Cuando emprender en España significa vivir con 670 euros al mes: “es la trampa del autónomo”

Emprender en España ya no siempre es sinónimo de libertad ni de progreso, sino de resistencia diaria con ingresos que no llegan a fin de mes. Vivir con 670 euros, pagar cuotas y seguir adelante se ha convertido en la trampa silenciosa en la que caen miles de autónomos.

¿De verdad ser autónomo sigue siendo sinónimo de libertad? ¿O se ha convertido en una vía silenciosa hacia la precariedad? En España, emprender ya no siempre significa arriesgar para crecer, sino resistir para no caer.

Los últimos datos han caído como un jarro de agua fría incluso entre quienes conocen bien el sector, uno de cada cuatro autónomos vive con ingresos iguales o inferiores a 670 euros al mes. No es una excepción ni un fallo puntual del sistema. Es un patrón que se repite y se consolida.

En redes, en asociaciones y en conversaciones de bar se repite la misma frase, “trabajo más que nunca y gano menos que antes”. El fenómeno ya tiene nombre y empieza a incomodar a gobiernos, sindicatos y organizaciones empresariales: los llamados autónomos pobres.

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El autoempleo como refugio… y como trampa

El autoempleo como refugio… y como trampa
Cerca de 800.000 autónomos declaran rendimientos mensuales iguales o inferiores a 670 euros. Fuente: Agencias

Durante años se ha vendido el autoempleo como una salida digna al desempleo. Y para muchos lo fue, al menos al principio. Pero hoy, cada vez más personas reconocen que se dieron de alta no porque tuvieran un proyecto sólido, sino porque no había otra opción. “O me hacía autónomo o no trabajaba”, es una frase que se repite en testimonios recogidos estos días.

Las cifras respaldan esa sensación. Cerca de 800.000 autónomos declaran rendimientos mensuales iguales o inferiores a 670 euros, muy por debajo del salario mínimo. Muchos de ellos no son casos marginales ni actividades esporádicas, más de medio millón tiene en el autoempleo su única fuente de ingresos. Aun así, no llegan.

El contraste con el empleo asalariado es cada vez más evidente. Mientras el mercado laboral presume de cifras récord y salarios mínimos que superan los 1.100 euros, miles de autónomos siguen atrapados en negocios que apenas cubren gastos. La sensación generalizada es de agravio comparativo, trabajar más para ganar menos… y sin red.

Tarifa plana y ayudas: el espejismo que no funcionó

Tarifa plana y ayudas: el espejismo que no funcionó
Más del 60% de quienes se acogen a estas medidas no supera los 700 euros mensuales de ingresos. Fuente: Agencias

Buena parte del problema está en cómo se han diseñado las políticas de fomento del autoempleo. La tarifa plana y las ayudas al inicio de actividad nacieron para impulsar proyectos, pero han terminado empujando a mucha gente a emprender sin viabilidad real. Los propios datos oficiales lo confirman, más del 60% de quienes se acogen a estas medidas no supera los 700 euros mensuales de ingresos.

En las últimas horas, tras publicarse estas cifras, las reacciones no se han hecho esperar. En foros y redes sociales abundan los mensajes de autónomos que hablan abiertamente de “engaño” y “maquillaje del paro”. La idea de que el autoempleo se ha usado para mejorar estadísticas, más que para crear empleo sostenible, gana cada vez más peso.

Desde organizaciones como UPTA el mensaje es claro y poco complaciente, se ha bonificado la precariedad. Incentivar altas sin estructura, sin formación suficiente y sin mercado ha generado una burbuja de autónomos que malvive, se endeuda y aguanta por pura inercia. Emprender, en demasiados casos, ha dejado de ser una elección.

Salir del autoempleo sin fracasar en el intento

Salir del autoempleo sin fracasar en el intento
Va de números, de alquileres que no esperan y de cuotas que llegan incluso cuando no hay ingresos. Fuente: Agencias

Plantear una salida digna del autoempleo sigue siendo casi un tabú. Durante años, cerrar un negocio se ha asociado al fracaso personal. Sin embargo, el debate empieza a cambiar. Cada vez más voces reclaman mecanismos para que los autónomos vulnerables puedan transitar hacia un empleo asalariado sin estigmas ni castigos.

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Las propuestas pasan por algo básico, pero poco desarrollado, orientación laboral real, recualificación y reconocimiento de competencias. Muchos autónomos han gestionado clientes, facturación, logística o ventas durante años, aunque sus negocios no hayan sido rentables. Esa experiencia existe y podría aprovecharse mejor.

El problema de fondo es cultural y político. Defender el emprendimiento no debería implicar empujar a la gente a sobrevivir con ingresos indignos. Reconocer que un proyecto no funciona también es proteger el trabajo. Y esa idea, hasta ahora marginal, empieza a abrirse paso entre manifestaciones, plataformas ciudadanas y debates públicos.

Ser autónomo en España ya no va de épica ni de discursos motivacionales. Va de números, de alquileres que no esperan y de cuotas que llegan incluso cuando no hay ingresos. Quizá ha llegado el momento de dejar de aplaudir el “emprende como sea” y empezar a preguntarnos para quién funciona realmente el sistema.

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