El margen de error se ha terminado en las oficinas del Ibercaja Estadio. Con la plantilla de Rubén Sellés bajo mínimos por las lesiones y un rendimiento deportivo que no deja de caer, el Real Zaragoza confía su supervivencia a los seis futbolistas llegados en el mercado de enero. La urgencia es total y el técnico no tiene tiempo para esperas: los nuevos deben rendir desde el primer minuto para alcanzar los puntos necesarios que aseguren la permanencia.
Y es que al Real Zaragoza se le agota el tiempo. Por delante quedan 18 finales donde cada punto será un tesoro en una pelea por la salvación que este año promete ser mucho más cara de lo habitual. Llegar a los 50 puntos es ahora la meta irrenunciable para evitar un descenso que la pasada campaña se sorteó con menos angustia. Con el mercado ya cerrado, el club ha puesto todas sus esperanzas en seis futbolistas que llegan con la misión de cambiarle la cara a un grupo deprimido. La sensación de urgencia recorre cada rincón de la entidad, ya que la distancia con los puestos de peligro se ha reducido de forma alarmante tras los últimos resultados.
Los seis elegidos para el cambio vienen de realidades muy alejadas entre sí. Desde la experiencia internacional de El Yamiq en Arabia o Nikola Cumic en Rusia, hasta la apuesta por la juventud de Nawuli Mensah o Juan Larios. Esta mezcla es la que Rubén Sellés debe encajar a contrarreloj. El técnico valenciano no tiene otra opción que lanzarlos al césped este mismo sábado contra la SD Eibar, ya que el bajo rendimiento de los habituales ha dejado al equipo sin argumentos futbolísticos. La afición espera que este cambio de caras sirva para romper una dinámica negativa que amenaza con hundir al equipo en la tabla.
El espejo de la competencia y la necesidad de gol en el Real Zaragoza de Sellés
El espejo donde mirarse está en sus propios rivales de la categoría. Equipos como Las Palmas, Racing o Mirandés han visto cómo sus refuerzos invernales marcaban goles en su primer contacto con el balón, cambiando la suerte de sus clubes en apenas unos minutos.
El Zaragoza necesita ese mismo efecto para sacudirse la apatía que mostró en su última salida en Albacete, donde el grupo se vio superado y sin alma durante los noventa minutos. La llegada de delanteros como William Agada busca precisamente eso: recuperar el olfato goleador en un bloque que genera pocas ocasiones y materializa todavía menos. La confianza de los seguidores se ha ido agrietando, y solo un resultado positivo inmediato podrá calmar los ánimos en la grada.

La situación médica tampoco ayuda a mantener la calma en el vestuario. Con siete jugadores en la enfermería, entre ellos piezas clave como Raúl Guti, Keidi Bare o Toni Moya, el entrenador está obligado a reconstruir el centro del campo y la defensa con lo que acaba de aterrizar. No es una elección por gusto, sino por pura supervivencia. La acumulación de lesiones musculares ha dejado el banquillo bajo mínimos, lo que acelera los planes para dar la titularidad a jugadores que apenas llevan un par de entrenamientos con sus nuevos compañeros. La coordinación sobre el campo será el gran reto técnico en el próximo duelo liguero.
Defensa y ataque bajo una nueva estructura
La defensa y el ataque ganan piezas que podrían ser titulares el sábado. El Yamiq llega con ritmo de competición tras disputar la Copa África con Marruecos y podría ocupar el centro de la zaga de inmediato para aportar la contundencia que falta. Por su parte, Juan Larios está listo para pelear el lateral izquierdo junto a Tasende, aportando una profundidad que el equipo ha echado de menos durante toda la primera vuelta. En la delantera, Agada se perfila como el socio ideal para Dani Gómez, intentando formar una pareja que castigue las dudas de las defensas rivales.
La apuesta es arriesgada pero necesaria. Con lo que había hasta ahora, el equipo no tenía fuerzas para salvarse y la entrada de aire fresco es el último grito de esperanza para evitar un desastre histórico. El club ha buscado perfiles muy distintos para cubrir las carencias que se han ido viendo desde el verano. La dirección deportiva confía en que la veteranía de unos y el hambre de los más jóvenes formen un bloque sólido capaz de competir en cualquier estadio. La meta de la permanencia exige un cambio de mentalidad radical, pasando de la timidez actual a una agresividad que permita sumar de tres en tres puntos.
La última bala de Rubén Sellés
El técnico valenciano se enfrenta a su examen más difícil desde que llegó al banquillo aragonés. Tras el encuentro en Albacete, Sellés mostró por primera vez su enfado público con la plantilla, señalando la falta de actitud de algunos futbolistas que parecían no ser conscientes de lo que hay en juego. La llegada de los seis fichajes le da ahora una herramienta para aumentar la competencia interna y dejar fuera de la convocatoria a quienes no den el nivel exigido en los entrenamientos. El mensaje es claro: nadie tiene el puesto asegurado y los nuevos vienen con la lección aprendida de que en Zaragoza no se espera a nadie.
El partido ante el Eibar no es solo un encuentro más; es la prueba definitiva para ver si este plan de choque funciona. Si los nuevos logran conectar con la grada y demostrar su valía desde el pitido inicial, el Real Zaragoza podrá mirar al futuro con algo más de optimismo. Sin embargo, si el equipo vuelve a mostrarse apático e incapaz de reaccionar ante la adversidad, el riesgo de caer al pozo será una realidad imposible de ignorar. La suerte está echada y estos 18 partidos marcarán el destino de una institución histórica que no puede permitirse un paso atrás.







