El actual Real Madrid atraviesa una etapa donde el brillo individual de Mbappé y las intervenciones de Courtois no logran compensar los problemas estructurales del equipo. El fútbol suele premiar el funcionamiento táctico del conjunto... pero en esta fase de la Champions la lógica se ha invertido para el conjunto blanco.
Los técnicos han confiado gran parte del éxito a la capacidad resolutiva de sus dos pilares, esperando que los goles del francés y la seguridad del belga ocultaran las carencias en la creación de juego. Los datos finales de esta liguilla confirman que depender de dos figuras aisladas es un riesgo que ha terminado alejando al club de los ocho mejores puestos de Europa.
El récord histórico de Kylian Mbappé resulta estéril para el objetivo del Real Madrid en esta Champions
La fase de grupos de Kylian Mbappé ha sido, sobre el papel, una de las mejores actuaciones individuales que se recuerdan en la historia del torneo. El delantero francés ha logrado anotar 13 goles en apenas seis partidos, una cifra que iguala los registros que normalmente sirven para ganar la Bota de Oro de toda una edición completa.

Mbappé ha superado con creces a delanteros de la talla de Harry Kane o Erling Haaland, asumiendo la responsabilidad del 62% de la producción ofensiva de su equipo. A pesar de este despliegue de efectividad, sus goles en el Estádio da Luz no sirvieron para puntuar, dejando claro que la dependencia excesiva en un solo jugador debilita la estructura general.
La fragilidad defensiva obliga a Thibaut Courtois a intervenciones desesperadas
En el otro extremo del campo, la situación ha sido similar pero con un matiz de mayor urgencia. Thibaut Courtois se ha marchado de esta primera fase como el segundo portero con más paradas realizadas, alcanzando las 38 intervenciones.
Lo más preocupante para el cuerpo técnico de Álvaro Arbeloa es que las mejores actuaciones del belga han coincidido con las derrotas más dolorosas del equipo. En Anfield y en Lisboa, Courtois evitó goleadas que habrían sido históricas, registrando un índice de goles evitados superior al de cualquier otro guardameta de la competición. Que el portero sea el protagonista principal de un partido es siempre la señal más clara de que la defensa no está cumpliendo con su cometido.
El propio Kylian Mbappé ha señalado la irregularidad como el principal mal que aqueja al vestuario. El equipo alterna momentos de gran pegada con periodos de desconexión absoluta, una conducta que en la máxima competición europea se paga con la pérdida de la clasificación directa.
La ausencia de futbolistas que acompañen la faceta goleadora -con la única excepción de Jude Bellingham- ha convertido al Real Madrid en un equipo previsible. La fluidez en el centro del campo y la intensidad en la recuperación han brillado por su ausencia, provocando que los partidos se conviertan en un intercambio de golpes donde el Madrid, esta vez, ha salido perjudicado.
El Real Madrid afronta el 'play off' de Champions con la obligación de recuperar la solidez
El camino hacia la 15ª Champions se ha complicado de forma innecesaria para el conjunto blanco. Al no lograr el billete directo a los octavos de final, el calendario se aprieta y la presión sobre el banquillo aumenta.
El equipo debe encontrar soluciones que vayan más allá de esperar una genialidad de sus estrellas. Recuperar la seguridad defensiva y encontrar una estructura que permita dominar los partidos desde el control del balón son las tareas pendientes para un grupo que, por ahora, solo vive de fogonazos individuales. El misticismo de la Champions exige una regularidad que este Madrid todavía no ha sido capaz de demostrar.







