El tema de la regularización migratoria que promueve el Gobierno central para los próximos meses no deja de generar polémica y comentarios, evidentemente hay para todos los gustos, hay quienes están a favor y por supuesto, también están los detractores. ¿Te has preguntado quiénes están detrás de las cosechas de nuestros campos que llegan a tu mesa o de los camareros que siempre parecen aparecer cuando más los necesitas? La falta de mano de obra ha sido un problema silencioso en España durante años, y ahora el Gobierno ha dado un paso histórico, la regularización extraordinaria de más de medio millón de personas extranjeras.
Los sectores más afectados no son sorpresa, campo, hostelería y construcción. Pero esta medida no solo busca cubrir puestos de trabajo; también intenta reconocer derechos y dar seguridad jurídica a personas que llevan años viviendo y trabajando aquí en condiciones irregulares. Para muchos, es una oportunidad de legalizar su vida laboral y contribuir plenamente al sistema social.
Mientras algunos políticos hablan de “efecto llamada”, los trabajadores y empresarios ven esto como una necesidad urgente. Desde agricultores a dueños de hoteles y restaurantes, todos coinciden en un hecho real, sin esta mano de obra, muchas actividades esenciales estarían en riesgo, y pueblos enteros podrían quedarse vacíos en plena temporada alta, aunque cueste reconocerlo y aceptarlo.
El campo, el primero en abrir los brazos

En el sector agrario, la falta de trabajadores se nota en cada cosecha. Desde ASAJA hasta COAG y UPA, todas las organizaciones destacan la importancia de esta regularización para asegurar que frutas, verduras y ganado reciban el cuidado necesario. La medida reduce el requisito de arraigo de dos años a solo cinco meses, facilitando que más personas puedan acceder a un contrato legal rápidamente.
Andrés Góngora, de COAG, subraya que esta mano de obra extra permitirá que explotaciones que habían quedado a medio camino puedan funcionar de nuevo. En zonas rurales, donde muchos jóvenes han emigrado, los migrantes no solo trabajan la tierra, aportan vida, comunidad y estabilidad económica. Es una solución que viene a tiempo para un sector que arrastra problemas de contratación desde hace años.
Hostelería y servicios, en busca de profesionales

Ahora bien, si bien es cierto que el campo necesita trabajadores, hay que reconocer que no solo el campo necesita refuerzos, hostelería y alojamiento se enfrentan a un desafío creciente para cubrir sus puestos, especialmente en temporada alta. Según Hostelería de España, encontrar trabajadores cualificados se ha convertido en una odisea, y la regularización es vista como una forma de profesionalizar al sector y ofrecer contratos dignos.
En muchos restaurantes y hoteles, los migrantes ya son parte esencial del equipo. La diferencia ahora es que podrán hacerlo con todos sus derechos, contratos legales, cotización a la Seguridad Social y acceso a formación. Para empresarios y clientes, esto significa servicios más estables y un personal más motivado, algo que impacta directamente en la calidad de la experiencia turística.
Construcción, servicios domésticos y más sectores clave

La construcción, el cuidado del hogar, la atención a personas dependientes y otros servicios también se beneficiarán de la regularización. Miles de trabajadores que hasta ahora operaban en la sombra podrán legalizar su situación, asegurando mejores condiciones laborales y mayor seguridad para todos. Esto también ayuda al Estado, más cotizaciones (muy necesarias además), más derechos y un sistema más justo.
Desde sindicatos como CCOO y UGT destacan que esta medida permitirá aflorar empleo sumergido y garantizar contratos dignos. Para los migrantes, supone estabilidad y reconocimiento; para la economía, una inyección de mano de obra vital. En definitiva, se trata de un equilibrio que beneficia a todos, trabajadores, empresarios y comunidades locales, sobre todo en los pueblos y ciudades donde la escasez de empleo legal era un problema real.
La regularización de más de 500.000 personas no es solo un trámite burocrático, es una oportunidad para que España siga creciendo mientras garantiza derechos y seguridad a quienes ya forman parte de su tejido social. Desde los campos de Andalucía hasta los hoteles de Madrid, esta mano de obra regularizada será esencial para mantener vivas muchas actividades. Y mientras se implementa, es momento de reflexionar, reconocer y valorar el trabajo de quienes construyen el día a día de nuestra sociedad es más que una medida económica, es un acto de justicia y humanidad.







