NFL y la cultura pop.
"Formation": Cuando Beyoncé desafió al conservadurismo
En 2016, Beyoncé transformó el campo de juego en un escenario de resistencia política con su interpretación de "Formation". Sus bailarinas, vestidas con uniformes que rendían homenaje a los Panteras Negras y con puños en alto, evocaron las protestas por los derechos civiles y el activismo moderno. No fue solo una coreografía, sino una declaración estética que celebraba la identidad negra en un espacio tradicionalmente conservador.
La actuación desató una tormenta mediática, con sectores policiales y comentaristas de derecha acusando a la artista de promover sentimientos anti-policiales. El uso de simbolismo como la "X" de Malcolm X en la formación de las bailarinas demostró que Beyoncé no buscaba solo entretener, sino provocar una conversación nacional sobre el racismo sistémico. Fue el momento en que el medio tiempo se volvió definitivamente político.
Niños en jaulas y la rebeldía de Jennifer Lopez
Uno de los choques más directos entre la NFL y un artista ocurrió en 2020, durante el show de Jennifer Lopez y Shakira. Lopez diseñó un segmento que mostraba a niños dentro de estructuras iluminadas similares a jaulas, una crítica directa a las políticas migratorias de detención de menores en la frontera. A pesar de que la liga intentó censurar el montaje durante los ensayos, la cantante se mantuvo firme en su visión artística.
Este acto de rebeldía visual puso de manifiesto la tensión constante entre los artistas y la organización. Al utilizar elementos visuales en lugar de discursos explícitos, Lopez logró saltarse los filtros de la liga para enviar un mensaje político potente sobre la identidad latina y los derechos humanos. Fue una lección de cómo utilizar la escala del evento para amplificar una denuncia social sin necesidad de palabras.
El gesto de Eminem y el legado de Kaepernick
En 2022, el hip hop tomó el mando con una reunión de leyendas liderada por Dr. Dre, pero fue Eminem quien protagonizó el titular de la noche. Al finalizar su actuación, el rapero hincó la rodilla en el suelo, un gesto idéntico al que costó su carrera a Colin Kaepernick por protestar contra la brutalidad policial. Aunque la NFL negó haber prohibido el gesto, los informes previos indicaban una fuerte resistencia interna a que se produjera.
Este momento reafirmó que el escenario del Super Bowl es un espacio donde el activismo se filtra a pesar de los protocolos de seguridad. Al arrodillarse ante millones de espectadores, Eminem validó la protesta de Kaepernick y recordó a la audiencia que los problemas sociales no se quedan fuera del estadio. La NFL, que durante años castigó este tipo de expresiones, se vio obligada a aceptarlo como parte de la narrativa del show.
Bad Bunny y la nueva frontera de la identidad latina
El camino hacia 2026 está marcado por la expectativa de qué hará Bad Bunny con el micrófono más potente del mundo. Su historial de críticas al poder político y su orgullo cultural sugieren que su actuación no será neutral. El artista puertorriqueño llega en un momento de máxima polarización, donde el uso del idioma español y la representación de la cultura caribeña se perciben como actos de afirmación política en sí mismos.
La gran incógnita es cuánta libertad permitirá la NFL a un artista que suele romper todas las reglas de vestuario, género y discurso. Lo que es seguro es que, como ha ocurrido en las últimas décadas, el simbolismo de la puesta en escena será analizado fotograma a fotograma. El medio tiempo ya no es solo música; es el lugar donde Estados Unidos se mira al espejo y, a veces, no le gusta lo que ve reflejado.






