El sector del transporte de viajeros funciona hoy gracias al sacrificio de profesionales que aceptan jornadas agotadoras. Jordi, un conductor de autobús con 15 años de experiencia, ha explicado en el pódcast 'Rutas de Éxito' la realidad de un oficio donde la responsabilidad es máxima pero el salario base se queda en 1.600 euros.
Para que el sueldo sea digno, los trabajadores deben recurrir constantemente a los complementos, las dietas y las horas extraordinarias. Esta es una fórmula que implica pasar gran parte de la vida fuera del hogar y renunciar al descanso familiar en fechas señaladas.
Y es que la nómina de un conductor de autobús en España tiene trampa. Aunque el ingreso final puede subir, la base fija es reducida y no refleja la dificultad del puesto. Jordi es claro al respecto: el sustento real viene de los "añadidos".
Sin esos complementos por nocturnidad, festivos o dietas, el sueldo base de 1.600 euros no compensa el riesgo de llevar a 60 pasajeros en cada trayecto. Esta estructura salarial obliga al empleado a buscar la jornada máxima para llegar a fin de mes, convirtiendo el tiempo libre en una moneda de cambio necesaria.
DIETAS Y EXTRAS, LA FÓRMULA PARA QUE EL SUELDO DE UN CONDUCTOR DE AUTOBÚS SEA DIGNO
Así, Jordi conductor reconoce que lo primero que le viene a la cabeza cuando piensa en su trabajo es en las personas que deja en casa: "Es lo más complicado que yo he hecho en este sector, irte 15 o 20 días y no saber si vas a volver en uno o dos meses", explica en el pódcast 'Rutas de Éxito'.
"Ahora hago 600 kilómetros máximo y a dormir en casa", indica mientras explica que, aunque el salario base de convenio parte de 1.600 euros mensuales, con dietas, complementos y horas extra el sueldo medio ronda los 2.500-2.600 euros, superando con creces la media nacional. "No te cambio el autocar por una fábrica. Disfruto lo que hago, y eso no tiene precio", afirma en la charla publicada en Youtube, reivindicando el valor vocacional del oficio.
La diferencia con otros trabajos es la carga de estrés y la falta de horarios fijos. Mientras un empleado de oficina o de fábrica sabe cuándo termina su turno, el conductor depende de la ruta, el tráfico y las necesidades del servicio.
EL ALTO PRECIO DE VIVIR LEJOS DE LA FAMILIA: IRTE 15 O 20 DÍAS Y NO SABER SI VAS A VOLVER EN UNO O DOS MESES"
Esto supone trabajar en Navidad o Año Nuevo, días en los que el salario aumenta, pero a costa de no ver a la familia. Es un modelo de vida que se basa en la resistencia y que, según los profesionales, ya no resulta atractivo para quienes buscan un equilibrio entre el trabajo y la vida personal.
Conducir un vehículo de grandes dimensiones durante cuatro horas y media seguidas, sin poder levantarse ni estirar las piernas, pasa factura al cuerpo. Los conductores veteranos arrastran problemas de espalda y fatiga crónica debido a la vibración constante del asfalto y a la tensión de la carretera. Jordi destaca que la generación que ahora tiene 65 años ha sufrido aún más, ya que trabajó con autobuses mucho más rudos, sin la dirección asistida ni la comodidad de los asientos modernos.
El problema es que, aunque la tecnología ha mejorado los vehículos, el sistema de trabajo sigue siendo el mismo. El retraso en la edad de jubilación obliga a personas con un gran desgaste físico a seguir en activo cuando su cuerpo ya pide una retirada. Esta situación genera un tapón en el sector: los mayores necesitan jubilarse por salud y los jóvenes no entran porque ven que el esfuerzo físico no se paga con un salario base acorde a la penosidad del oficio.
EL DESGASTE FÍSICO Y LA DIFICULTAD PARA JUBILARSE EN LA CARRETERA
Sobre el desgaste del día a día, no duda en señalar que "lo más duro es lo mental". Tratar con cientos de personas a diario exige paciencia, empatía y fortaleza emocional, cualidades que, según él, la pandemia ha puesto a prueba. "Nos hemos vuelto menos empáticos. Muchos se olvidan de que detrás del volante hay una persona, no un punto de información. Yo no soy Google", resume.

Frente a la mentalidad antigua de trabajar sin descanso, las nuevas hornadas de conductores se aferran a la normativa legal. Jordi recuerda etapas pasadas donde llegó a encadenar 96 días de trabajo ininterrumpido, una práctica que hoy considera inasumible. La tarjeta de tacógrafo es ahora la herramienta que garantiza que se respeten los tiempos de conducción y descanso, pero también es el motivo de fricción con las empresas que necesitan cubrir rutas con poco personal.
La postura de los conductores actuales es más firme, exigen que se valore su tiempo y que se contrate a más gente en lugar de "apretar" a los que ya están en plantilla. El sector se encuentra en un punto de no retorno donde la falta de profesionales solo se solucionará si se mejora el sueldo fijo y se reduce la dependencia de las horas extras. El oficio de conductor está en riesgo de desaparecer si no se entiende que la seguridad de los viajeros depende, directamente, de que quien va al volante esté bien pagado y descansado.








