Una señal del espacio lleva más de tres décadas pulsando hacia la Tierra con la precisión de un metrónomo cósmico. Cada 21 minutos, sin fallo, la misma transmisión misteriosa atraviesa millones de kilómetros para llegar a nuestros radiotelescopios. Nadie sabe qué la emite ni por qué mantiene ese ritmo implacable.
Los astrónomos que trabajan con el radiotelescopio australiano MWA captaron esta anomalía en 2022, pero al revisar archivos antiguos descubrieron algo inquietante: la misma NASA y observatorios indios ya habían registrado esa señal en 1998. Llevaba ahí todo el tiempo, enterrada bajo montañas de datos sin analizar, esperando a que alguien conectara los puntos.
La señal que no debería existir
Los datos son tan extraños que desafían las categorías conocidas. La señal aparece siempre en ventanas de 6 minutos, pero dentro de ese margen puede durar desde 30 segundos hasta 5 minutos completos. Los intervalos entre transmisiones nunca varían: exactamente 22 minutos.
Frente a este patrón hipnótico, los científicos rastrearon su origen hasta la constelación de Scutum, a unos 15.000 años luz de distancia. Apuntaron los instrumentos más potentes hacia esa región y detectaron un objeto compacto parecido a una estrella de neutrones. Pero nada encaja: las estrellas de neutrones no emiten señales con esta regularidad durante décadas sin cambios.
Por qué febrero de 2026 reabre el caso
El interés científico por esta señal acaba de dispararse esta semana por tres razones concretas:
- Nuevos datos del telescopio James Webb: Observaciones recientes confirman que el objeto emisor no muestra variación alguna en 35 años, algo extraordinariamente raro
- Comparación con señales recientes: Una señal de rayos gamma detectada en marzo de 2025 duró apenas 10 segundos y desapareció; esta lleva 35 años activa
- Análisis de archivo completados: Los científicos terminaron en enero de 2026 la revisión completa de grabaciones históricas, confirmando que la señal nunca se ha desviado ni un minuto de su patrón
- Tecnología de detección mejorada: Los radiotelescopios actualizados en 2025 permiten captar detalles que antes eran invisibles, revelando micro-patrones dentro de cada pulso
El magnetar que no se comporta como debería
La hipótesis más popular apunta a un magnetar: una estrella de neutrones con un campo magnético colosal, millones de veces más fuerte que cualquier imán terrestre. Estos objetos pueden emitir radiación intensa cuando su corteza se fractura en terremotos estelares.
El problema golpea cuando se analizan los detalles. Los magnetares conocidos emiten radiación de rayos X durante sus episodios violentos, pero la señal misteriosa de 22 minutos no muestra rastro de rayos X. Además, los terremotos estelares son eventos caóticos; esta señal es metronómica, predecible, casi artificial en su precisión.
Los astrónomos calcularon que si realmente fuera un magnetar, su rotación tendría que ser extraordinariamente lenta para producir pulsos cada 21 minutos. La mayoría de magnetares giran en milisegundos o segundos, no en decenas de minutos.
Lo que esto revela sobre nuestros límites científicos
Más allá del enigma puntual, esta señal expone una verdad incómoda: llevamos 35 años recibiendo un mensaje del cosmos que no sabemos descifrar. No porque sea extraterrestre (probablemente no lo sea), sino porque nuestros modelos astrofísicos tienen agujeros.
La señal nos obliga a replantear lo que creemos saber sobre estrellas muertas. Si un objeto puede mantener actividad electromagnética tan estable durante décadas sin consumirse, ¿qué otros fenómenos cósmicos estamos malinterpretando? El caso recuerda a la famosa señal Wow de 1977: un pulso único que nunca se repitió y que sigue sin explicación 49 años después.
Este misterio también revela el problema del "ruido de datos": toneladas de información capturada por telescopios que nadie tiene tiempo de analizar. La señal estuvo ahí desde 1998, pero tardamos 24 años en notarla. ¿Cuántos otros secretos espaciales esperan enterrados en archivos?
Qué esperan los astrónomos en 2026
Los próximos meses serán decisivos. El consorcio internacional de radiotelescopios planea una campaña de observación coordinada entre marzo y junio de 2026, apuntando simultáneamente cuatro observatorios hacia Scutum. El objetivo: capturar la señal con resolución sin precedentes.
Si logran detectar cambios microscópicos en la frecuencia o intensidad, podrán calcular si el objeto se está acercando, alejando o girando más despacio. Eso daría pistas sobre su naturaleza real. También buscarán señales complementarias en otras longitudes de onda: infrarrojo, ultravioleta, rayos gamma.
Mientras tanto, la señal sigue ahí. Cada 21 minutos, puntual como un reloj suizo cósmico, recordándonos que el universo guarda secretos que aún no estamos listos para descifrar. En NASA ya trabajan en nuevos protocolos de análisis de datos para evitar que futuros misterios tarden décadas en salir a la luz.
| Actor | Próximos pasos | Plazo |
|---|---|---|
| Radiotelescopios internacionales | Observación coordinada de alta resolución | Marzo-junio 2026 |
| NASA | Revisión de archivos históricos con IA | Primer trimestre 2026 |
| Comunidad científica | Publicación de teorías alternativas | Febrero-mayo 2026 |
| Telescopio James Webb | Análisis espectral del objeto emisor | Segundo trimestre 2026 |
Preguntas clave para entenderlo todo
P: ¿Puede ser una señal artificial de origen extraterrestre?
R: Los astrónomos lo descartan; ninguna civilización transmitiría de forma tan básica durante 35 años sin variación.
P: ¿Por qué tardaron tanto en detectarla si lleva desde 1998?
R: Estaba enterrada en terabytes de datos sin analizar; solo búsquedas específicas de patrones la sacaron a la luz en 2022.
P: ¿Qué tiene de especial esta señal comparada con otras señales espaciales?
R: Su regularidad absoluta durante 35 años; la mayoría de fenómenos cósmicos cambian, se aceleran o desaparecen en días o meses.
P: ¿Cuándo sabremos qué la causa realmente?
R: Las observaciones de 2026 podrían dar respuestas definitivas si detectan cambios microscópicos en la señal o emisiones en otras frecuencias.









